La Asociación de Nabateros del Sobrarbe ha recibido la Almadía de Oro en Burgui, un reconocimiento de gran relevancia que pone en valor su labor en la conservación y difusión de esta tradición.
Durante los días 1, 2 y 3 de mayo, la localidad de Burgui acogió una nueva edición del Día de la Almadía, consolidada como una de las citas más destacadas del calendario cultural del Pirineo. El río Esca volvió a ser el escenario de este oficio ancestral, en una celebración que reunió a numerosos visitantes y participantes. en un fin de semana marcado por la tradición, la colaboración y el relevo generacional.
La edición de este año estuvo marcada por un hecho significativo: por primera vez, almadieros navarros y nabateros del Sobrarbe trabajaron juntos, protagonizando una jornada de especial simbolismo que refuerza los lazos entre ambos territorios y sus tradiciones fluviales.
El descenso por el Esca recreó el histórico transporte de madera por el río, hoy convertido en una expresión viva del patrimonio cultural. "La participación conjunta puso de manifiesto el valor de la colaboración entre asociaciones que comparten una misma raíz y una forma común de entender el territorio", explican.
En este contexto, la Asociación de Nabateros del Sobrarbe recibió la Almadía de Oro y fue invitada a participar en la corta del primer queso del Roncal, uno de los actos más representativos de la jornada, reforzando los vínculos entre cultura, identidad y territorio.
Este encuentro evidenció también el "compromiso compartido con la continuidad de este legado", subrayando la importancia del relevo generacional como garantía de futuro. La implicación de distintas generaciones confirma la vigencia de un oficio que forma parte esencial de la identidad pirenaica.
En esta misma línea de trabajo y proyección, los Nabateros del Sobrarbe ultiman ya su próximo descenso por el río Cinca, que tendrá lugar el 24 de mayo, dentro de un fin de semana de actividades programadas los días 22, 23 y 24, reafirmando así el impulso y la continuidad de esta tradición en su territorio.
Desde las entidades participantes se valora de forma muy positiva este primer descenso conjunto, que abre la puerta a nuevas colaboraciones y refuerza la proyección de estas prácticas culturales más allá de su ámbito local.
Como señalan, "la unión entre almadieros y nabateros simboliza una forma compartida de entender la historia, el esfuerzo colectivo y la transmisión de conocimientos, elementos que continúan dando sentido a una tradición que sigue viva".