Un buen samaritano oscense dona los 4.000 euros que aseguran el transporte de 24.000 kilos de comida a Ucrania

El cabo primero Javier Martín recibe el dinero del donante anónimo en un encuentro discreto rodeado de una atmósfera de generosidad

07 de Noviembre de 2022
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Javier Martín, con la poetisa Cristina Jiménez, en Andorra.
Javier Martín, con la poetisa Cristina Jiménez, en Andorra.

La cronología es rigurosa. "El cabo de la Guardia Civil, el cura y Protección Civil de Torla llevan 24.000 kilos de alimentos a Ucrania". Era el título de la primicia de EL DIARIO DE HUESCA publicada el 30 de octubre, en la que se aseguraba que la expedición parte el día 19 y se adentrará en zonas calientes del conflicto para llevar la ayuda humanitaria. El guardia civil Javier Martín, artífice de esta segunda expedición (la primera ya llevó en marzo material al país invadido y se trajo de vuelta 19 ucranianas), afirmaba que todavía faltaban 4.000 euros para garantizar el combustible para el camión que transportaría los productos y para otros gastos ineludibles. Y pedía un pequeño esfuerzo a las administraciones a las que, por otro lado, está agradecido.

31 de octubre. Este cronista recibe una llamada. Al otro lado del teléfono, una voz quebrada. El interlocutor es un sabio curtido en mil valores... o más. Me asegura que ha leído y releído el artículo y está absolutamente emocionado, sobrecogido. Pero no puede quedarse ahí. Ha encontrado una oportunidad en su larga trayectoria de hacer el bien. Una más. "No hace falta que busquen más. Esos 4.000 euros los aporto yo". Sólo exige anonimato, todavía con la voz entrecortada, dando gracias a Dios por disponer de esta posibilidad de llevar la subsistencia allí donde es más necesario. Convenimos la forma de la entrega para que la discreción sea total. Colgamos. Mi lacrimal se manifiesta. ¡Es tan bonito! Sin duda, una de las vivencias más hermosas de mi existencia profesional. Encontrar, en 2022, un buen samaritano que pone cara a la parábola de la misericordia por excelencia, es un descubrimiento impactante. La piedra filosofal del espíritu humano. Miserere-cordia, enviar el corazón a los desamparados.

Telefoneo al cabo primero Javier Martín, que acoge la noticia con entusiasmo. Misión cumplida. El periodismo de servicio. El mismo ingrediente que está en la naturaleza de la Guardia Civil desde la Cartilla del Duque de Ahumada. Durante unos minutos, los dos "javieres" nos reconfortamos con el ser humano, con la grandeza de sus mejores expresiones. Ahora sí, está asegurada la expedición Pirineos-Ucrania, esos 24.000 kilos en 16 europalets y 8 palets americanos. 10.788 tarros de garbanzos que pesan 9.730 kilos, 6.732 tetrabricks de garbanzos y alubias que suman 2.940 kilos, 1.560 kilos de tomate en lata, 600 kilos de aceitunas en 1.020 unidades, 4.000 kilos de judía verde en tarro (4.488 unidades), 4.074 tarros de lentejas que suman 4.200 kilos. Y, a estas donaciones de las conserveras Cidacos y Elorrio de Autol (destino anterior del cabo), se suman las de personas bondadosas del Sobrarbe, el Alto Gállego y otras comarcas.

Por sus obras los conoceréis. Javier Martín, a la sazón fotógrafo y videógrafo, retorna de la inauguración de su exposicion "Éxodo desde Ucrania. Miradas de las mujeres" en el CEA Ítaca José Luis Iranzo de Andorra. La lección en imágenes con las "rescatadas" de la guerra en la primera expedición, con la poetisa Cristina Jiménez poniendo verso a la epopeya ucraniana. Son las 17:00 del domingo 6 de noviembre de 2022. Nos dirigimos al piso del donante. Nos recibe en el vestíbulo, agradecido y emocionado. Nos abrazamos. Curioso. Da las gracias sin parar. Y gracias, y gracias, y gracias. Y me acuerdo de Alexander Jodorowsky, "todo lo que das, te lo das; lo que no das, te lo quitas".

Nos sentamos en el sofá. El piso está repleto de libros por todos los lados. Todo rezuma el ambiente que le ha caracterizado profesionalmente. No puedo ahondar en detalles, lo exige el compromiso. Rodrigo, el hijo de Javier Martín, es testigo de un acto que, en su humildad, es sublime. El cabo primero le muestra fotografías. Y vídeos. El donante no precisa de demostraciones. Cree en su palabra. Cree en la Guardia Civil. Y, si me permiten la inmodestia, cree en mí porque así lo atestigua. Igual que yo creo en él y en su palabra. Gira la conversación en torno a la misión, a la crudeza de los escenarios en los que van a ser alimentos de mujeres, niños, ancianos y hombres, zonas rojas en las que los corredores humanitarios son vilmente despreciados por las tropas de Putin. Entrega el anfitrión los 4.000 euros. Pide al agente que los cuente. Replica éste que no es preciso. Insiste el samaritano de Huesca, no quiere que falte un céntimo y la imperfección del error es atributo de las personas. Incluso de las que desbordan magnanimidad.

Doble despedida. El donante está feliz. No hay cumplidos. Desde dentro le sale el agradecimiento, porque el cabo primero, el cura Jesús Escalona y miembros de Protección Civil del Sobrarbe van a penetrar en la boca del lobo con desprecio de la seguridad propia en beneficio de la supervivencia de miles de ucranianos que ya padecen el frío extremo del invierno. Bajamos a la calle. Allí, nos decimos hasta pronto con la familia Martín. Quiere este guardia de Torla, curtido en lucha contra el terrorismo de ETA, mecido siempre en su carácter inquieto en lugares donde las aventuras se convierten en odiseas, una bendición religiosa en Huesca. Aquí, donde ha vivido una experiencia de altruismo extremo, de desprendimiento máximo. Donde su hijo Rodrigo ha conocido, de primera mano, una lección que no olvidará jamás.

El 19 de noviembre, la expedición recalará en nuestra ciudad. Aquí, donde una persona nos ha ratificado, a través de su caridad, en la esperanza de renovar permanentemente la fe en la especie humana, esa que acude a donde se requiere sus manos sin haber sido interpelado directamente. El trío teologal en una sencilla, y sin embargo inusual, acción. "Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta" (San Agustín). El imperio de la voluntad para conquistar el bien.

 

P.D.: Me ha costado Dios y ayuda no escribir el nombre del donante. Es como a los bailarines cuando les ponen música, que se les van los pies. A mí el agradecimiento me mueve a hacer justicia desvelando la identidad de una persona tan desprendida. Pero un contrato es un contrato. Discúlpen la discreción, queridos lectores. Pero el relato es así, tal y como lo he contado.

 

 

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