Las fiestas y las guerras de Karim

El niño que nació en Belén -como Jesús de Nazaret- y que juega al fútbol como Dios -Yahvé o Alá- en Huesca

Jesús Inglada
Profesor de historia
19 de Agosto de 2026
Guardar
Karim, en el Parque del Isuela, vestido de San Lorenzo y con un balón
Karim, en el Parque del Isuela, vestido de San Lorenzo y con un balón

La música y el fútbol como vehículos integradores

“Entender al otro es el fundamento mismo de la Humanidad. Necesitamos ver al otro como nuestro hermano y aceptarlo totalmente a pesar de las aparentes diferencias. Esta es la verdadera base intelectual para mejorar las relaciones entre los seres humanos. También es sobre esta base como podemos asumir nuestra responsabilidad de proteger los derechos humanos de todos. (…) Lo que han visto aquí esta noche no lo volverán a ver (…) No soy un ingenuo, sé que la música no va a resolver los problemas que aquejan al mundo, pero sí sé que es muy útil para que se produzca la primera condición para el diálogo: el poderse comunicar de igual a igual (…). La música es un diálogo simultáneo, una excelente escuela para el arte de la convivencia, porque la condición esencial para el diálogo es la igualdad, y ésta en nuestra agrupación es una realidad: a veces destaca un solista y a veces otro, pero todos en la orquesta son igualmente importantes y necesarios".

Estas palabras, tan necesarias en el momento actual, cuando el diálogo ha sido abatido por las bombas en tantos lugares del planeta, las dijo hace casi diez años –el 10 de diciembre de 2016, en el discurso final con el que concluyó su concierto con la Orquesta West-Eastern Divan en la Sala de los Derechos Humanos de la ONU en Ginebra– el gran pianista y director de orquesta judío-argentino Daniel Barenboim, que tiene también las nacionalidades española, israelí y palestina. El plurinacional maestro Barenboim –¡imagino que al gran director será difícil aplicarle lo de la “prioridad nacional”!– tuvo el gran mérito de fundar en 1999, con su amigo, también plurinacional, el fallecido crítico literario, filósofo y catedrático de Literatura en la estadounidense Universidad de Columbia, Edward Said  –nacido en Jerusalén cuando la ciudad santa era dominio británico, hijo de cristianos libaneses residentes en El Cairo y gran defensor de la causa palestina–, la Eastern Divan Orchestra (Orquesta del Diván de Oriente y Occidente, nombre inspirado en un libro de poemas de Goethe). Esta Orquesta es un ambicioso proyecto que ha pretendido reunir a jóvenes talentos musicales palestinos, árabes e israelíes. Su sede se estableció en 2002 en Sevilla, y desde ese año participan también en la misma jóvenes músicos españoles. Por esta integradora iniciativa Barenboim y Said recibieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2002.

Daniel Barenboim y Edward Said, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002

Si la música amansa las fieras, si se ha convertido en vehículo integrador de pueblos y culturas tradicionalmente enfrentadas, otro tanto cabría decir del deporte rey. El fútbol moviliza los sentimientos de lealtad y pertenencia, razón por la cual fútbol y nacionalismo están simbólicamente tan próximos. El fútbol tiene también, paradójicamente, algo de “guerra simulada”. De hecho, como señalaron hace ya veinte años los antropólogos brasileños Rubén G. Oliven y Arlei S. Damo, en el vocabulario del fútbol hay incorporadas un montón de palabras de indudable sabor bélico: atacante, defensor, punta de flecha, tiro, cañón, petardo, tanque, artillería, capitán

En el fondo, de la misma forma que las justas medievales eran una vía para canalizar y controlar la violencia, el fútbol sería también una forma de exorcizar la guerra. Y hoy, que la guerra está presente en multitud de escenarios –Gaza, Líbano, Ucrania, Irán. Sudán, Myanmar, Yemen–, cualquier iniciativa que ayude a forjar vínculos y restañar heridas tiene que ser bien recibida.

Ante la reciente invasión de Ceuta por unos 72.000 inmigrantes provenientes de Marruecos, operación en la que todo parece indicar que fue cuidadosamente orquestada por las autoridades marroquíes en un intento claro de instrumentalización de la inmigración para cuestionar las fronteras de un Estado miembro de la Unión Europea como es España –tal vez en represalia por la reciente visita del presidente de gobierno español a Argelia y el reforzamiento de relaciones con el gobierno de este país magrebí, socio energético y actor imprescindible para la estabilidad de la zona–, son bastantes las voces que cuestionan a Marruecos como país coorganizador.

espués de la reciente crisis migratoria en Ceuta, Sumar ha presentado una proposición no de ley en el Congreso para que España reconsidere la coorganización del Mundial 2030 junto a Marruecos. Esta iniciativa insta al Gobierno a revisar el modelo con la FIFA, la RFEF y Portugal, exigiendo el cumplimiento de derechos humanos y la evaluación de riesgos en los países anfitriones. Esta propuesta, respaldada también por el partido ecologista luso Livre, busca evitar que el evento sirva para "blanquear" a países que instrumentalizan la migración o vulneran derechos.

De todas formas, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) no puede renunciar unilateralmente a la organización del Mundial 2030 (junto a Portugal y Marruecos) porque está atada a un compromiso contractual vinculante con la FIFA, respaldado por acuerdos gubernamentales internacionales y compromisos financieros y de infraestructuras ya ratificados. Echarse atrás implicaría sanciones económicas colosales, demandas por daños y perjuicios y un veto o inhabilitación internacional para el fútbol español. ¡Para enredar más la cosa, estando realizando la última corrección de este artículo acabamos de enterarnos de que el diario británico The Times ha informado de que el Presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ofrece celebrar la final del Mundial 2030 a Marruecos a cambio de su apoyo en la FIFA en las próximas elecciones! ¡Solo nos queda confiar en el poder taumatúrgico del fútbol!

¿Será posible que Infantino haya ofrecido a Marruecos la final del Mundial 2030?

Es evidente que el fútbol está íntimamente ligado a la historia y a la sociedad. Vladimir Dimitrijevic –editor y fundador de una de las editoriales europeas de mayor prestigio L'Age d´Homme, y que vio truncada su prometedora carrera futbolística por una lesión– ha confesado que el poeta y traductor ginebrino Georges Haldas fue durante muchos años el apasionante interlocutor “con el que la política, la literatura y la religión se unían en el Evangelio apócrifo según la Pierna”. La importancia que Dimitrijevic da al fútbol se demuestra en que su libro, del que hemos extraído esta cita, se titula La vida es un balón redondo. En cuanto a las analogías del fútbol con el hecho religioso, no hay que olvidar que el escritor y periodista catalán Vázquez Montalbán tituló su famoso libro póstumo Fútbol: una religión en busca de un Dios. Para los citados antropólogos brasileños el fútbol sería “la religión laica de la clase trabajadora”.

El sociólogo alemán de origen judío Norbert Elias demostró que el fútbol siempre ha estado vinculado, desde tiempos remotos, con la colectividad. El fútbol sacraliza lo colectivo frente al espectro individualista de la moderna cultura occidental, en la que la hiperconectividad  digital sustituye el contacto emocional real por una “sociabilidad virtual”, generando soledad, ensimismamiento y frustración. El fútbol seria pues un buen antídoto ante esta plaga que nos asola.

Karim, el fútbol y el Parque del Isuela

El fútbol hace aflorar sentimientos de solidaridad e identidad entre personas con costumbres y tradiciones muy diversas. Y eso es lo que este observador ve todos los días en el improvisado terreno de juego que una legión multiétnica y multirracial de niños procedentes de la migración ha levantado en el Parque del Isuela de nuestra ciudad. El fútbol es su otro hogar, donde encuentran el calor de la amistad y la solidaridad, el territorio donde se sienten seguros y ajenos a las miradas xenófobas e inquisitoriales, y donde sueñan con alcanzar un día el estrellato del firmamento balompédico que les traiga la felicidad y también la redención de siglos de precariedad para sus familias.

La selección multiétnica de los Niños del Parque del Isuela

Uno de estos niños soñadores es mi amigo Karim Mashal. Nació en Belén, como el Niño Jesús, el 10 de abril de 2013. Tiene, por tanto, solo 13 años y juega con el balón como los dioses. Es hijo de Ibrahim y Khloud Mashal. Tiene un hermano mayor –hermano solo de padre–, Firas, de 23 años, que vive en Valencia, y una hermana Cileina, de 20 años, que se ha quedado con el padre en Belén. Karim y su madre llegaron a Huesca en octubre de 2024. Con un castellano perfecto, Karim nos cuenta su llegada: “Salimos de Belén y entramos en Jordania. Allí obtuvimos un visado normal con un plazo de tres meses para venir a España. Llegamos a Madrid en vuelo ordinario y permanecimos en la capital durante una semana. Desde allí nos dirigimos a Alcalá de Gurrea, donde estuvimos un tiempo”.

Karim nos contó estas cosas en un descanso –pausa de hidratación, o mejor dicho, pausa de información– del partidillo que estaba jugando con sus amiguitos en la cancha que todos los días improvisan, a la vieja usanza –con las correspondientes prendas de vestir como postes de la portería–, en el césped del Parque del Isuela, la tarde del pasado 18 de junio. Nos conmovió el esfuerzo de sacrificio y superación de un niño apasionadamente enamorado del fútbol: “En Alcalá de Gurrea mejoré muchísimo como futbolista. Como había un campo de fútbol muy bueno, como de profesionales, con césped y todo, y porterías reglamentarias, me levantaba todos los días a las 7 de la mañana y me ponía a correr, a entrenar, con ejercicios físicos y técnicos”. La pregunta era obligada: ¿Te acompañarían, claro está, otros niños, verdad? “No, no, entrenaba y jugaba yo solo, no me importaba…” –nos contestó Karim, mostrando bien a las claras que está hecho de otra pasta, de la pasta de los luchadores infatigables, de los que están dispuestos a dejarse la piel para hacer realidad sus sueños.

Seguimos indagando en los motivos de su salida de Palestina, de Belén. Karim lo tiene muy claro: “El primer motivo de mi salida de mi ciudad, de mi tierra, fue el de poder jugar al fútbol y estudiar. ¡Claro, y el de la seguridad! Toda mi familia pensaba lo mismo. El fútbol en mi familia es algo muy importante. El amor al fútbol me lo inoculó mi padre cuando yo era casi un bebé. Mi padre fue futbolista profesional, portero, y llegó a ser nombrado durante tres años como mejor guardameta de Palestina. Desde que yo era muy pequeñito, él me entrenaba, me daba consejos, veía conmigo muchos vídeos de partidos… Él es la persona que más ha influido para que a mí me guste tanto el fútbol”.

Y es que el fútbol desata pasiones en Palestina. El balompié apareció en Palestina a principios del siglo XX, traído por inmigrantes y misioneros extranjeros. Ya en 1904 se organizaban partidos amistosos entre equipos locales. El primer club oficial, el YMCA Jerusalem FC, fue fundado en 1912. En 1928 se creó la primera federación palestina de fútbol, la Asociación Palestina de Fútbol (PFA). En 1934, la selección palestina disputó su primer partido oficial contra Egipto. En 1948, la creación del Estado de Israel cambió el panorama geopolítico y el desarrollo del fútbol. Muchos clubes e infraestructuras quedaron destruidos y se restringió el movimiento de los jugadores. La PFA se disolvió y el fútbol experimentó un período de estancamiento.

El equipo de fútbol de Palestina: una selección nacional sin un Estado reconocido

Pero a pesar de estos obstáculos, la llama del fútbol palestino nunca se ha apagado. Los clubes y ligas locales siguieron existiendo, lo que alimentó las esperanzas de su resurgimiento. La creación de la nueva Federación Palestina de Fútbol en 1962 marcó el comienzo de un nuevo capítulo. La admisión de Palestina en la FIFA en 1998 significó un gran aldabonazo. Esta victoria simbólica supuso el tan ansiado reconocimiento internacional y allanó el camino para un mayor desarrollo del balompié.  ¡El 15 de noviembre de 2018, en el estadio Faisal Al-Husseini de Ramalla, estalló la pasión: la selección palestina logró la hazaña de clasificarse para la Copa Asiática de Naciones 2019! El 10 de junio de 2025 Palestina disputó ante Omán el último partido de la tercera ronda de clasificación para el Mundial 2026. Un penalti pitado a favor de Omán, cuando apenas quedaban unos segundos para que terminara el partido, hizo  desvanecerse los sueños palestinos de clasificarse para un Mundial.  La ocupación israelí sigue pesando mucho en el desarrollo del fútbol palestino. Las restricciones a la circulación y la destrucción de infraestructuras constituyen desafíos cotidianos. Seguramente por eso, el fútbol sigue siendo un símbolo de resistencia y esperanza.

El feroz atentado terrorista de Hamás y el genocidio de Gaza

Pero volvamos a Karim y su explicación del segundo motivo, en realidad el más importante y dramático, de su salida de Belén hacia España: “En Palestina también podía practicar el fútbol muy bien. Me seguían ojeadores y todo eso, y de hecho me ficharon los mejores equipos infantiles de Palestina; incluso se interesaron equipos de Turquía, como el Beşiktaş…”. De repente, su mirada se entristece: “Pero vino la guerra y se acabó todo. ¡Bueno, la guerra está aquí, que yo sepa, desde 1948, pero claro, tras el feroz ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, y lo que vino después en represalia, todo se desbarató y ya solo hubo muertes, decenas de miles de muertos y destrucción en toda Palestina”.  

El 7 de octubre de 2023 Hamás asesinó a más de 1.200 personas y secuestró a 254 rehenes

Recordemos que en aquellos ataques del 7 de octubre de 2023 Hamás asesinó a más de 1.200 hombres, mujeres y niños inocentes, incluyendo a 46 estadounidenses, en el atentado terrorista más despiadado de la historia de Israel. Además de estos asesinatos, Hamás tomó a 254 rehenes, entre ellos 12 estadounidenses. Karim tenía diez años y medio cuando ocurrió el salvaje atentado pero lo recuerda también con estremecimiento, al igual que la genocida represión israelí que le siguió: “¡El fútbol también murió, pero lo más importante es que murieron miles y miles de personas civiles, indefensas, entre ellas niños como yo, y no solo en Gaza, también en la zona de Belén y el resto de Cisjordania…”.

No se equivoca Karim.  Según cifras oficiales del Ministerio de Salud de Gaza y de las autoridades israelíes, hasta mayo de 2026 habrían muerto en esa sangrienta franja de Gaza al menos 20.179 niños y más de 10.000 mujeres, de un total de 73.000 personas muertas, en su gran mayoría civiles. A los que se suman más de 173.252 heridos, entre los que se incluirían al menos 45.000 niños y 19.000 mujeres. Un buen porcentaje de estos heridos sufrirán secuelas de por vida. Con más de mil casos, este conflicto ha causado el mayor número de amputaciones pediátricas de la historia según Save the Children. Se estima también en más de 14.400 los desaparecidos –entre ellos 4.400 mujeres y niños–, lo que elevaría la cifra de fallecidos aún más. Según el semanario Tiempo Argentino, la cifra de muertos en Gaza hasta el 20 de julio ascendería a 73.238 personas. Que en el momento actual, primera semana de agosto, serán bastantes más, pues las muertes no han cesado desde la tregua acordada en octubre de 2025, habiendo muerto desde entonces unos 1.200 palestinos. De hecho, según informó el diario ABC, el pasado domingo 2 de agosto el ejército israelí mató en la Franja de Gaza al menos a 18 palestinos e hirió a decenas ¡Y cuántos más seguirán muriendo de enfermedades por falta de atención médica y unas condiciones mínimamente dignas de vivienda, agua, seguridad…! ¡Sin olvidar que más de dos millones de palestinos siguen desplazados y la ayuda humanitaria suele ser bloqueada caprichosamente por los israelíes! ¡Paradójica y siniestramente, el número de los palestinos asesinados en Gaza se aproxima, por ejemplo, a los 78.000 exterminados –mayoritariamente judíos– en el campo de concentración y de exterminio nazi de Majdanek, muy próximo a la ciudad polaca de Lublin!

El genocidio de Gaza. De las más de 73.000 personas muertas hasta mayo de 2026, al menos 20.179 eran niños y más de 10.000 mujeres.  

Con respecto a lo que decía Karim, es verdad que en Cisjordania, donde no opera Hamás, el número de víctimas palestinas no es tan elevado como en Gaza, pero aun así, los ataques del Ejército israelí y la violencia de los colonos israelíes radicales han provocado la muerte de al menos 1.000 personas –incluidos 213 niños– y heridas a otras 16.104 personas, incluidos 2.503 niños. Karim fue testigo y víctima de esta genocida violencia israelí en Belén, la ciudad que tanto significado religioso tiene para judíos, cristianos y musulmanes,  una ciudad ubicada en el centro de Cisjordania, a unos 9 kilómetros al sur de Jerusalén y enclavada en los montes de Judea. El testimonio de Karim sobrecoge: “Entraron los israelíes, disparando y destrozándolo todo, y nos rompieron el campo de fútbol… Y eso que lo que hicieron y hacen en Belén es menos grave que lo que hicieron y hacen en el resto de Palestina…”. También en esto tiene razón Karim.

Muerte y destrucción en Belén

La ciudad de Belén en los montes de Judea (Cisjordania)

Belén, la ciudad cuna del cristianismo, la que vio nacer al Mesías según la tradición cristiana, también ha sido golpeada y martirizada. Ubicada en los montes de Judea, en Cisjordania (Palestina), a menos de 10 kilómetros de Jerusalén, y desde 2002 dividida en dos por un muro construido por Israel que separa la parte palestina de la israelí,  Belén ha sufrido innumerables avatares a lo largo de su historia. Tras la primera guerra árabe-israelí de 1948, Belén fue ocupada por Transjordania para, junto al resto de Cisjordania, conformar en 1950 el Reino hashemita de Jordania. Muchos de los palestinos que fueron expulsados de sus hogares o tuvieron que huir ante el avance de las tropas judías en esa guerra de 1948, en un proceso conocido como la Nakba, acabaron asentándose en dos campamentos de refugiados al norte de la ciudad y otro más en el sur.

La llegada de tan importante contingente de refugiados musulmanes transformó radicalmente la demografía de la ciudad, que pasó de ser una ciudad predominantemente cristiana a tener una mayoría de población musulmana. En 1967, durante la guerra de los Seis Días, Belén fue ocupada por el ejército israelí al igual que el resto de Cisjordania. Numerosas resoluciones de las Naciones Unidas han recordado a Israel la «inadmisibilidad de la adquisición de territorios por la fuerza» y la han instado a abandonar los territorios ocupados en 1967, pese a lo cual Palestina sigue actualmente ocupada.

De cualquier forma, en Belén siempre se ha vertido mucha sangre palestina. Aunque no existe un recuento oficial de víctimas en Belén durante las  dos principales intifadas o protestas palestinas contra la ocupación israelí –la de 1987-1993 y la de 2000-2005–, es evidente que las hubo. Y sin duda las ha habido en ese ininterrumpido carrusel de guerras: 2008-2009, 2012, 2014, 2021 y 2022. Y las sigue habiendo desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 que desató esa devastadora y genocida represión. Belén, situada en la Cisjordania nominalmente bajo control palestino pero que permanece bajo ocupación israelí, era una ciudad donde convivían en armonía cristianos y musulmanes. Esta ciudad milenaria de tanto significado religioso no ha sufrido una campaña sistemática de bombardeos aéreos comparables a la de la Franja de Gaza. Los daños en la misma se deben principalmente a incursiones terrestres, enfrentamientos armados, redadas militares y destrozos de propiedades. Por otra parte, el muro de separación israelí termina de cercar la ciudad y la aísla de la que históricamente ha sido su ciudad hermana, Jerusalén.

Grafitis del famoso artista británico Banksy en el muro de Belén denunciando la situación del pueblo palestino

El testimonio de Karim, una víctima más de la guerra

Las imágenes que vimos –y que todavía seguimos viendo– en los telediarios y otros medios nos ilustran de lo que ha acontecido y todavía acontece en la martirizada Palestina. Pero tenemos también el testimonio de Karim, la mirada limpia y no contaminada de un niño que ha padecido esas lacras: “En Belén, los israelíes entran siempre con armas, y algunas veces matan… Pero lo que más hacen es entrar en las casas y coger a un miembro de la familia, o a varios, a tu hermana o a tu padre, y se los llevan, los secuestran sin dar ninguna explicación, sin haber hecho nada. Otras veces está la gente paseando por la calle y un grupo de estos israelíes se llevan detenida a alguna persona…”.

Cuando le preguntamos si alguien de su familia ha sufrido esta violencia, se aproxima más a nosotros y levanta su piernecita de futbolista: “Mira, esta cicatriz que me ha quedado en la pierna, en el fémur, es de una bala que me dispararon en Belén cuando yo tenía 9 años…”. Y entonces Karim hace lo que podríamos llamar, en lenguaje taurino, una “larga cambiada” o, como nos decía nuestro amigo Petón cuando veía hueco en la otra banda, "cámbiala toda". Karim nos confiesa que “cuando me viene a la cabeza aquel disparo que me dieron y otros episodios de violencia que yo he presenciado, para dejar atrás ese recuerdo que me hace daño, empiezo a pensar en el fútbol, en jugadas y goles de los grandes jugadores, porque si no me hace sufrir mucho… Con el fútbol me olvido de todo”.

En el fémur de su pierna derecha lleva Karim la cicatriz de un balazo

Y continúa con su relato: “A veces entran en las casas y tiran bombas de gas, bombas lacrimógenas, y te empiezan a llorar mucho los ojos; a mí me ha pasado eso varias veces, y tienes que salir corriendo…”. Esta salvaje violencia se cobró la vida de un familiar suyo: “El hijo de la hermana de mi madre, mi primo Kais, que tenía 24 años y vivía en Ramala –la capital administrativa del Estado de Palestina, situada en Cisjordania, a 15 kilómetros al noroeste de Jerusalén–, fue asesinado por las balas israelíes”. Karim se acuerda mucho de su primo: “Íbamos muchas veces con la familia a ver a mi tía y a mi primo, pero no era fácil llegar. Pese a estar no muy lejos de Belén, el problema era que los soldados israelíes que actuaban de vigilancia nos paraban y nos hacían esperar como hasta seis horas, hasta que, cuando les daba la gana, abrían las puertas del muro y nos dejaban pasar…”.

Para Karim, “los israelíes no son fuertes, no son valientes, tienen todos los derechos porque tienen armas. Una vez, yo mismo vi como un niño de unos diez años que iba armado, hijo de un colono judío, se disponía a matar a una niña palestina de siete años… Y es que les enseñan a matar desde pequeños, con las armas que les da Estados Unidos… Nosotros llevamos 76 años luchando con piedras contra ellos que llevan fusiles…”.

Cuando le preguntamos a Karim si él y su familia han vivido alguna vez en algún campo de refugiados, nos contesta rápidamente: “¡No, no, hemos vivido siempre en nuestra casa, menos mal!” Y prosigue con su relato de las atrocidades que perpetra el ejército israelí: “A veces bombardean las casas palestinas para destruirlas, o bien las van demoliendo con bulldozers, para construir ellos nuevas viviendas para sus colonos judíos, y nosotros, los palestinos, mientras tanto, no sé por qué, vamos filmando o fotografiando con el móvil esas acciones…”. Testimonia también una forma tecnológicamente más avanzada de matar: “Una vez vi a un señor que estaba en su coche, con su móvil, y seguidamente le explotó el móvil y el coche”. Y confiesa: “He visto muchas acciones de guerra muy feas, muy malas, y no las cuento porque me hacen sentir muy mal…”.

Su feliz estancia en Huesca

Aquí en Huesca se siente muy bien, muy seguro, con muchos amigos. Conversa telefónicamente todos los días con su padre y hermana, y también con su hermano que está en Valencia. Cuando llegaron a Huesca en el 2024, “recibimos una ayuda de la Cruz Roja, solo en dos ocasiones, y con una diferencia de tres meses, una ayuda que para mí fue de diez euros y para mi madre de 50 euros. Ya no hemos recibido nada más. Mi madre trabaja en un buen restaurante en la plaza de Navarra y vamos tirando…”.

Se expresa de forma impecable en un perfecto castellano que ha aprendido en menos de dos años, y los estudios ocupan un lugar central en su vida: “Voy al Colegio Sancho Ramírez y estoy muy contento con los profesores y compañeros. Repetí sexto de Primaria el primer año porque no sabía el español, pero este año he sacado muy buenas notas y el año próximo empezaré 1º de la ESO”.

El fútbol siempre está también presente: “Mi padre me anima constantemente. Y es que nací con el cariño del fútbol. En mi familia tengo también un primo, que tiene 15 años, alto y fuerte, que es muy bueno jugando al fútbol, muchísimo mejor que yo, pero su padre no le dejó venir aquí. Yo juego ahora en el Peñas, y me pidieron que fuera a jugar con la Escuela de Fútbol. Pero en el Peñas me han dicho que tienen depositada en mí mucha confianza, y que esta nueva temporada voy a ser el capitán y voy a llevar la camiseta con el número 10 a la espalda…”. 

El que firma estas líneas, que aparte de su condición de profesor e historiador también practicó el fútbol, no deja de quedar fascinado con los partidillos que juegan todas las tardes, a orillas del Isuela, niños como el palestino Karim, el dominicano Elian, el colombiano Matías, el senegalés Hamed, el marroquí Anás –que juega en el infantil de la S.D. Huesca que dirige Arnedillo– y otros muchos niños procedentes de diferentes países africanos y latinoamericanos, principalmente. De algunos de ellos no he logrado retener todavía sus nombres, pero sí se me han grabado en la retina los regates, las fintas, los controles y desplazamientos de balón y los disparos de los integrantes de esta maravillosa constelación multiétnica y multirracial de nacientes estrellas –aunque de padres provenientes de la migración, muchos de ellos ya han nacido en España– que en nada llenarán de luz el firmamento futbolístico hispano, como lo han hecho Lamín Yamal, los hermanos Williams, Brahim Díaz y tantos otros.

Afortunadamente, Karim ha logrado sortear los designios de muerte y aniquilación que pesan sobre los niños que como él estaban en el radio de acción de declarados genocidas, como Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad de Netanyahu, que no ha tenido empacho en proclamar públicamente que “los niños de Gaza no son inocentes, son una amenaza retardada que debe ser eliminada”.

Karim tiene muy presente el mensaje que todos los días le transmite su padre: “Karim, hijo mío, busca una oportunidad en el fútbol, no busques dinero, lucha por hacer realidad tu sueño de hacerte futbolista profesional”. Y está claro que no va a cejar en su empeño: “Cuando jugamos con el Peñas contra el equipo alevín del Huesca, me dejé todo lo que tenía para que se fijaran en mi juego, para que hablaran de mí, para que pudieran ficharme… Estoy dispuesto a sacrificar todo lo que es mi vida para hacer realidad ese sueño que tengo desde pequeñito…” ¡Estimados entrenadores de las diversas canteras hispanas, ved jugar un día a Karim, no os defraudará!

Karim, como la mayoría de los palestinos, celebró el triunfo de España en el Mundial

Karim, como prácticamente todos los palestinos, celebró con gran alegría el triunfo de España en el reciente Mundial 2026. El pueblo palestino mostró su apoyo a la Roja desde el inicio de la competición debido al posicionamiento a nivel internacional que ha hecho el gobierno español en favor de la causa palestina. Y también al apoyo que a la misma han hecho personajes públicos como Lamine Yamal –la joven figura blaugrana enarboló la bandera de Palestina en mayo de 2026 durante la rúa de celebración del FC Barcelona por el título de Liga–, Pep Guardiola o Javier Bardem.

Archivado en