"La violencia no puede ser jamás la respuesta a las diferencias". Con esa reflexión ha concluido Borja Giménez Larraz, hijo de Manuel Giménez Abad, el discurso que ha pronunciado este viernes durante el homenaje del Ayuntamiento de Huesca a las víctimas del terrorismo, una intervención en la que ha reivindicado la memoria como un deber democrático, ha advertido del peligro del olvido y ha reclamado un relato fiel de lo ocurrido para las generaciones futuras.
En la parte final de su intervención, Giménez Larraz ha pedido respeto para quienes continúan conviviendo con las consecuencias del terrorismo y ha rechazado que recordar a las víctimas signifique permanecer anclados en el pasado. "A quienes nos quieren imponer el olvido les pedimos que nos dejen recordar en paz. A quienes nos acusan con malicia de vivir en el pasado y de no permitir que la sociedad avance, les decimos que sin memoria no podríamos habitar el presente y que viviríamos atados al momento en el que nuestras vidas cambiaron para siempre. Por eso, déjennos recordar, es nuestra forma de salir de la noche. Y cuando salgamos, cuando salgamos del todo, que podamos decir que no salimos solos; que hubo instituciones que nos acompañaron, amigos que nos sostuvieron y una sociedad que entendió que la memoria de las víctimas es también su memoria".
También ha recordado que todavía quedan más de 300 asesinatos sin resolver, ha reclamado "un relato justo que no dé lugar a las equidistancias" y ha defendido que la sociedad debe seguir aislando políticamente a quienes no condenan la violencia y combatir las ideologías que alimentaron el terrorismo.
El Ayuntamiento de Huesca ha celebrado este viernes, en la plaza San Antonio, el acto institucional de homenaje a las víctimas del terrorismo, una ceremonia que ha reunido a víctimas, familiares, representantes institucionales, miembros de la Guardia Civil, Policía Nacional, Ejército y Policía Local, además de numerosos ciudadanos. El homenaje, institucionalizado en 2014, ha estado conducido por el periodista Javier García Antón, director de El Diario de Huesca, quien ha abierto el acto con una intervención en defensa de la memoria de las víctimas y del pensamiento crítico como herramienta frente al olvido.

Durante su discurso, Borja Giménez Larraz ha comenzado recordando el asesinato de su padre, Manuel Giménez Abad, a manos de ETA el 6 de mayo de 2001, cuando ambos se dirigían al estadio de La Romareda para presenciar un partido de fútbol. Ha descrito aquel domingo como un día que cambió para siempre la vida de su familia. "Mi padre acabó desangrentado y tendido en una fría acera de Zaragoza. Perdió su vida, sus sueños, su futuro. Perdió la posibilidad de abrazar a mi madre en los momentos difíciles, de ver crecer a sus nietas o de contemplar un mar de nubes desde la peña Guara", ha recordado.
Ha explicado que hace apenas unas semanas se ha cumplido el vigésimo quinto aniversario del atentado y que los homenajes celebrados entonces volvieron a remover unos sentimientos que nunca desaparecen. Ha reconocido que hablar públicamente de aquellos hechos supone "desnudar el alma", porque la pérdida de un padre debería pertenecer al ámbito más íntimo, aunque en su caso el asesinato tuvo una dimensión pública al tratarse de un crimen cometido por motivos políticos.
A partir de esa experiencia personal, ha defendido que recordar a su padre y al conjunto de las víctimas del terrorismo constituye "un acto de justicia" y "un deber moral". Ha definido a Manuel Giménez Abad como un gran jurista, un servidor público y una persona comprometida con los valores democráticos, al tiempo que ha subrayado que fue asesinado precisamente por representar "la libertad, la democracia, el pluralismo político y la tolerancia". En ese sentido, ha insistido en que el terrorismo no atacó únicamente a las familias de las víctimas, sino a toda la sociedad y al modelo de convivencia democrático.

El hijo del político aragonés también ha sostenido que el testimonio de las víctimas cumple una función esencial para la sociedad porque contribuye a deslegitimar "social, moral y políticamente la violencia" y actúa como "una vacuna contra la repetición de nuestro peor pasado". Por ello, ha agradecido que Huesca mantenga este homenaje anual y ha considerado que la ciudad demuestra así "un compromiso inquebrantable con la memoria y con nuestra historia". Ha destacado además que la provincia conoce de primera mano el sufrimiento provocado por ETA, al recordar los asesinatos de los guardias civiles Irene Fernández y José Ángel de Jesús Encinas en Sallent de Gállego, el del general Atarés o el de su propio padre, además del papel desempeñado por la Guardia Civil y la Policía Nacional en la lucha contra la organización terrorista.
En el tramo final de su intervención ha mirado hacia el futuro y ha explicado que será él quien transmita a sus hijas quién fue su abuelo y los valores que siempre defendió. Les contará, ha dicho, que "a su abuelo lo mató la intolerancia y el fanatismo", convencido de que solo preservando la libertad, la igualdad, la tolerancia y el respeto al diferente podrá derrotarse definitivamente el odio. "Que las lecciones que nos deja la violencia terrorista no solo nos sirvan a las víctimas, sino también a los que nos sucedan, a mis hijas, a su generación entera", ha concluido.

Tras el discurso de Borja Giménez Larraz, el homenaje ha continuado con la interpretación del Adagio de Albinoni a cargo del Trío Clásico, antes de dar paso a uno de los momentos más solemnes de la ceremonia. La soprano Marina Lansac, acompañada por la formación musical, ha interpretado el Ánima Christi, de Marco Frisina, mientras cuatro representantes de la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Ejército y la Policía Local han depositado una corona de flores a los pies del Monumento a las Víctimas del Terrorismo.
Posteriormente, representantes de Cadis Huesca han iniciado una ofrenda de pétalos, un gesto simbólico al que, por invitación del mantenedor del acto, se han ido sumando los asistentes hasta culminar con el lanzamiento de los últimos pétalos por parte de la alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, quien también ha entregado un obsequio a las víctimas y familiares presentes.
PRESERVAR LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS
La ceremonia ha estado conducida por el periodista Javier García Antón, director de El Diario de Huesca, quien ha abierto el acto con una intervención centrada en la necesidad de preservar la memoria de las víctimas del terrorismo como una responsabilidad colectiva. Tomando como hilo conductor la mayéutica, el método socrático basado en la duda y el pensamiento crítico, ha advertido de que una sociedad que renuncia a reflexionar facilita que el olvido se abra paso. "Corren malos tiempos para la mayéutica", ha afirmado, antes de sostener que enterrar ese ejercicio de reflexión permite que "se cuelen por las rendijas hacia la libertad" quienes sembraron el terror y asesinaron a cerca de novecientas personas mediante "el disparo en la nuca o la bomba lapa".
A continuación, García Antón ha apelado a la memoria de toda una generación que vivió de cerca la violencia terrorista. Ha recordado el asesinato del general Atarés Peña, el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, el secuestro de José Antonio Ortega Lara, el asesinato de Miguel Ángel Blanco o la muerte de compañeros y amigos, además de evocar que compartió una comida con Manuel Giménez Abad pocos días antes de que fuera asesinado por ETA. Frente a esos recuerdos, ha rechazado la idea de que la sociedad pueda considerar cerrada esa etapa y ha advertido de que "solo una comodidad estúpida puede concluir que todo ha quedado saldado", al recordar que todavía existen asesinatos sin resolver y terroristas que no han cumplido penas acordes con la gravedad de sus crímenes. En ese contexto, ha recuperado las palabras de Enrique Múgica: "Ni olvido ni perdono".

El director de El Diario de Huesca también ha explicado que este homenaje, institucionalizado en 2014, nació con la voluntad de suscitar preguntas incómodas que impidan que la memoria se desvanezca. Se ha cuestionado qué significado conservan hoy las manos blancas que simbolizaron el rechazo al terrorismo, si las víctimas sienten realmente restituida su dignidad y aplicada la justicia o si una sociedad democrática puede aceptar con normalidad los homenajes a quienes cometieron asesinatos. Como reflexión final, ha lanzado una pregunta dirigida a las instituciones y al conjunto de la ciudadanía: "¿Consideramos como país, como nación, como Estado, como gobiernos, como ciudadanos, que estamos siquiera mínimamente compensando el sacrificio de los muertos y el sufrimiento de las víctimas que son sus familiares?". A su juicio, actos como el que Huesca celebra cada 27 de junio —"como el que Sallent llora cada veinte de agosto"— constituyen una forma de combatir el olvido y evitar, ha advertido, que las víctimas queden relegadas por "inmundos réditos políticos".
El mantenedor ha agradecido expresamente la presencia de las víctimas y familiares que han participado en el homenaje: Pascual Grasa, guardia civil herido en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza en 1987, acompañado por Isabel Velilla; Teresa Gay Escribano, que perdió a su marido y a su hija en ese mismo atentado y resultó herida; Maribel Franco, viuda del general José María Martín Posadillo Muñiz, asesinado en el atentado de Atocha en 1989, junto a su hijo Carlos Martín Franco; y al propio Borja Giménez Larraz.
En la clausura del acto, la alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, ha agradecido la presencia de las víctimas y de sus familiares, con una mención especial a Borja Giménez Larraz por compartir un testimonio que ha calificado como un ejemplo de dignidad. También ha tenido palabras de reconocimiento para Pascual Grasa, Teresa Gay Escribano, Maribel Franco y Carlos Martín Franco, así como para todos los asistentes que han querido participar en un homenaje que la ciudad celebra desde 2014. La regidora ha subrayado que este acto nació con la convicción de que "la memoria es una obligación moral, un compromiso democrático que no admite el paso del tiempo ni el olvido".
UN ATAQUE A LA LIBERTAD
Durante su intervención, Orduna ha recordado que este año se cumplen veinticinco años del asesinato de Manuel Giménez Abad y ha afirmado que aquel atentado no solo acabó con la vida de "una gran persona, un gran político y un gran padre", sino que también supuso un ataque directo contra "la libertad, la convivencia y los principios sobre los que se sustenta nuestra democracia". Ha extendido ese recuerdo a todas las víctimas del terrorismo, a las personas que resultaron heridas y a quienes vieron sus vidas alteradas para siempre, al señalar que detrás de cada atentado "hay una historia, un proyecto de vida truncado y una ausencia que todavía hoy permanece".
La alcaldesa ha defendido que una sociedad democrática no puede permitirse olvidar lo ocurrido porque, a su juicio, "el olvido debilita la memoria colectiva y desdibuja la verdad". En este sentido, ha insistido en que la historia del terrorismo debe transmitirse a las nuevas generaciones para que conozcan que la libertad de la que hoy disfruta España tuvo "el no deseado precio de la sangre derramada por la violencia terrorista". Asimismo, ha afirmado que la memoria de las víctimas constituye "un patrimonio ético de nuestra sociedad" y recuerda que ninguna causa política o ideológica puede justificar jamás "el asesinato, la amenaza o la coacción".

En nombre del Ayuntamiento de Huesca, Orduna ha reafirmado el compromiso de la ciudad con la defensa de la memoria, no solo como un ejercicio de recuerdo del pasado, sino como una responsabilidad presente para proteger los valores democráticos frente al fanatismo, la intolerancia y cualquier forma de violencia. Ha asegurado que Huesca seguirá manteniendo vivo el recuerdo de las víctimas "como un ejercicio de justicia hacia ellas y hacia sus familias, pero también como una responsabilidad hacia las generaciones futuras", convencida de que la mejor forma de honrarlas consiste en preservar "una sociedad libre, abierta y democrática, en la que las diferencias se resuelven mediante la palabra y el respeto, pero nunca mediante el miedo".
La regidora ha concluido trasladando el agradecimiento de toda la ciudad a las víctimas y a sus familias por su ejemplo de fortaleza. "Huesca no olvida. No olvidamos a quienes perdieron la vida, no olvidamos a quienes sufrieron la violencia y no olvidamos la lección que nos dejaron", ha afirmado, antes de renovar el compromiso de la capital altoaragonesa con la verdad, la memoria y la defensa permanente de la libertad.