La pequeña talla de San Úrbez que llevaba más de 20 años en la ermita desaparece sin dejar rastro

La imagen fue tallada en boj por Jesús Grasa San Román y sus descendientes confían ahora en que quien se la llevó decida devolverla

05 de Noviembre de 2026
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La pequeña talla de San Úrbez que llevaba más de 20 años en la ermita desaparece sin dejar rastro
La pequeña talla de San Úrbez que llevaba más de 20 años en la ermita desaparece sin dejar rastro

La familia que se encarga del cuidado de la ermita de San Úrbez ha constatado la desaparición de una pequeña talla de madera de boj que llevaba más de dos décadas en el interior del templo. La pieza, de apenas un palmo y realizada a mano por un familiar, fue echada en falta el pasado domingo. Ahora sus responsables confían en que la difusión de su desaparición permita localizarla y que quien la tenga decida devolverla.

La talla tenía para la familia un valor fundamentalmente sentimental. La había realizado Jesús Grasa San Román, tío de Isabel Grasa. Su imagen aparece en los paneles informativos de la GR 268, la ruta de San Úrbez, de donde la familia ha obtenido la fotografía que está utilizando para identificarla.

La desaparición ha provocado especial malestar porque la ermita permanece con la puerta abierta para que pueda visitarla y disfrutarla cualquier persona. Isabel Grasa lamenta que esa confianza haya sido quebrada. "Nos enfada que no respeten la buena voluntad que tenemos de dejar la ermita abierta para que todo el mundo la vea y la disfrute", explica.

El episodio no constituye, además, un hecho aislado. La familia recuerda que años atrás desapareció una piedra con una inscripción árabe que se encontraba en el interior de la cueva, sobre el altar. La pieza había sido localizada por unos jóvenes que realizaban prospecciones y conservaba las huellas del humo de la pared en la que había estado integrada. Tras advertir su desaparición, la familia denunció el caso y, tiempo después, la piedra volvió a aparecer dentro de la cueva, aunque completamente limpia.

Antonio Palacín recuerda especialmente aquel episodio porque considera que la difusión puede volver a desempeñar un papel decisivo. La piedra terminó siendo localizada y devuelta, y la familia comunicó su recuperación a los medios que habían informado sobre el robo y agradeció públicamente el gesto de quien decidió restituirla. "Cuando devolvieron la piedra valoré muchísimo el valor que tuvo de devolverla", señala Isabel.

Ese precedente alimenta ahora la esperanza de que la talla de San Úrbez pueda correr la misma suerte. Palacín pide que cualquier persona que la reconozca pueda advertir de su procedencia a quien la tenga y, sobre todo, que la propia persona que se la llevó opte por restituirla. "Que si alguien no ha reparado en el descalabro que hace con llevarse esa figura, que la devuelva, y si no, que la gente esté atenta por si la ve o por si la exhiben", reclama.

La ermita ha sufrido además otros episodios de daños y sustracciones. En el pasado, la antigua puerta sufrió desperfectos porque algunas personas intentaban acceder por la fuerza cuando no conocían el mecanismo para abrirla. También desaparecieron la cerradura y los clavos de una puerta de una cuadra. "Los amigos de lo ajeno por allí pasan a menudo", resume la familia.

El templo se encuentra en una propiedad particular y fue mandado construir por Lorenzo Grasa Castán, bisabuelo de Isabel Gras. Actualmente pertenece a su hermano, mientras Isabel y Antonio se encargan de mantenerlo y de preservar la tradición vinculada al lugar. La decisión de mantener el acceso abierto forma parte precisamente de esa voluntad de conservarlo como un espacio que pueda ser conocido y disfrutado.

Frente al disgusto provocado por la desaparición, agregan una consideración que ya estuvo presente cuando regresó la piedra. "Todos cometemos errores, pero tenemos la opción de arrepentirnos y enmendarlos", afirma. 

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