Resultó una conferencia entretenedísima. Llegó Lolo Sainz a ofrecer una conferencia para directivos de Caja Rural y me concedieron el honor de presentarla. De aquellas aparentes anécdotas, se derivaban si alguien tiene capacidad de observación y abstracción trascendentales lecciones para la vida. Entre las muchas que atesora mi memoria, la de Fernando Romay. Contaba el laureado entrenador, dentro de su trilogía de disciplina, estrategia y trabajo en equipo, el caso de Fernando Romay, que se cargaba en escasos minutos con cuatro faltas personales y, cuando se sentaba en el banquillo, su mujer le mostraba el pulgar hacia arriba en sesgo de confirmación. Lolo se desesperaba: "¡De puta madre! ¿Y ahora quién le convence a éste de que hay que saber medir las fuerzas?".
A la Sociedad Deportiva Huesca le empieza a suceder algo similar. Probablemente todos tengamos algo de responsabilidad, incluidos los que disfrutamos de una tribuna. O los que puntuamos generosamente el desempeño uno a uno. Olvidamos una premisa, y también una parte del respetable -permítanme decir que no sé cuantificarlo porcentualmente-. Y por supuesto el Consejo de Administración, y el director deportivo cuyo grado de lucimiento en esta Liga le haría acreedor de otra oficina lejos de la que ahora ocupa. Por mucho, muchísimo menos, a un antecesor se le cantaba "Rubén vete ya" tarde sí y tarde también al impulso de consejeros que daban el pistoletazo de salida vía wasap. Y a aquel le impusieron al genocida del gol y al vickingo desde bahías capitalinas.
Esta es la premisa. Señoras y señores. Estos futbolistas, que tienen su parte alícuota de responsabilidad -en el fútbol es difícil definir grados-, cobran una ficha mínima por convenio de cerca cien mil leuros de vellón. Y en consonancia con esos emolumentos han de entregarse y rendir, porque en sus pies, cabezas y manos tienen la ilusión de una afición, de una ciudad y de una provincia. Aplíquese idéntica consideración a Jon Pérez Bolo, heredero de la insuficiencia, pero que apenas está empeorando la situación. Resultados y tabla cantan.
En Camino de Cocorón, se ha instalado Murphy, que como bien saben quienes han leído sus leyes se manifiesta de distintas maneras. Errando cada vez que el efecto depende de la suerte, fallando cuando se precisa acierto y siendo pasivo cuando se requiere acción. Es cuestión de aptitud, pero fundamentalmente de actitud.
Han transcurrido 22 jornadas y restan veinte. Hay tiempo, pero Murphy no tiene piedad. Nos ha metido en casa un cisma del carajo por el caso Pulido y la peor de las alimañas en una relación humana, y más si aquí se congregan siete mil semejantes: la desconfianza. Es complejo combatirla, porque exige voluntad, pico y pala, acierto en las decisiones, determinación para mirar al futuro y valentía para apostar, pero sobre todo siete mil dosis de ilusión para levantar el ánimo. Es impensable animar sin ánimo. Imposible robustecer el cuerpo social sin la vitamina de la ilusión.
De momento, como en cualquier película de catástrofes, toda previsión queda rebasada por la realidad. Cuando el director deportivo dijo 3-4, pecó de ingenuidad (en la mejor de las interpretaciones). Lo escribí recientemente. El FSSR es Fichajes Solventes Salidas Rápidas. Ni en la más entusiasta de las visiones se atisba, a fecha de este domingo doloroso de morcilla burgalesa, ese camino que es el que puede permitir luchar por seguir en el fútbol profesional, curiosamente cuando hay dinero para fichar.
Hay otra opción: pedirnos cara a cara que nos resignemos, que no alentemos expectativa alguna, que el pozo nos espera. Éramos, como el Año Jubilar, peregrinos de esperanza, pero se está debilitando. Y, para no incurrir en una infantilización insoportable (como las que nos procuran no pocas estructuras políticas), hay que alejarse de la doctrina Romay: si cometemos faltas, que no haya nadie que las justifique porque es alentarlas. La mejora sólo tiene un camino: racionalizar y contratar. Fichar como si no hubiera un mañana. Alegrarnos la cara con nuevas perspectivas de prometedores futbolistas. Se impone rigor y exigencia. Que no aparezca la mujer de Romay por El Alcoraz ni en broma. Ustedes ya me entienden: tienes cuatro faltas personales y, en un abrir y cerrar de ojos, estás fuera.