Los conductores se han encontrado esta mañana, pasadas las ocho, con un enorme rebaño de ovejas en su desplazamiento trashumante hacia el Pirineo. Era la recta de la carretera entre Sabiñánigo y Biescas, pasado Senegüé, y el espectáculo ha sido fascinante salvo para quienes tenían su punto de prisa, que todo es legítimo.
Escoltado por Protección Civil, hasta la Guardia Civil se ha visto retenida, el gran rebaño caminaba a su ritmo, con su pastor y el fiel perro, con la vista larga puesta en las cumbres donde les esperan pastos frescos y aguas en los que comer y beber.
Para algunos conductores, como el empresario biesquense Iván Bordonada que transitaba en moto, la excepcionalidad de este casual encuentro bien merecía la adopción de la postura más positiva: la de la contemplación de la naturaleza tomando posesión del asfalto con toda la naturalidad en su tránsito hacia el destino.
En su larga ruta desde las tierras llanas, las ovejas se alinean disciplinadamente para ocupar el mínimo espacio posible, para optimizarlo al máximo porque se trata de ir bien arropadas, por más que el calor apriete, más que nada por motivos de seguridad. Incluso en los libros evangélicos se intentaba que no se descarriaran.
Los animales reposarán durante el estío en el valle de Tena, pero hasta entonces han de completar algunas jornadas en las que provocarán cortes de circulación allí donde sea estrictamente imprescindible. Aunque algún urbanita no lo crea, a ellas tampoco les gusta el tórrido conglomerado de las carreteras, y de hecho sienten alivio cuando se reencuentran con los terrenos más blandos.

Protagonizan las cabezas ovinas, el pastor y el perro ese Bien Patrimonio Cutural Inmaterial declarado por la UNESCO (ya van tres años desde su confirmación) que es la trashumancia, que mantiene la tradición del mantenimiento de las vías pecuarias antes de llegar hasta el destino donde se erigen en un gran fenómeno contra los incendios a través del mantenimiento del manto vegetal y el consumo de las hierbas más secas. Todo tiene su equilibrio y condición, y, al fin y al cabo, las pequeñas incomodidades para los conductores se compensan con una visión de otros tiempos que reconforta..