Fuimos a quitar el barro y volvimos con una enorme lección de vida en Beniparrell

Recibimos una ovación con todo el público puesto en pie, larga, sincera, emocionante, de esas que te hacen un nudo en la garganta y que jamás olvidaremos

Ignacio Almudévar.
Empresario y agricultor
18 de Octubre de 2026
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Ignacio y Belén Almudévar, y Miguel Ángel Otín, en Beniparrell
Ignacio y Belén Almudévar, y Miguel Ángel Otín, en Beniparrell

Beniparrell, un pequeño municipio valenciano que nos ha dado una enorme lección de solidaridad, fortaleza y resiliencia.

Regresamos a Huesca con el corazón lleno de emociones difíciles de explicar.

Venimos de Beniparrell, un municipio valenciano de apenas 2.000 habitantes, rodeado de seis polígonos industriales, donde conviven alrededor de 400 empresas y trabajan unas 6.000 personas. Un pequeño pueblo con un extraordinario corazón empresarial.

El 15 de octubre, la Asociación de Empresarios de Beniparrell (AEMBE) celebró su décimo aniversario. Una celebración especialmente emotiva, a pocos días de cumplirse dos años de aquella terrible DANA que arrasó empresas, instalaciones, maquinaria y tantos proyectos de vida.

En este aniversario, el Foro Huesca Excelente y la empresa oscense LAMUSA y Servicios recibimos sendos reconocimientos por nuestra colaboración y ayuda durante aquellos días tan difíciles.

En representación de Huesca estuvimos Miguel Ángel Otín, secretario general del Foro Huesca Excelente; Belén Almudévar, miembro del Foro y una de las grandes impulsoras de aquella movilización solidaria; e Ignacio Almudévar, presidente fundador del Foro, que también recogió el reconocimiento concedido a LAMUSA en representación de su gerente, Jorge Sopena.

Belén no solo coordinó ayudas y movilizó empresas. También viajó personalmente a Valencia en varias ocasiones para trabajar, con sus propias manos, junto a los afectados.

LAMUSA, por su parte, puso a disposición maquinaria pesada, medios y servicio técnico para contribuir a la limpieza y recuperación del polígono industrial.

Y quiero tener un recuerdo muy especial para Julio Sopena, fundador de LAMUSA, que hoy estaría orgulloso de ver cómo su empresa, bajo la dirección de Jorge Sopena, sigue demostrando que los valores humanos son tan importantes como los empresariales.

Pero lo que vivimos ayer fue mucho más que una entrega de reconocimientos.

Recibimos una ovación con todo el público puesto en pie.

Una ovación larga, sincera, emocionante, de esas que te hacen un nudo en la garganta y que jamás olvidaremos.

Y mientras aplaudían, yo pensaba que aquel reconocimiento debería ser precisamente al revés.

Porque nosotros fuimos allí a ayudar, pero fueron ellos quienes nos enseñaron algo extraordinario.

Nos enseñaron lo que significa levantarse después de una catástrofe. Lo que supone volver a abrir una empresa cuando lo has perdido casi todo. Lo que significa seguir pagando nóminas, recuperando clientes y manteniendo la esperanza cuando parece que todo está en contra.

Mantener una empresa en condiciones normales ya es difícil. Hacerlo después de una DANA como aquella es una auténtica heroicidad.

Quiero agradecer especialmente a Carmen Sorio, gerente de AEMBE, su extraordinario trabajo, su entrega y su capacidad de coordinación. Personas como Carmen demuestran la importancia de contar con asociaciones empresariales fuertes y comprometidas.

Aquel día Aragón y Valencia se dieron la mano. Empresas, empresarios, trabajadores y voluntarios demostraron que la solidaridad no entiende de fronteras ni de distancias.

Siempre he defendido que la suma siempre suma, y aquella experiencia fue una demostración de ello.

No fuimos buscando premios, medallas ni reconocimientos. Fuimos porque entendíamos que ayudar era nuestra obligación moral.

Y hoy, cuando regresamos a Huesca, quiero repetir lo que dijimos emocionados durante nuestros discursos: "Fuimos a Beniparrell a pisar el barro, pero regresamos con una lección de vida".

Porque el agua pudo inundar sus empresas.

El barro pudo cubrir sus máquinas.

La DANA pudo destruir sus instalaciones.

Pero no pudo llevarse su dignidad, su fortaleza ni su voluntad de seguir adelante.

Gracias, Beniparrell. Gracias, AEMBE. Gracias, Carmen. Gracias a todos los empresarios y trabajadores que nos habéis dado este ejemplo.

Y gracias por aquella ovación que guardaremos siempre en nuestro corazón.

Ayer nos entregasteis un reconocimiento. Pero el mayor reconocimiento os lo debemos nosotros a vosotros.

¡Palante, palante y palante!

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