Echan horas y horas, día tras día, pero lo hacen con ganas e ilusión. Son voluntarias de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de Huesca, con convencimiento y con el propósito de ayudar, de contribuir con su grano de arena a que esta enfermedad se investigue y se extinga.
Estos días hay varios puestos repartidos por la capital altoaragonesa, donde se venden diferentes objetos para recaudar fondos. Altruistamente y con amabilidad, se los ofrecen a los viandantes.
María Pilar Anzano y Josefina Gil son dos de esas voluntarias. Cada mañana, montan una mesa en los Porches de Galicia y desabrochan su mejor sonrisa. Les sale espontáneamente, porque creen en lo que hacen.
María Pilar Anzano es voluntaria de la Asociación contra el Cáncer de Huesca desde hace cinco años, desde que falleció su marido. “Me ayudaron mucho y a él, también. Me hice voluntaria desde el primer día que fui a la Asociación y me sacaron del hoyo. Ahora, ayudo en todo lo que puedo y saco horas, porque me gusta, lo disfruto y ayudo”, explica.
Josefina Gil también es voluntaria, en su caso desde hace siete años. El fallecimiento de dos hermanos y su marido, a consecuencia de esta enfermedad, le llevó a incorporarse a la Asociación contra el Cáncer.
Persuade a una pareja para que adquiera alguna de las gafas, bolsas o cantimploras que hay derramadas sobre la mesa y explica que las pulseras y las pañoletas es lo que más se vende. Pañoletas, un centenar de media al día.
María Pilar asegura que no se pueden quejar, que la gente “es agradecida y, si no te compra una cosa, te echa en la hucha”.
Están sufriendo los rigores de las altas temperaturas de este verano, pero se quitan el calor con la solidaridad de los oscenses. Todavía quedan días para poder colaborar. Hay puestos en los Mercadona, Supermercados Altoaragón, en el Coso Bajo junto a la Tabla Nueva y al lado de Correos.
María Pilar y Josefina animan a la gente: “Que compren, que ayudarán a una buena labor”, recalcan.