El huevo gigante de Sariñena que desafía todos los registros

Una gallina pone una pieza de 186 gramos, casi tres veces más pesada que un huevo convencional

04 de Agosto de 2026
Guardar
Así es el huevo de 186 gramos que ha dejado boquiabiertos a los expertos en avicultura.
Así es el huevo de 186 gramos que ha dejado boquiabiertos a los expertos en avicultura.

No todos los días una gallina consigue dejar sin palabras a quien lleva toda una vida rodeado de ellas. En una explotación familiar de Sariñena, una ponedora criada para autoconsumo decidió saltarse todas las estadísticas al depositar un huevo de 186 gramos, una pieza que casi triplica el peso habitual de un huevo convencional. El hallazgo, extraordinario incluso para los profesionales de la avicultura, ha convertido una escena cotidiana del gallinero en un pequeño acontecimiento capaz de despertar la curiosidad de vecinos, aficionados y expertos.

Detrás de esta historia se encuentra Antonio Carreras, antiguo cartero y hoy jubilado, que dedica buena parte de su tiempo al cuidado del huerto y de un pequeño gallinero familiar. Sus ponedoras viven al aire libre, con espacio para escarbar, picotear hierba y desarrollar un comportamiento natural. La alimentación combina verduras, frutas y otros productos de la huerta con un pienso específico para gallinas ponedoras adquirido en la Cooperativa Alto Aragón de Barbastro. Antonio las define con una expresión tan sencilla como reveladora: "Son gallinas libres y felices".

Su forma de entender la avicultura va más allá de la producción. Para él, cada animal tiene un valor que trasciende el rendimiento. "Soy un poco sentimental y no soy capaz de matar una gallina que a lo mejor me ha dado 2.000 huevos", reconoce, una filosofía que explica el cuidado con el que mantiene el pequeño corral y el vínculo que ha desarrollado con unas aves cuyos hábitos conoce al detalle.

Una gallina de Sariñena pone un huevo gigante de 186 gramos.
Una gallina de Sariñena pone un huevo gigante de 186 gramos.

Precisamente esa experiencia le hizo advertir que algo no encajaba aquella mañana. Una de las ponedoras permanecía más tiempo de lo habitual en el nidal, una circunstancia que despertó su atención después de años observando el ritmo cotidiano del gallinero. "Alguna vez les cuesta más poner, pero aquella llevaba muchísimo rato allí. Cuando volví encontré el huevo. Salió un poco ensangrentado, algo que puede pasar cuando una pieza es tan grande, pero la gallina ha seguido poniendo con total normalidad y está perfectamente", explica.

La protagonista de esta insólita puesta tiene aproximadamente año y medio, una edad que coincide con una de las fases de mayor capacidad productiva. Ya era una ponedora conocida por producir huevos de gran calibre, aunque nunca había alcanzado semejantes dimensiones. Hasta entonces, el mayor ejemplar obtenido en la explotación rondaba los 120 gramos, una cifra ya excepcional. Esta vez, sin embargo, la báscula alcanzó los 186, mientras que el volumen equivalía aproximadamente al triple del de un huevo convencional.

Carreras quiso compartir el hallazgo con personas vinculadas profesionalmente al sector avícola. La respuesta confirmó que no se trataba de una exageración. "He preguntado a gente que trabaja en granjas con 20.000 gallinas y me dijeron que alguna vez habían visto huevos de 130 o 140 gramos; pero de 186, ninguno", relata.

Desde el punto de vista técnico, una pieza de estas características constituye una auténtica rareza. En la Unión Europea, los huevos se comercializan en función de su peso. La categoría S corresponde a los inferiores a 53 gramos; la M, entre 53 y 63 gramos; la L, entre 63 y 73 gramos; y la XL, a los que superan los 73 gramos. Con sus 186 gramos, el ejemplar hallado en Sariñena rebasa ampliamente el umbral de la categoría más alta y casi triplica el peso medio de un huevo convencional.

Los especialistas señalan que estos casos pueden obedecer a alteraciones puntuales de su proceso de formación. En ocasiones incorporan dos o más yemas y, en otras, el óvulo permanece más tiempo del habitual en el oviducto, donde continúa recibiendo capas de clara y cáscara antes de ser expulsado. Sin abrir el ejemplar resulta imposible determinar cuál de estos procesos explica el caso registrado en Sariñena.

Lejos de romperlo para resolver el misterio, Antonio ha optado por conservarlo. El huevo permanece protegido en una pequeña caja con algodón, una medida destinada a preservar la cáscara frente a cualquier golpe. Han transcurrido ya unos quince días desde la puesta y el ejemplar ha perdido parte de su peso -un proceso natural provocado por la evaporación del agua contenida en su interior- hasta situarse alrededor de los 160 gramos, aunque mantiene prácticamente el mismo tamaño exterior.

La incógnita sobre lo que esconde bajo la cáscara sigue intacta. "Claro que queremos saber si hay dos o tres yemas, pero una vez que matemos la curiosidad, también se acaba la historia", explica Carreras. Por ese motivo, el huevo continúa sin abrir y se ha convertido en una pequeña pieza de exposición que atrae a vecinos y conocidos interesados en contemplar una rareza que difícilmente se encuentra incluso en explotaciones de gran dimensión.

El huevo acabará rompiéndose, como todos. Lo que difícilmente se repetirá es la sorpresa de encontrar una pieza capaz de dejar boquiabierto a un hombre que lleva años conviviendo con gallinas y también a quienes creían haberlo visto casi todo en el mundo de la avicultura.