Puente, o dimisión o destitución: no hay tercera opción -decente-

La confusión entre responsabilidad y culpabilidad, la pertinaz afirmación de que el AVE es seguro y viable, y los dos accidentes inhabilitan al ministro tuitero

28 de Octubre de 2026
Guardar
Óscar Puente este viernes en la inauguración de un nuevo tramo de la A-21.
Óscar Puente este viernes en la inauguración de un nuevo tramo de la A-21.

Mi amiga P., que es fuente fidedigna de los aconteceres del AVE Huesca-Madrid, me relataba en la última de sus peripecias con retrasos y contingencias desastrosas la incertidumbre que representa tomar el tren -en los días que puede, que recientemente hubo uno que ni salió- para cumplir sus obligaciones laborales en la capital de España. Ahora que está tan de moda el concepto, entiende que viajar en la irreal alta velocidad -alto el precio, baja la rapidez- constituye una profesión de riesgo. Primero, porque la única certeza es la del altísimo porcentaje de impuntualidad que implica. Segundo, porque las condiciones son desastrosas.

Acabo de escuchar a Cristóbal Soria en el programa de Risto Mejide que el aire acondicionado del Madrid-Sevilla es una quimera. P. me explica algo que cualquier viajero ha comprobado: la inestabilidad de los vagones. En el trayecto Huesca a Atocha, ha de recoger en varias ocasiones el ratón de su ordenador con los vaivenes. Cualquier usuario con cierta antigüedad recuerda aquella estabilidad absoluta en los años noventa, cuando con tono jacarandoso decíamos que era como estar en el salón de casa, lo que nos enorgullecía por estar en una infraestructura líder a nivel mundial. Hoy, ir en AVE da, volviendo a Soria, "mucho miedo, estoy aterrado".

Cuando el accidente de Adamuz, el ministro de Transportes, Óscar Puente, abandonó, en unas comparecencias que fueron celebradas por los fanáticos como ejercicio de transparencia cuando estuvo trufado de falsedades probadas por la investigación posterior, su profesión tuitera -entiendo que Elon Musk le debe un tributo aunque lo haya puesto a parir en su insoslayable intolerancia doctrinal- para recordar, ufano, que en España ha crecido el tráfico ferroviario por el aumento de viajeros y la concurrencia de otras dos operadoras, Iryo y Ouigo, a las que por cierto no ha dejado de zaherir inmisericordemente.

Logo WhatsApp
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp para tener la mejor información

Adamuz desembocó, ante la manifiesta incapacidad de solventar la inseguridad sin la merma de prestaciones, en trenes de alta velocidad sin velocidad y en una importante merma de viajeros, fruto no de números clausus sino de la mezcolanza de temor y de percepción de incompetencia en el sistema ferroviario español que con estulticia digna de otra posición apreciaba el ministro Puente en "el mejor momento de la historia", contradiciendo la realidad y las quejas de maquinistas -convocada una huelga para mañana- y otros agentes de Adif y de Renfe.

Paralelamente al enchufismo que ha prodigado Puente y su jefe Sánchez para colocar en puestos específicos manifiestos ineptos, la infraestructura y las unidades han acusado la obsolescencia por la doble carencia de mantenimiento y de renovación. No hce falta sino ver los vejestorios que sirven la causa de la unión entre la Intermodal y la Almudena Grandes, que no sólo han demorado 35 minutos la previsión de trayecto sino que añaden con demasiada habitualidad otra media horita, cuarenta minutejos o, como hace apenas unos días, un par de horas.

Tengo para mí que la persona menos creyente en el sistema ferroviario es Óscar Puente. Sólo así se puede explicar la confusión en la rueda de prensa posterior al trágico accidente de Urda entre los conceptos de responsabilidad y culpabilidad. Podrá esquivar la culpa, pero es absolutamente responsable. En primera línea, en primera persona. Muy por encima de quien ha dado la orden inverosímil, tanto como su propia cobardía en apuntar con el dedo al centro de control del que, por supuesto, es el jefe. Nunca un líder de una compañía se ha desentendido de un desbarajuste ocurrido en su seno. Pensar que la seguridad como viajeros depende al 100 % de actuaciones individuales, en tiempos de IA, pone los pelos como escarpia.

En la maniobra de su batiburrillo oratorio, ha agregado otra barbaridad, cuando ha asegurado que el sistema es "seguro y fiable", justamente con los cuerpos calientes de setenta muertos y con el recuerdo fresco de los 47 de hace nueve meses. La inseguridad, de hecho, no se circunscribe a las dos grandes catástrofes, sino que suma debacles como la postrera a Adamuz en Cataluña, la del incendio en Ricla y las múltiples incidencias y accidentes en "territorio Puente", su segunda residencia después de su ocupación asidua en X, Twitter. En cuanto a la fiabilidad, sólo puede proclamarla quien no viaja en tren. "Seguro y fiable" es un doble oxímoron que choca con la realidad ferroviaria.

El tercer punto fundamental en la atropellada explicación de Puente ha llegado ante la pregunta de si piensa dimitir. Con una evasiva impropia de una persona adulta y consecuente, ha afirmado que ahora es tiempo de "esclarecimiento de los hechos". Ha bajado, en esa altura, un punto de su tradicional altivez agresiva. Más allá de la cantidad de tropelías que en su dejación de funciones ha propiciado el ministro, cesar sería la actitud no sólo coherente, sino decente, para quien ha dirigido de forma tan ineficaz y dolosa las infraestructuras de este país -léase variante de Sabiñánigo como epítome de su desempeño-. En su debe, demasiados defectos, falsedades y maldades como para pensar que su continuidad es una opción.

No, a Puente se le ha pasado el tiempo de las explicaciones, al menos en materia ferroviaria y con dos tragedias en su cuaderno de responsabilidades. Y aquí es donde entra la segunda posibilidad: que Sánchez le destituya. Aunque pierda un escudo humano de dureza extrema. No hay tercera opción, al menos en un gobierno honrado. Aunque sea por retribuir a las víctimas con un mínimo de dignidad.

P.D.: Se admiten apuestas sobre el desdén a los familiares de las víctimas, estilo Adamuz.

Archivado en