El teniente general retirado del Ejército de Tierra Francisco José Gan Pampols ha pronunciado la conferencia de clausura del XXXIII Curso Internacional de Defensa, que durante toda esta semana se ha desarrollado en Jaca bajo el título El poder de la información: Medios de comunicación en los conflictos actuales, su influencia en las operaciones militares.
La clausura ha estado presidida por el teniente general Antonio Jesús Cabrerizo, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, y en el acto han participado el general director de la Academia General Militar, Prudencio Horche; el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, y el coronel director del Curso de Defensa, Carlos Pascual.
Gan Pampols ha centrado su intervención en “Integración de medios de comunicación y militares: perspectivas futuras”. Durante su exposición ha repasado el origen histórico de esta relación, su evolución y la necesidad actual de contar con una auténtica comunicación estratégica.
El ponente ha defendido una comunicación “que no esté impuesta, sino que sea admitida por los medios civiles”, al considerar que constituye “la única posibilidad de contrarrestar todas las intoxicaciones que se están produciendo en el dominio cognitivo”, unas amenazas que, ha advertido, son continuas y pueden llegar a dificultar el éxito de una operación militar.

Entre sus conclusiones, Gan Pampols ha insistido especialmente en la necesidad de “estar preparados”, porque “la comunicación no se improvisa”. Asimismo, ha recordado que actualmente se comunica tanto con lo que se hace como con lo que no se hace.
El teniente general también se ha referido a la importancia de extremar la precaución con las imágenes en la era de la Inteligencia Artificial, que, en su opinión, deben someterse a pruebas de falsación para comprobar su autenticidad.
En este contexto, se ha mostrado partidario de utilizar la Inteligencia Artificial como herramienta para combatir la desinformación, especialmente para detectar bots, redes maliciosas, chatbots o noticias falsas.
Gan Pampols también ha analizado las posibilidades que ofrece la IA aplicada a la comunicación estratégica civil y militar, señalando que puede permitir mantener el tono informativo con precisión, detectar redes maliciosas y generar campañas rápidas de contrainformación.
Su intervención ha concluido poniendo el foco en la credibilidad como uno de los principales activos del siglo XXI. “La credibilidad no es un lujo que se consiga a través de las relaciones públicas, es una armadura. Es la protección”, ha afirmado.
En este sentido, ha considerado que invertir en transparencia, respetar el cortafuegos ético y dominar la comunicación estratégica son herramientas fundamentales para proteger “el activo militar más crítico”, que ha identificado con la legitimidad de los Ejércitos.
Dilemas éticos del corresponsal de guerra
La jornada, desarrollada bajo el lema “Ética, regulación y futuro en la comunicación militar”, ha contado también con la intervención del periodista, escritor y fotógrafo Amador Guallar, reportero en Afganistán entre 2008 y 2018.
Su conferencia se ha centrado en los límites éticos del trabajo de los corresponsales en escenarios de conflicto y en aquellas prácticas que, aunque no siempre estén recogidas expresamente en normas escritas, deberían guiar el ejercicio profesional.
Guallar ha señalado que el corresponsal debe evitar trabajar para uno de los bandos, difundir información falsa o exponer innecesariamente a personas que pueden quedar en situación de riesgo.
El periodista ha resumido estas pautas en lo que denomina “los diez mandamientos del corresponsal de guerra”: no mentir, no trabajar para un bando, verificar incluso aquello que se desea creer, proteger las fuentes, no convertir el sufrimiento en espectáculo, evitar exponer a civiles y periodistas locales, no revelar información operacional que pueda poner vidas en peligro, reconocer los propios sesgos, no confundir valentía con temeridad y recordar que “volver vivo también forma parte del trabajo”.
A su juicio, uno de los mayores problemas es acudir a un conflicto con ideas preconcebidas sobre quién representa el bando bueno o malo, cuando la realidad suele presentar numerosos matices.
Guallar ha puesto como ejemplo la guerra de Ucrania, señalando que existe “un agresor y un agredido”, aunque ha defendido que el periodista debe escuchar también las distintas percepciones de las personas que viven sobre el terreno.
Por ello, ha destacado la importancia de “llegar a los sitios con la cabeza limpia, escuchar a todo el mundo y trasladarlo para que la audiencia llegue a sus propias conclusiones”.
El periodista ha insistido especialmente en la necesidad de reconocer los propios sesgos, porque, según ha explicado, cuando estos condicionan el relato, “ya no es la historia sino tu historia”.
Guallar ha concluido recordando que el periodista debe actuar como mensajero y no como protagonista, especialmente cuando trabaja en escenarios de guerra o conflicto.