Veinticinco años después de iniciar su trayectoria profesional, Beatriz Sampériz Cambra y Javier Laguarta Valero han recibido este viernes el reconocimiento de sus compañeros durante la festividad del Colegio de Procuradores de Huesca, celebrada en el Palacio de Justicia. La imposición de las insignias conmemorativas ha protagonizado una ceremonia que ha reunido a representantes de las principales instituciones de la provincia y que ha servido también para trasladar la preocupación del sector por la escasez de recursos humanos en la Administración y falta de juzgados.
La máxima responsable de la Audiencia Provincial, Marina Rodríguez, ha encabezado el acto junto a la decana del colegio profesional, María Dolores del Val Esteban. Han ocupado asimismo la mesa presidencial la secretaria de la corporación, Natalia Fañanás; el presidente del Consejo de Colegios de Procuradores de Aragón y decano del colegio zaragozano, Pablo Marín Negra; y el fiscal jefe de Huesca, Juan Baratech. Entre las autoridades asistentes se encontraban, asimismo, la alcaldesa de capital oscense, Lorena Orduna; el subdelegado del Gobierno, Carlos Campo; el teniente coronel José Enrique Cordobés, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil; el comisario-jefe de Policía Nacional, Luis Fernando Ascaso, el coronel Rafael Matilla, subdelegado de Defensa en Huesca; y el jefe de la Policía Local, Nicolás Hernández, entre otros.

UNA FUNCIÓN FUNDAMENTAL
El momento central de la jornada ha llegado con el homenaje a dos profesionales que han desarrollado buena parte de su carrera en los tribunales altoaragoneses. Para Beatriz Sampériz Cambra, la insignia recibida supone el reconocimiento a veinticinco años de ejercicio profesional en una actividad que, según ha señalado, continúa siendo poco conocida fuera del ámbito judicial. La procuradora ha destacado que la ciudadanía suele identificar con mayor facilidad otras profesiones jurídicas, mientras que el trabajo de los procuradores permanece habitualmente en un segundo plano pese a formar parte del funcionamiento diario de los procedimientos.
Sampériz ha definido la procuraduría como una labor desarrollada en gran medida "de puertas adentro", vinculada al cumplimiento de plazos, la gestión de notificaciones y el seguimiento constante de los asuntos. A su juicio, se trata de una función "fundamental" dentro del proceso judicial, aunque pocas veces visible para quienes no están familiarizados con el funcionamiento de los tribunales.
El reconocimiento ha tenido también una dimensión especialmente personal para Beatriz Sampériz. La procuradora ha recordado que se colegió siendo muy joven y ha confesado que durante la ceremonia se ha acordado mucho de su madre, ya fallecida. "Hoy me he acordado mucho", ha señalado al evocar aquellos primeros años en la profesión. El homenaje ha estado acompañado por la presencia de su marido, sus hijos y sus hermanas, con quienes ha compartido una jornada que ha vivido con especial emoción.

Al repasar la evolución de estas dos décadas y media de trabajo, ha destacado la profunda transformación experimentada por los despachos y los juzgados, con el paso de una actividad basada en la documentación en papel a otra cada vez más digitalizada. No obstante, ha señalado que los principales desafíos siguen estando relacionados con el funcionamiento de la Administración de Justicia.
En este sentido, ha reclamado más medios para los órganos judiciales, convencida de que una mayor dotación de recursos permitiría agilizar los procedimientos. La procuradora, que ejerce en Monzón, ha explicado que en los partidos judiciales de menor tamaño existe una elevada rotación de jueces y funcionarios, lo que obliga a adaptarse constantemente a nuevos profesionales. Según ha indicado, cuando se empieza a conocer la forma de trabajar y los criterios de quienes integran los juzgados, con frecuencia se producen nuevos cambios de destino, una circunstancia que considera una dificultad añadida para el funcionamiento diario de estos órganos judiciales.

EL TRATO PERSONAL
Para Javier Laguarta Valero, la insignia recibida supone el reconocimiento a la dedicación a una profesión que conoce desde niño. "He cumplido cincuenta años y veinticinco de ellos los he pasado ejerciendo", ha comentado al valorar una carrera profesional que, según ha admitido, se le ha pasado "muy rápido".
Al echar la vista atrás, Laguarta ha recordado unos inicios muy diferentes a los actuales. Hijo de procurador, comenzó a trabajar cuando las máquinas de escribir todavía estaban presentes en los despachos y el fax empezaba a abrirse paso en la actividad diaria. Desde entonces, ha vivido numerosas reformas legislativas y cambios organizativos que han transformado profundamente el trabajo en los órganos judiciales.
Pese a esa evolución, ha defendido que el elemento más importante de la profesión continúa siendo el trato personal. A su juicio, la relación diaria con funcionarios, jueces y letrados de la Administración de Justicia sigue siendo fundamental para el buen funcionamiento de los procedimientos. "Intentar que no sea todo tan tecnológico", ha recalcado, al explicar una forma de trabajar que considera esencial para sacar adelante los asuntos.
Entre los recuerdos más gratificantes de estos años, ha expresado la satisfacción de comprobar que su labor contribuye a que los procedimientos avancen. Según ha explicado, el procurador no es únicamente una pieza más dentro del engranaje judicial, sino que puede aportar un valor añadido a través del conocimiento de los órganos judiciales y de las relaciones construidas a lo largo del tiempo con quienes forman parte de ellos.
Laguarta también ha aprovechado la celebración para referirse a algunas necesidades de la Justicia en la provincia. En su opinión, los actuales tribunales de instancia de Huesca requerirían un refuerzo para atender adecuadamente la carga de trabajo existente y ha considerado que sería conveniente contar con dos o tres órganos más para mejorar el funcionamiento del servicio.

PRIMERA FIESTA COMO DECANA
La festividad ha tenido además un significado especial para María Dolores del Val Esteban, que ha presidido por primera vez este acto desde su elección como decana el pasado mes de noviembre. Del Val ha expresado su satisfacción por entregar las insignias a dos compañeros a los que aprecia especialmente y ha aprovechado la celebración para poner el foco en algunas de las dificultades que atraviesan actualmente los órganos judiciales.
La responsable colegial ha advertido de la falta de personal en los juzgados y, especialmente, de las dificultades para cubrir vacantes con profesionales que cuenten con formación jurídica suficiente. Según ha explicado, muchas plantillas siguen incompletas y las bolsas de personal interino apenas disponen de candidatos, una situación que obliga a destinar tiempo a la formación de las nuevas incorporaciones y que repercute directamente en el funcionamiento diario de los servicios.
Del Val ha reconocido que los cambios organizativos actualmente en marcha pueden resultar beneficiosos a largo plazo, aunque ha señalado que la transición está siendo compleja precisamente por la escasez de recursos humanos disponibles y por la necesidad de adaptar al nuevo personal a una materia tan especializada como la judicial.
La decana también ha querido acercar a la ciudadanía una profesión que continúa siendo poco conocida. Ha explicado que los procuradores asumen la representación procesal de las partes y canalizan la comunicación entre abogados y juzgados, además de intervenir en la tramitación y seguimiento de numerosos procedimientos. Una labor discreta, pero permanente, que les sitúa en contacto constante con clientes, profesionales del Derecho y órganos judiciales.