Sospecha sobre el abastecimiento de agua romano a Osca (Huesca)

Hipótesis sobre el trazado del acueducto, los manantiales y la red hidráulica que habrían garantizado el suministro continuo a la ciudad romana

12 de Enero de 2026
Guardar
Alberca de Cortés. Foto Joaquín Santafé
Alberca de Cortés. Foto Joaquín Santafé

Digo sospecha porque hasta ahora no se ha encontrado ningún resto arqueológico que evidencie la hipótesis que trataré de describir, basándome en razones técnicas relacionadas con la topografía, hidrología, población y situación comparativa con otras ciudades similares de la misma época.

El núcleo urbano romano de Osca, de aproximadamente 24 Ha, estaba situado en una colina del Mioceno Continental formado por estratos horizontales alternativos de salagón, de espesor máximo 12 m, y arenisca de grano calizo y silíceo con cemento calcáreo de espesor máximo 1,50 m, y ha continuado ocupando prácticamente la misma superficie, más los barrios musulmán y judío situados en extramuros que casi doblaron la superficie, y así hasta el despegue poblacional y económico de finales del siglo XIX. Sabiendo que la superficie de la ciudad era similar a la de Segovia, que tenía aproximadamente 6.000 habitantes, se parte de que Osca tenía también esta misma población.

En cuanto a la hidrología, el río Isuela rodea la ciudad por el sector nordeste, al que aporta un pequeño caudal el barranco del Diablo en la periferia de la ciudad. El río Flumen circula sensiblemente de norte a sur a 1,5 km del Polígono Industrial Sepes. De estos dos ríos

derivan las acequias que riegan los campos de la Hoya de Huesca, pero no directamente para el consumo humano de la ciudad.

Ahora sabemos que para la población de 54.000 habitantes, debido a la actual tecnología, ha sido viable abastecer la ciudad de los manantiales de San Julián y Las Paulesas, de los embalses de Vadiello en el río Guatizalema y de Valdabra en el canal del Cinca. Pero para el consumo humano, ¿de dónde y cómo se abastecía la Osca romana con aquella población de 6.000 habitantes? Estas incógnitas trataré de deducirlas, solo a nivel de sospecha, según digo arriba.

Los romanos eran muy cuidadosos a la hora de captar agua para el consumo de boca, tenía que ser directamente de manantial o del curso alto de río, limpia, de buena calidad y con suficiente caudal.

Un ejemplo documentado históricamente, famoso por sus arquerías de fábrica, es el abastecimiento a Segovia, terminado de construir durante el emperador romano Trajano a principios del siglo II. Toma las aguas del curso alto del río Frío procedente de la sierra de Guadarrama y recorre más de 15 km hasta la ciudad, con una pendiente media del 1 %. Su caudal permanente era de 20 litros por segundo (20 l/s), es decir 1.728 m³ al día, con una dotación de 288 litros por habitante y día, cantidad similar a las dotaciones de los abastecimientos actuales. Hay que considerar que las ciudades disponían de baños, retretes colectivos, fuentes monumentales y tomas a casas privadas, consumiendo importante cantidad de agua. Ha prestado servicio nada menos que hasta principios del siglo XX y todavía se conserva íntegramente. La sección del canal de coronación del acueducto elevado es de 30 x 30 cm, más que suficiente para ese caudal.

Foto 1. Canal del acueducto de Segovia

El acueducto Albarracín–Cella (Teruel) tomaba las aguas del curso alto del río Turia, recorría 23 km, de los cuales 5 km iban en túnel, y su caudal era para esta pequeña población de nada menos que de 276 l/s, probablemente la gran parte iba al riego o a alguna actividad industrial. El acueducto Ucero–Uxama (Osma, Soria) las tomaba del manantial del río Ucero, recorría 20 km con algún tramo en galería y su caudal era de 289 l/s, pero a la ciudad “solo” llegaban 50 l/s en tubería de plomo de diámetro 30 cm, el resto se derivaría en el trayecto para suministro de otras poblaciones. El acueducto de Bílbilis (Calatayud, Zaragoza) tenía 10 km de longitud, la mayor parte en sifón con tubería de plomo; el acueducto de Tiermes (Soria) llevaba 70 l/s, el de Zaragoza 130 l/s y el de Itálica (Sevilla) 55 l/s.

No obstante, según dice Isaac Moreno Gallo, ingeniero experto en obras de ingeniería romana, “esta dotación de 20 l/s era muy pequeña, prácticamente todas las ciudades romanas tenían más de un acueducto pero en la casi totalidad no se conoce ninguno de ellos…”. Como se ve, no es extraño que consumieran más agua que en la actualidad, aquellos ciudadanos eran muy cuidadosos de su higiene y sibaritas del agua.

Volviendo a Osca, romanizada hacia el año 200 a.C., debe tenerse en cuenta también su gran importancia histórica en esa época. Quinto Sertorio (122-72 a.C.) estableció aquí la capital de la Hispania rebelde contra Roma durante la guerra civil entre Cayo Mario y Sila. Fue asesinado en Osca por el mercenario Perpenna, dando lugar a la célebre frase “Roma no paga a traidores”. Fundó la Escuela de Osca, antecedente de la Universidad Sertoriana, fundada por Pedro IV de Aragón en 1354 y clausurada en 1845. En el año 49 a.C., Julio César recibió ayuda de los oscenses en la batalla de Lérida contra Pompeyo, de ahí el título de Urbs Vitrix Osca. La ciudad disponía de ceca, de teatro desde el siglo I, y de un posible anfiteatro en el cerro de Las Mártires, ¿tiene algo que ver este nombre con los mártires cristianos que habrían sido sacrificados en ese coso? 

Considerando la importancia de la Osca romana, siendo conservadores tenemos que pensar al menos en un abastecimiento continuo de agua de 20 l/s, como el de Segovia, y éste va a ser el que consideraremos, por supuesto reuniendo el agua las características descritas y llegando con suficiente presión a la parte más alta de la ciudad con la tecnología de la época.

No servían los pozos por el escaso caudal que podían aportar los acuíferos formados por los estratos de arenisca de la colina, de tan reducido espesor y con una pluviometría escasa, aparte de la necesidad de elevar el agua para extraerla. Había manantiales abundantes, pero estaban bajo el coluvial de fuera de la colina. Tampoco servían los ríos, el Isuela circundando la colina y el Flumen pasando próximo, ni las acequias, que discurrían cantarinas por el pie de la colina desdeñando la ciudad, salvo que se elevara el agua mediante noria, existente ya entonces. Pero este mecanismo habría de ser movido por bestias porque no podía aplicarse la fuerza hidráulica a esos caudales de escasas pendientes. Además, el caudal que eran capaces de elevar era muy escaso, como mucho de 1 l/s, que no cubría ni con mucho la necesidad de esa sociedad, aunque hubiera varios mecanismos, siempre pocos.

Queda la solución de la conducción rodada, en canal o en tubería. La solución para salvar vaguadas eran las arquerías de obra de fábrica o el sifón invertido con tubería a presión, que cuando ésta era importante tenía que ser de plomo, porque aquella tecnología solo permitía este material. La denominación genérica de todas estas conducciones es acueducto. La solución de arquerías, en la mayor parte de los casos, se construía para ostentación de la ciudad, aparte de su funcionalidad.

Los manantiales más próximos a Huesca que pudieron proporcionar este caudal a cota suficientemente superior a la zona más alta de la colina son el de San Julián, próximo al Flumen y a la población de San Julián de Banzo, a 4 km de la presa de Montearagón, y el de Las Paulesas, próximo al Isuela, cerca de Arascués.

Foto 2. Tubos de plomo. Museo romano de Zaragoza

El acueducto del primero tendría 20 km, debiendo atravesar terreno accidentado en los primeros 15 km y en vaguada los 5 km restantes. El acueducto del segundo tendría de longitud 12 km, discurriendo por terreno casi llano en los primeros 8 km y por vaguada en los 4 km restantes.

La elección es clara, considerando ambas a la vez se sospecha que el abastecimiento procedía del manantial de Las Paulesas, a la cota 630, y llegaba a la ciudad por este último acueducto con un caudal de 20 l/s.

Este manantial actualmente abastece a Huesca con 25 l/s. En los primeros 8 km la conducción sería rodada con pendiente media del 1,4 %, siguiendo aproximadamente el mismo trazado de la acequia actual que alimenta la Alberca de Cortés a la cota 516 de lámina máxima de agua.

Esta conducción podría ser de sección rectangular, revestida y cubierta, o de tubería enterrada de cerámica o incluso de madera, pues el agua circularía rodada. Habría también arquetas, pequeños muros y arquerías de obra de fábrica.

Foto 3. Castellum aquae de Nimes

Tenía que llegar a un castellum aquae (depósito regulador) en algún punto donde hoy día está la Alberca de Cortés, a la cota 516. De aquí partiría la conducción de 4 km por el camino de Cortés, que apunta directamente a la catedral, en sifón invertido con tubo de plomo de diámetro 20 cm, que sería capaz de llevar a la plaza de la Catedral al menos los 20 l/s a la cota 486.

En la proximidad del Isuela el punto más bajo está a la cota 472, donde la tubería alcanzaría la máxima presión, 44 m de columna de agua (4,4 kg/cm²), que soportaría perfectamente manteniendo la estanqueidad; aquí debía de haber una arqueta de registro para limpieza y vaciado en caso necesario. Habría otro castellum aquae del que partiría la red de distribución de la ciudad y otros depósitos en los puntos convenientes. La pendiente de la pérdida de carga no podría ser mayor de (516-486)/4.000 = 0,0075 = 0,75 %. Aplicando la fórmula de Manning para esta pérdida de carga y tubería de plomo de este diámetro, la velocidad sería de 1,00 m/s, por lo que sería capaz de llevar 31 l/s.

Por supuesto, tenía que haber también red de alcantarillado o cloacas para evacuar las aguas residuales. Lo más probable es que la acequia perdida en el casco antiguo de Huesca bajo el Lavadero, descubierta por Javier Rey, Alfredo Serreta y José Antonio Cuchí, según su publicación de 2000, nota sobre una acequia perdida bajo el casco antiguo de la ciudad de Huesca, perteneciera al colector general de la red de alcantarillado (cloaca máxima) que rodearía la ciudad desde la proximidad del Lavadero, a la cota 471, contiguo a la muralla por su interior por las calles Joaquín Costa, Coso Alto y Coso Bajo hasta la calle Lanuza, y desde aquí un colector emisario de 550 m llevaría las aguas al río Isuela por esta calle, después de un recorrido total de 1,3 km.

La cota de la cata del edificio Simeón es de 468 m y la de la desembocadura de 457 m, lo que daría lugar a una pendiente media de 0,85 %, casi igual a la de 0,87 % encontrada entre las dos catas del Lavadero y el edificio Simeón. La pendiente mínima estaría en el Coso Bajo con el 0,25 %. En este colector general desaguaría también la acequia del Forao a través de un ramal que, cruzando el actual colegio de Salesianos, pasa cerca del Lavadero a cota superior de aquel. La finalidad sería la de limpieza de la conducción, solución común en los alcantarillados romanos. Por el lado contrario habría otro colector general hacia el noreste por las calles Joaquín Costa y Ronda de Montearagón hasta desaguar en el mismo punto de la calle Lanuza. 

La publicación de José Antonio Cuchí, Lourdes Montes, Julia Justes e Ignacio Lafragüeta en 2005, titulado Roca y agua. El acondicionamiento del entorno y el desarrollo histórico de la ciudad de Huesca, dice refiriéndose a Julia Justes: “Esta autora refiere un elemento intrigante, también de época romana, el castellum aquae, aparecido en las excavaciones del solar del Temple. Se trata de una estructura de grandes dimensiones, con un diseño propio para un funcionamiento en continuo. Se considera alimentada por lluvia y, sobre todo, por agua de origen subterráneo, a partir de una fuente alimentada por el acuífero del casco antiguo. Sin embargo un balance de agua que este acuífero puede ofrecer, sugiere que el caudal medio de la fuente alimentadora debía de ser muy modesto, dado que la única fuente de recarga se encuentra entre el alto del cerro y el punto de captación. (…) esto supondría un volumen diario de 8,5 m3 (…) que no justifica una obra como la citada. También parecen excesivos para los aportes de este acuífero los sistemas romanos de tuberías de agua, registrados en diversas excavaciones, que vuelven a indicar la disposición de un caudal abundante y continuo. En el momento actual no parece posible dar una explicación razonable a la alimentación de esta obra cuya funcionalidad solo se justificaría mediante un aporte de agua superficial continuo. Se puede plantear como hipótesis la existencia de un acueducto, parte acequia excavada en el terreno, parte en obra elevada, hoy totalmente desaparecido. (…)” Este trabajo refuerza lo expuesto anteriormente. 

¿A qué se debe la ausencia de restos arqueológicos del sistema de abastecimiento a la ciudad si se exceptúan los pocos aparecidos en el casco antiguo? Igual que ha ocurrido en la mayor parte de los viaductos del imperio romano. Las causas principales han sido el abandono por falta de conservación y las guerras, los que aprovecharon los materiales hicieron la labor complementaria, la piedra tallada era muy apreciada para la construcción de las casas y el plomo era también muy valioso para múltiples usos, más en la edad media. 

Ya durante la caída del Imperio romano con la invasión visigoda del siglo V los que llegaron destruirían parte del acueducto para forzar la rendición de la ciudad, además eran mucho menos aficionados al agua y poco interesados en su mantenimiento. El deterioro continuaría por la misma causa con la invasión musulmana en el siglo VIII y posteriormente con la conquista de Huesca al final del siglo XI. Otra causa que completaría su desaparición sería la construcción del sistema de riegos del Isuela en el siglo XV con la construcción de la actual acequia de Huesca, la Alberca de Cortés y la acequia Mayor que discurre contigua al camino de Cortés. 

Sería muy interesante continuar las excavaciones dentro del casco y fuera de él, en el camino de Cortés y otros puntos, por donde se sospeche que está el sistema de abastecimiento a la Osca romana, y su alcantarillado. 

Se acompaña un plano con la traza de la conducción rodada, otro con la traza de la tubería en sifón, y un tercero del casco histórico con detalles del abastecimiento.