El Chipre-España de Bolo ha podido ser en Málaga

Los pasos de la Sociedad Deportiva Huesca demandan otras soluciones... rápidas y eficaces, porque el riesgo forma parte de este negociado

15 de Marzo de 2026
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Funes y Bolo se saludan
Funes y Bolo se saludan

Fue calificada como "La mayor humillación del fútbol español", tildada de "Ridículo" y, para demostrar que la virulencia periodística no es cosa de hogaño, algunos titulares llegaron más lejos: "Nos dais vergüenza". En realidad, Javier Clemente no debió acudir a Chipre en aquel partido clasificatorio de la Eurocopa (3-2 palmamos), básicamente porque su etapa se había acabado. Había tenido sus luces (en un momento determinado fue segundo en el ranquin mundial tras Brasil y nos acostumbró a calificarnos para todos los grandes campeonatos), pero era obvio que su flor había marchitado. Debió dimitir, o ser cesado, después de aquel descalabro ante Nigeria que cercenó toda oportunidad en el Mundial y que era el pozo más profundo de los últimos desastres. Y esto lo dice un clementista confeso en una riada imparable de aficionados futbolísticos entre los que me quedé solo en un islote.

No tengo claro, porque no es una decisión que me competa ni en la que vaya a influir (lo del cuarto poder ya no se lo cree nadie de las últimas generaciones), si Jon Pérez Bolo va a sentarse en el Huesca-Almería, pero sí puedo expresar que esta tarde el Málaga-Huesca me ha sonado a fin de ciclo (como el de Chipre para Clemente). Perforar fuera de casa tres veces la portería local y salir goleado expresa el descontrol y la anarquía que tiene esta plantilla que no me parece tan desastrosa después de los refuerzos de invierno. Es probable, como dice Bolo, que el equipo está con él, pero de ser así no quedan más que dos interpretaciones: o no tiene nivel o disimula muy bien la comprensión lectora de los métodos del maestro, e incluso yendo más allá se podría dudar incluso de la voluntad real de algunos de corto.

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Ya no estamos en tiempos de lamentar la pésima planificación deportiva de principio de temporada cuyo máximo responsable es evidente que tiene los días contados y que ahora mismo vive "la dolce far niente" (la dulzura de no hacer nada) viviendo de las rentas de una renovación que no debió hacerse producido hace un año justo, y que pesa en el debe del Consejo. Cuatro años que, salvo el milagro Hidalgo, apenas han dado alegrías ni futbolistas sobresalientes, aunque en el fútbol todo es discutible.

Pero eso ya está y ahora, además de ir pensando en un director deportivo versátil para dos escenarios, hay que tomar medidas con la sensación de urgencia. ¿Recuerdan la expresión predilecta precisamente de Hidalgo? Hay que jugar todos los partidos con sufrimiento e impresión de urgencia. Quedan doce, que van a ser como los famosos Doce del Patíbulo, a cara de perro, a morir y a matar, y el Consejo habrá de pensar si el bonachón de Pérez Bolo es de esa clase de soldados con cuchillo entre los dientes para abrir en canal al enemigo. Me hubiera gustado, por su bonhomía, que fuera así, pero, en estos tiempos cuaresmales, prefiero centrar mi fe en los pasos de la Semana Santa. Los de la Sociedad Deportiva Huesca demandan otras soluciones... rápidas y eficaces, porque el riesgo forma parte de este negociado. Pero se me antoja que, en tal tiempo, el mayor peligro es el inmovilismo, la resignación. Y que, en esta visión, existe una unión importante de la afición.

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