El último día en activo de una institución en el Ayuntamiento de Huesca: Ernesto Escar Monaj

Tras 43 años en la plantilla municipal y más de 30 como responsable de protocolo de ocho alcaldes, dice adiós una figura imprescindible de la historia moderna de la ciudad

28 de Diciembre de 2025
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Nicolás Hernández, intendente de la Policía Local, y Ernesto Escar.
Nicolás Hernández, intendente de la Policía Local, y Ernesto Escar.

Quienes le conocemos y le queremos, hubiéramos deseado que la noticia de hoy para todos nosotros hubiera sido una inocentada. Y, sin embargo, es real y natural como la vida misma. Ernesto Escar Monaj, jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Huesca, vive sus últimas horas de vida activa y desde el 29 de diciembre de 2025 habrá tomado la senda de la jubilación. Dejará, por más que la sustitución es efectiva por Marta Mainer Ascaso con la figura de coordinadora del área, una responsabilidad que ha ejercido durante más de treinta años de los 43 desde que ingresó en la plantilla municipal como Policía Local en tiempos de José Antonio Llanas Almudévar de alcalde.

Ernesto Escar ha servido en Protocolo a ocho alcaldes: Enrique Sánchez Carrasco, Luis Acín Boned, Isabel Leguina Villa, José Luis Rubió Gracia, Fernando Elboj Broto, Luis Felipe Serrate, Ana Alós López y Lorena Orduna Pons. A todos ellos con lealtad y, en las ocasiones requeridas, más allá del sentido del deber. Su sempiterna discreción le impide pronunciarse sobre cada uno de ellos, consideraciones que deja para ese libro que tiene comprometido sobre su biografía que es testamento vital de quien tanto ha vivido, conocido y callado. Serán, como suele decir, sus hijos los que lo editen si lo estiman oportuno cuando él haya partido hacia esferas que precisen de organización protocolaria (y más). Pero eso será mucho más adelante.

De momento, Ernesto Escar Monaj se convierte en uno de los últimos mohicanos oscenses del Protocolo oscense que han marcado una época. El añorado Tomás Solans que rigió esa parcela con su mano de seda y puño firme en el Gobierno de Aragón, su sucesor Óscar López que se le adelantó hace meses a su compañero consistorial en la edad de oro y el propio Ernesto. Como veterano, mantiene enhiesta la sabiduría protocolaria amparada en la experiencia José Antonio en la Delegación Territorial del Gobierno de Aragón en Huesca. Una -o más bien dos- generaciones de extraordinarios profesionales.

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A Ernesto Escar Monaj le han inundado de medallas y reconocimientos recientemente multitud de instancias, empezando por las Fuerzas Armadas (la División Castillejos) y los Cuerpos de Seguridad (Guardia Civil, Policía Nacional y "su" Policía Local), por su excelente trayectoria en la que todas estas organizaciones han resultado, igual que el Ayuntamiento, la sociedad civil y la ciudadanía, beneficiarias de sus conocimientos y su personalidad.

Ernesto llegó al mundo en una familia afincada en Cuarte (los apellidos le delatan), donde desarrollaban su supervivencia con el sector agropecuario, buena agricultura y ganado. Su hermano, de hecho, ha cuidado de un vacuno de exquisita calidad. Escar Monaj figura en los registros del sertoriano reguero que es el Instituto Ramón y Cajal. Buen mozo, el mejor compañero para salir de marcha por aquello de que no ha ingerido nunca alcohol (un incidente de muy niño ofrece la explicación a la aversión a todo lo que tenga grado) y un futbolista de los de armas tomar por su fortaleza, deporte que practicó hasta que una lesión de rodilla le privó de esa pasión. La tiene como espectador, como gran aficionado a la Sociedad Deportiva Huesca, analista racional a su vez de cuanto acontece en el césped con una visión muy preclara. Sería un buen director deportivo...

Ernesto Escar Monaj ingresó en la plantilla del Ayuntamiento en 1982, cuando era alcalde José Antonio Llanas. Fue en la Policía Local, cuerpo al que nunca dejó de querer y de sentir... hasta de sufrir cuando venían mal dadas. Poco más de una década después, se incorporaba a la misión de organización del Protocolo que dotó de una profesionalidad admirable, extraordinaria. Todos recordamos episodios incluso heroicos, como el alumbramiento de su tercer hijo mientras él atendía sus tareas justo antes del cohete de San Lorenzo. Entre felicitaciones, continuó hasta las cinco de la tarde en su faena de organizar esa jornada donde Tarbes es agasajado, cuando se despidió del alcalde Elboj para ir a ver a su pequeño al Hospital San Jorge.

De su buen hacer somos testigos muchos y ha dependido el éxito de miles y miles de actos organizados por el Ayuntamiento o externos con los regidores y ediles como invitados. En la definición de la exministra Cristina Garmendia desde la Fundación Cotec, que distribuía los agentes fundamentales de la innovación entre influentes, pioneros y facilitadores, Ernesto ha tenido un poco de todo. Ha influido de una manera decisiva en el desarrollo de miles de actividades y en la relación pública con todo tipo de personajes y personalidades, ha sabido establecer técnicas en el protocolo a fuerza de inteligencia emocional y ha sido un enorme, un maravilloso facilitador. Con él, todo ha sido más fácil, toda una exhibición permanente y sostenida más de tres décadas de la sensación de fluidez que propugna el conferenciante Juan Carlos Cubeiro (plasmada en su novela homónima).

Ernesto Escar Monaj ha dejado un estilo, una forma de entrega en cierto modo análoga a un sacerdocio civil, una preservación de las tradiciones "sin reblar", una sublimación del arte de la amabilidad (hoy considerado de los más difíciles en esta sociedad), una sacralización de la sencillez como fórmula para afrontar los problemas complejos.

Y todo lo ha hecho con esa sonrisa poliédrica que le ha permitido el ahorro de la palabra para expresar y para informar. Cuando le ves sonreír a Ernesto, eres consciente de que esa gran enciclopedia humana te va a contar algo sustancioso o va a tomar los derroteros de la discreción, porque su aspiración máxima ha sido siempre la lealtad a la institución que es tanto como la fidelidad a Huesca en un compromiso con su propio talante. Nunca ha traicionado a su coherencia, esto es, a su integridad.

Ha tenido la suerte esta ciudad de que un año tan simbólico, el del 1800 aniversario del nacimiento de San Lorenzo, haya coincidido con el de las últimas misiones antes de la marcha de Ernesto Escar. Todo ha estado atado y bien atado en torno a la parrilla del mártir y al sentimiento de la ciudad. Todo ha quedado resuelto para que Ernesto, ahora, disfrute de la jubilación que merece después de tanta entrega, de tanta disposición como ha ofrecido. Se puede retirar confortablemente a la Casa Rural de Apiés que gestiona su media naranja y a gozar de su descendencia, sus ojos derechos que ha cuidado en franca competencia con su desempeño consistorial.

En plenitud, deja un legado importante a Marta, su sucesora, y a toda la ciudad, que en cada momento puede remembrar las soluciones que emanaron siempre de su amor por la ciudad, en ocasiones con una austeridad obligada. Eso sí, anticipo que nadie explicará como él el Cuadro de la Campana, ese rincón desde el que se hace la mejor fotografía de la obra de Casado del Alisal o el significado de esa paloma boca abajo del escudo imperial de Carlos V en el Colegio de Santiago, todo un misterio. Aunque haya sido un libro abierto, la trayectoria de Ernesto Escar es inspiradora, pero inimitable, porque ya lo dijo Heráclito: nadie se baña dos veces en el mismo río, porque ni el agua ni la persona son los mismos. ¡Enhorabuena y larga vida, amigo Ernesto!

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