El sociólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Rafael Díaz Salazar, ha defendido en Huesca una ampliación de la democracia más allá de las elecciones y un mayor protagonismo de la sociedad civil ante lo que considera un creciente "malestar democrático" que se extiende por España y el resto de Europa.
Díaz Salazar sostiene que la ciudadanía no reclama el final del sistema, sino "una participación mayor y una democracia de mayor intensidad. "La gente no quiere que se acabe la democracia, sino que tengamos más democracia de la que tenemos", afirma.
El profesor, que impartió este sábado la conferencia ¿Qué democracia necesitamos? en el Salón Azul del Casino Oscense, estuvo acompañado por Gregorio Cartie, secretario del Consejo Diocesano de Acción Católica, entidad organizadora del acto.
Díaz Salazar es docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, donde imparte clases en los grados de Sociología y Relaciones Internacionales y en el máster de Sociología Aplicada a los Problemas Sociales. También forma parte del profesorado del Instituto Complutense de Estudios Internacionales y del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación, donde desarrolla su actividad en el ámbito de las desigualdades internacionales y la sociedad civil.
Cartie destacó, asimismo, la contribución de Díaz Salazar a la renovación de la sociología de la religión en las ciencias sociales españolas y latinoamericanas. El propio profesor añadió a esa presentación su vinculación con el Movimiento Rural Cristiano, del que se declara militante y al que atribuye un papel clave en el renacimiento del sindicalismo agrario democrático durante la dictadura franquista. Díaz Salazar explicó su trayectoria como una combinación de actividad académica y compromiso: "Tengo la mitad del cuerpo en la universidad y la segunda parte del cuerpo fuera de la universidad al servicio siempre de movimientos sociales, sindicatos, partidos, comunidades, etcétera, etcétera".
A juicio de Díaz Salazar, la democracia realmente existente, que atraviesa por una crisis, "tiene dificultades para generar los cambios sociales y económicos necesarios ante situaciones de injusticia y precarización, especialmente entre los jóvenes, aunque también entre los agricultores y otros sectores". En ese contexto sitúa el aumento de la protesta social en distintos países europeos, entre ellos Francia, Italia, Alemania y Serbia, además de España.
El otro gran componente del malestar es, según Díaz Salazar, el rechazo hacia los partidos políticos y los políticos en general, a los que considera "estructuras endogámicas y cerradas sobre sí mismas, inmersas en enfrentamientos constantes y alejadas de la sociedad civil".
El sociólgo relaciona esta crisis con la pérdida de sentido de la política como servicio al bien común. En este punto recupera el concepto de "amor político" del Papa Francisco, que vincula con el compromiso político y con la atención a los problemas sociales y económicos de los sectores más empobrecidos. Para Díaz Salazar, "hacer política no equivale únicamente a ocupar responsabilidades institucionales, sino que también implica actuar desde la sociedad civil".
El profesor recurrió, además, a una de las consignas del 15M, "Le llaman democracia y no lo es", aunque ha advertido de que no debe interpretarse literalmente como una negación de la existencia de sistemas democráticos en Europa. A su juicio, el lema expresa el rechazo a una configuración institucional que considera insuficiente para responder a las demandas sociales.
En la misma línea, recordó una afirmación del Papa Francisco en un encuentro internacional de movimientos populares: "Las democracias están secuestradas." Díaz Salazar sostiene que esa situación solo puede revertirse mediante "democracias participativas" en las que los movimientos sociales organizados tengan mayor protagonismo y exista una interacción más intensa entre la sociedad civil y el Estado.
Su planteamiento incorpora también la referencia a Antonio Gramsci y a la crítica de la "estatolatría". Frente a la concentración de la acción política en las instituciones, defiende una sociedad civil politizada y con capacidad de intervención.

El diagnóstico se completa con el avance de las extremas derechas y del trumpismo, que Díaz Salazar vincula con una tendencia neoautoritaria y con una reducción de la democracia. Esa corriente, dijo, está extendiéndose por distintos países.
El profesor insistió en la idea de que no se debe limitar la democracia a su dimensión electoral. Díaz Salazar cuestiona un modelo en el que la ciudadanía deposita periódicamente su voto en listas cerradas y delega después su capacidad de intervención en las instituciones. Ese contexto, apuntó, "favorece la partitocracia".
Frente a esta concepción, reivindica el sentido etimológico de demokratos, formado por demos, pueblo, y kratos, poder. Para el sociólogo, recuperar esa raíz implica entender la democracia como "poder del pueblo", y no únicamente como delegación de la soberanía en unas élites políticas.
RIQUEZA, PODER Y PRESTIGIO
Díaz Salazar sitúa la disputa social y las relaciones de dominación en torno a la riqueza, el poder y el prestigio. Su tesis es que una democracia reducida al voto periódico resulta insuficiente cuando esos tres elementos se concentran en pocas manos, porque la elección de representantes no garantiza por sí sola una distribución efectiva de la capacidad de decisión.
En este planteamiento, reclama un reparto más amplio de la capacidad de decisión y lo resume con una de las ideas centrales de su intervención: "La democracia es el máximo reparto del poder y para eso hay que quitarlo a los que tienen poder o reducírselo y darle poder a los que no lo tienen".
La distribución de la riqueza ocupa también un lugar central en su análisis. Díaz Salazar considera "obscena" la concentración existente en España y en el conjunto del mundo democrático y defiende una mayor redistribución de los recursos.
El tercer ámbito es el prestigio o estatus, que el sociólogo vincula especialmente al acceso al saber y a la cultura. Su propuesta pasa por "empoderar a la mayoría de la población a través de una cultura crítica".
De ahí deriva su propuesta de una democracia integral que amplíe el ámbito político y electoral mediante cuatro dimensiones. La primera es la democracia económica, que considera todavía escasamente desarrollada; la democracia laboral, la cultural y la internacional.
Esta última adquiere especial relevancia en el contexto geopolítico actual por el avance de una extrema derecha que Díaz Salazar considera especialmente peligrosa por su componente antidemocrático.
LOS DÉFICITS DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA
En su análisis histórico, Díaz Salazar considera que Europa tuvo etapas de mayor calidad democrática. Sitúa una de ellas después de la Segunda Guerra Mundial y hasta los años setenta, durante el periodo de predominio de la socialdemocracia.
Respecto a España, Díaz Salazar sitúa parte de los déficits institucionales en el origen de la Transición. A su juicio, en aquel proceso no solo intervinieron las fuerzas políticas procedentes del franquismo, sino también poderes financieros, económicos y mediáticos. Esa correlación de fuerzas, según su análisis, ayuda a explicar las limitaciones posteriores de la democracia económica y laboral.
El sociólogo reconoce los avances sociales y económicos alcanzados desde entonces, pero considera que el país no ha llegado a articular una democracia integral. En su opinión, esa carencia forma parte de las causas del malestar actual.
La vivienda representa, a su juicio, una de las expresiones más visibles de esas insuficiencias. Díaz Salazar sostiene que el problema se ha prolongado durante gobiernos de distinto signo y recuerda que todos los partidos que han asumido responsabilidades de gobierno han dispuesto de tiempo para afrontarlo. En ese contexto, señala que los desahucios han afectado de forma especialmente dura a los sectores más empobrecidos y considera que esta situación ha dejado al descubierto "grandes vacíos" en la democracia.
Frente a estas limitaciones, Díaz Salazar destaca el papel que han adquirido los movimientos sociales y cita entre ellos al Sindicato de Inquilinas e Inquilinos. "Hoy día están más politizados los movimientos sociales que los propios partidos en el sentido noble de la política como ámbito de cambio social", ha afirmado.
LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL
Díaz Salazar también ha dirigido su análisis hacia la izquierda institucional. Califica al PSOE de "insuficientemente socialista" y "partido del sistema". Según su análisis, la formación ha buscado históricamente una alianza con las clases medias urbanas progresistas y ha mantenido una relación con los poderes económicos y financieros que condiciona su actuación.
El profesor considera que la aparición de nuevas formaciones a la izquierda del PSOE ha favorecido un cierto giro de este partido hacia posiciones más socialistas, aunque también cuestiona la evolución de esas alternativas. Según explica, llegaron con la intención de impulsar otra manera de hacer política, pero terminaron reproduciendo viejas prácticas, con una dinámica que considera "muy elitista" y una presencia insuficiente en los territorios obreros, los barrios trabajadores y el medio rural.
Díaz Salazar ha criticado además la excesiva atención concedida a los derechos culturales en detrimento de los derechos sociales materiales y de las condiciones de vida. También ha cuestionado las fórmulas de participación telemática basadas en preguntas simplificadas, que define como una "democracia virtual ridícula".
Su valoración de estas fuerzas no es, sin embargo, exclusivamente negativa. Reconoce avances en materia de derechos laborales desde el Ministerio de Trabajo, y pone como ejemplo el incremento del salario mínimo, aunque considera que esas medidas han sido insuficientes ante la correlación de fuerzas existente.
El análisis conduce también a las elecciones del 29 de noviembre, que Díaz Salazar considera algo más que una disputa por la alternancia política o por la orientación fiscal. En la entrevista previa señaló que algunos periodistas las han definido como "elecciones de época", una expresión que encuadra en una disyuntiva más amplia: "avanzar hacia una democracia integral, con dimensiones social, laboral, económica y cultural, o evolucionar hacia un modelo marcado por el autoritarismo y el neoliberalismo".
Ante ese escenario, el sociólogo reclama que las fuerzas políticas sean capaces de rectificar errores, estrechar su relación con los movimientos sociales y avanzar en políticas sociales. En el extremo contrario sitúa una forma de hacer política basada en el "ordeno y mando" y en la liberalización de los servicios.