Tres víctimas hablan para evitar nuevas agresiones en Huesca: "Queremos que esto pare"

Un hombre de 48 años, un joven de 28 y la madre de un joven de 19 relatan por primera vez lo ocurrido tras las presuntas agresiones y piden extremar la precaución ante la cercanía de San Lorenzo

15 de Julio de 2026
Guardar
Dos víctimas hablan para evitar nuevas agresiones en Huesca: "Queremos que esto pare".
Dos víctimas hablan para evitar nuevas agresiones en Huesca: "Queremos que esto pare".

"Queremos que esto pare y que nadie más tenga que pasar por lo mismo". Ese es el motivo por el que un hombre de 48 años, un joven de 28 y la madre de otro de 19, víctimas de tres de las agresiones por las que la Policía Nacional ha detenido a dos menores como presuntos autores, han decidido contar públicamente su experiencia. Ambos aseguran que no buscan protagonismo ni revancha. Su único objetivo, explican, es evitar que otros jóvenes, sus familias o cualquier otra persona tengan que vivir una situación similar, especialmente cuando faltan pocas semanas para las fiestas de San Lorenzo.

El primero en hablar es un vecino de 48 años, trabajador autónomo, que asegura que nunca imaginó verse envuelto en una situación así. Relata que la agresión se produjo la noche del sábado 4 al domingo 5 de julio, tras la actuación de Manacor Go! Al parecer, se fue unos minutos a los urinarios portátiles instalados en las inmediaciones mientras sus acompañantes permanecían en la zona del concierto. Allí, asegura, un grupo de jóvenes se dirigió a él diciéndole que eran de Salou y preguntándole dónde podían encontrar un supermercado abierto para comprar comida -después supo que eran de Huesca-.

Mientras respondía, uno de ellos, según su versión, se dirigió de forma despectiva a una de las chicas que lo acompañaban y él le recriminó su actitud. "Me salió decirle que tuviera un poco de respeto", recuerda. A partir de ese momento, afirma, se le abalanzaron por detrás.

Intentó abandonar el lugar, pero afirma que siguieron persiguiéndolo y advirtiéndole de que eran "menores" hasta llegar al Coso, donde pudo pedir ayuda mientras avisaba a sus amigos y llegaba la Policía Nacional.

Como consecuencia de la agresión, explica que sufrió diversos traumatismos y una rotura de un tendón del bíceps que le mantiene apartado de su trabajo. "Soy autónomo y trabajo con las manos. Para mí esto ha sido un desastre", resume. Tras ser atendido en urgencias y poner la correspondiente denuncia, no llegó a casa hasta pasadas las nueve de la mañana.

Sin embargo, asegura que el motivo por el que ha decidido hacer pública su experiencia va mucho más allá de sus propias lesiones. "Esto no lo contamos por nosotros. A mí ya me ha pasado. Lo hacemos para que se corte de una vez y no vuelva a ocurrir", afirma. Explica que fue al conocer que, apenas unos días después, otro joven había sufrido una agresión similar cuando entendió que guardar silencio no ayudaría a evitar nuevos episodios.

La madre del joven de 19 años atacado comparte esa misma reflexión. Explica que estos días está relatando lo sucedido porque considera que cualquier difusión puede contribuir a evitar que otras familias pasen por una situación parecida. Según cuenta, su hijo salió con unos amigos por la zona del Tubo durante la noche del viernes 10 al sábado 11 de julio y todo comenzó cuando saludó a un conocido. A partir de ese momento, relata, otro joven inició una discusión y, apenas unos segundos después, un tercero comenzó a golpearle.

Según explica, el joven tuvo que ser atendido en el hospital tras sufrir diversas lesiones, entre ellas la fractura de un dedo, además de múltiples contusiones y hematomas en el rostro. Actualmente permanece de baja laboral mientras continúa recuperándose. "Está frustrado y muy enfadado", resume su madre.

Reconoce que ella tampoco ha recuperado la tranquilidad desde aquella noche. Confiesa que ahora vive con preocupación cada vez que su hijo sale con sus amigos y admite que no consigue relajarse hasta que regresa a casa. "Hasta que no llega no estoy tranquila", explica, convencida de que el miedo no afecta únicamente a quienes sufren una agresión, sino también a sus familias.

También el 10 de julio, un joven de 28 años salió con sus amigos para ver el partido de España. "Éramos cuatro chicos y una chica. Después dimos una vuelta por el centro de Huesca, como habíamos hecho tantas veces. Nunca imaginé que aquella noche acabaría en Urgencias", explica.

Detalla que al pasar por la plaza de Concepción Arenal, un grupo de unos quince menores comenzó a insultarles. "Nosotros seguimos caminando porque no queríamos problemas. Pero, al ver que no respondíamos y continuábamos nuestro camino, empezaron los empujones y, acto seguido, los golpes", declara.

"Recuerdo perfectamente que uno de ellos se quitó el cinturón y empezó a golpearme con la hebilla. Su cara no se me olvidará -prosigue-. En cuestión de nada me vi rodeado por casi todo el grupo. Caí al suelo y allí continuaron golpeándome. De ese momento apenas tengo recuerdos; sé lo que ocurrió porque después me lo contaron mis amigos. Yo solo recuerdo los golpes, el dolor, la sensación de no poder respirar a causa de un mataleón y miedo".

Acabó en el hospital, donde poco a poco se fue recuperando. "Hoy sigo descubriendo nuevos hematomas: cada día aparece un morado más. Las heridas físicas acabarán desapareciendo, pero no sé cuánto tardaré en dejar de mirar por encima del hombro cada vez que salga a la calle".

Y a pesar de todo, considera que ha tenido suerte. "Me horroriza pensar que algunas de las heridas provocadas por los "cinturonazos" o las patadas podrían haber estado apenas un centímetro más arriba o más abajo, con consecuencias mucho más graves", reflexiona.

Le llamó especialmente la atención, que cuando llegó la Policía varios de los agresores gritaron:  "¡Somos menores, somos menores!", la misma frase que le espetaron a la víctima de 48 años, tras propinarle la paliza.

"Fue así como supimos que, efectivamente, eran menores de edad. Aquella reacción me hizo pensar que eran plenamente conscientes de que su edad podía tener consecuencias en la respuesta que recibirían por lo que acababan de hacer. Esa sensación de impunidad resulta casi tan inquietante como la propia agresión", estima.

Todo lo sucedido le hace pensar que Huesca ya no es la ciudad tranquila de antes y que cualquiera que salga una noche puede terminar en un hospital. "No escribo esto para dar pena. Lo escribo porque estoy harto de que la violencia se normalice mientras los ciudadanos sentimos que estamos indefensos. Porque cuando quien cumple las normas acaba en el suelo y quien agrede cree que no le va a pasar nada, algo muy grave está fallando. Yo me recuperaré, pero, si las cosas no cambian, alguien será el próximo".

A estos casos se suma el relato de otra persona consultada por este periódico, quien asegura haber conocido un episodio ocurrido durante un intercambio escolar del IES Lucas Mallada con estudiantes alemanes el pasado mes de junio. Según explica, dos alumnos alemanes habrían sido agredidos sin que mediara provocación y presentaron posteriormente una denuncia acompañados por una profesora. Esta fuente sostiene que, por la información que ha recibido, cree que los presuntos autores podrían ser los mismos menores detenidos ahora por la Policía Nacional, aunque este extremo no ha sido confirmado oficialmente.

Todos los testimonios coinciden en la urgencia y la necesidad de lanzar un mensaje de prevención, máxime cuando se aproximan las fiestas de San Lorenzo. Recomiendan salir siempre en grupo, evitar regresar solos y procurar que nadie se quede atrás al finalizar la noche. Consideran que esas precauciones pueden ayudar a reducir riesgos mientras confían en que hechos como los que denuncian no vuelvan a repetirse.

Las familias insisten en que hacer públicas sus experiencias no está siendo fácil. Llevan días reviviendo lo sucedido cada vez que responden a una llamada o vuelven a contar su historia. Aun así, consideran que merece la pena si sirve para evitar nuevas víctimas. "Estas cosas hay que contarlas, no callarlas", sostienen.