El Círculo del Silencio que Bienvenidos Refugiados celebra cada jueves en la plaza de Navarra de Huesca ha reunido este jueves a más participantes de lo habitual en una convocatoria especial vinculada a la situación migratoria en Ceuta y a la concentración celebrada el día anterior en la ciudad oscense en apoyo a la población ceutí.
Bajo el lema "Frente al odio, derechos humanos", el acto, que ha contado con la presencia de varios ediles socialistas, ha servido para reivindicar una acogida digna y recordar que la defensa de la seguridad y de los servicios públicos debe alcanzar a todas las personas, con independencia de su origen.
La movilización ha reclamado una respuesta basada en la igualdad de derechos, con independencia del lugar de procedencia. Elena Torralba ha sido la encargada de leer un texto que ha comenzado equiparando las condiciones que deben garantizarse a quienes residen a ambos lados del Estrecho: "Las personas que viven en Ceuta tienen derecho a vivir en paz, con seguridad jurídica y con servicios públicos suficientes y aceptables, a ser posible cada vez mejores. Como las personas que viven en Huesca".
El planteamiento ha llevado después al papel que corresponde a las instituciones públicas y a la responsabilidad que sustenta el vínculo entre ciudadanía y Estado. La intervención ha ampliado esa consideración más allá de los límites territoriales: "La gente son todas las personas, las de aquí y... las de allá". Y ha fijado una máxima: "Este es nuestro contrato social, que nadie quede atrás".
Sobre esa base, el texto se ha detenido en quienes han alcanzado Ceuta huyendo de la guerra, la persecución, la explotación o la miseria. Hayan sido instrumentadas o engañadas, ha señalado, su propósito es encontrar una existencia mejor para ellas y sus familias. De ahí la exigencia de una respuesta digna ante situaciones marcadas por la vulnerabilidad.
Uno de los principales reproches se ha dirigido al denominado "efecto llamada", expresión que, a juicio de los convocantes, se ha utilizado como justificación para endurecer la respuesta ante quienes necesitan auxilio. "Se usa para insinuar que alimentar, curar o abrigar a una persona equivale a invitar a una invasión".

El escenario ceutí ha servido asimismo para proyectar la mirada sobre el conjunto de la política migratoria europea. "Ceuta no es únicamente una ciudad de frontera. Es el espejo donde España y Europa se contemplan sin maquillaje". El escrito ha advertido de una deriva capaz de transformar la necesidad en delito y el límite territorial en una licencia para la brutalidad.
Frente a esa posibilidad, el llamamiento ha sido explícito: Ceuta, Huesca y España no deben convertirse en la "abanderada cruel de la Europa Fortaleza". El texto reconoce la potestad estatal para ordenar los accesos al territorio, pero establece que ese cometido no puede implicar el abandono de los principios fundamentales.
Las peticiones concretas han incluido proteger a los menores, trasladar a la península a quienes corresponda conforme a la normativa y aplicar los procedimientos con garantías. Junto a estas medidas, se ha reclamado una implicación colectiva que permita avanzar hacia una convivencia en paz y diversidad, con el horizonte de una comunidad "más justa y solidaria".
La convocatoria ha concluido con una declaración que condensa el sentido de la protesta: "No en nuestro nombre. ¡Ninguna persona es ilegal! ¡Acogida digna ya!".

Después se ha celebrado el Círculo de Silencio, durante el cual las personas asistentes se han vuelto de espaldas y han permanecido cinco minutos sin hablar. La tarde ha concluido con la lectura de un poema de Carlos Bosque, y la interpretación de varias canciones.
Hay algo profundamente podrido en una sociedad cuando un camión de la Cruz Roja necesita escolta para llevar comida.
Cuando unos "vecinos" se sientan delante de una ambulancia para impedir que pase.
Cuando quienes llevan una cruz roja en el pecho reciben insultos, amenazas y gritos de «mafia» y «efecto llamada».
Y entonces uno mira la escena y piensa:
¿En qué momento nos jodimos tanto?
Porque la Cruz Roja no llega con tanque
Llega en ambulancia
Llega con comida .
No lleva fusiles.
Lleva mantas .
No lleva consignas
Lleva vendas
Y quienes trabajan allí, muchxs de ellos vecinos de Ceuta, no están haciendo turismo humanitario. Están intentando que alguien coma un poco, que alguien sea atendido, que alguien sobreviva una noche más.
Pero el odio tiene una curiosa enfermedad: consigue que una bolsa de comida parezca una amenaza. 🍞
Así que bloquean los camiones.
Insultan a los voluntarios.
Gritan que ayudar provoca un «efecto llamada».
Y finalmente consiguen que la Cruz Roja tenga que suspender repartos porque sus trabajadores tienen miedo.
Qué victoria.
Un ser humano no recibe comida y nosotros podemos dormir un poco más tranquilos. 🥂
Eso sí que es una gran hazaña.
Bukowski habría pedido otra botella y probablemente habría escrito algo bastante más sucio sobre nosotros.
Porque el fascismo no siempre llega con botas y una bandera.
A veces llega vestido de vecino enfadado.
A veces se sienta delante de un camión.
A veces señala a un voluntario y le llama «mafia».
Y otras veces simplemente mira cómo alguien pasa hambre y decide que no es asunto suyo.
Pero todavía queda gente que se baja de la cama, se pone un chaleco, carga una caja de comida y sale a la calle.
Gente que sigue ayudando cuando ayudar empieza a dar miedo.
A esa gente hay que protegerla.
No porque sean héroes.
Sino porque en una sociedad decente dar de comer a quien tiene hambre no debería requerir valentía.
Y si algún día tenemos que elegir entre una bolsa de comida y una turba gritando, sé perfectamente de qué lado quiero estar. Del lado de la bolsa.