La agricultura, que ha sido tradicionalmente un sector de acción, se encuentra en medio de un islote rodeada de preguntas. Escogiendo otro simbolismo, en medio de encrucijadas, sin saber el camino o la tesitura que escoger. José Fernando Luna, presidente de Asaja Huesca, lo expresa gráficamente: "La gente había abandonado la idea de la segunda cosecha porque no había agua", pero las precipitaciones han provocado la incógnita para el maíz o el girasol que había de suceder a la recogida del cereal.
Un segundo campo de dudas: "Los costes de producción que, en el caso del maíz de segunda cosecha, se compatibilizan con unos bajos precios. Es el hándicap de la rentabilidad. Y se suma que las lluvias retrasan ocho o diez días para la fecha oficial de la siembra, con lo que el agricultor no sabe por dónde tirar. Esto no se ssabe si es un póker, una ruleta o una ruleta rusa".
Luna recuerda que España necesita 34 millones de toneladas de pienso para alimentar el ganado y, sin embargo, tan sólo es capaz de proveer 28 millones entre cereal (16-20), maíz (4-5), oleaginosas y proteaginosas (2). Además de 1,8 millones de toneladas de un concierto con el maíz americano, el resto de libre comercio depende de Rusia y de Ucrania. Paradójicamente, por el puerto de Tarragona están entrando maíz norteamericano, brasileño y argentino modificado genéticamente, el mismo prohibido a los productores europeos.

En Aragón, el cereal sembrado y afectado por la sequía se sitúa entre 622.000 y 680.000 hectáreas de secano, y entre 132.000 y 151.000 de regadío, y se espera coger entre 1,1 y 1,2 millones de toneladas frente a las 2.150.000 toneladas del añpo anterior, un 54 % menos. La merma de la producción, contando el global, se situaría en un 30 % con unos rendimientos de 3.000 kilos la hectárea, pero hay que agregar a las dificultades la caída de los precios en un 35 %. Asaja Aragón, afirma, estima en 1.480 millones de euros la reducción del movimiento económico por la sequía, de ellos 490 por el descenso de rendimientos, 500 por la falta de siembras de maíz, 120 en la alfalfa y 20 en el girasol.
REIVINDICACIONES Y REGADÍOS
José Fernando Luna recuerda algunas de las reivindicaciones a las distintas administraciones. Al Gobierno de Aragón le ha reclamado un plan de choque frente a la coyuntura que padecen agricultores y ganaderos, que incorpore la aplicación de medidas excepcilonales para flexibilizar las normas de la PAC cuyo cobro peligra por no cumplir algunos requisitos difíciles de cumplir en estos momentos, como la superficie de cultivo declarada o contar con un plan de producción. Pide también convocatoria de préstamos subvencionados sin coste financiero que no dependan del magma burocrático del Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola. Y además solicitan tanto ayudas directas por la sequía y una revisión de la línea de seguros agrarios.
Una de las batallas principales es la del agua. Luna pone sobre la mesa los datos pluviométricos del año que constatan que este año se han precipitado 19 metros cuadrados menos que el año anterior y, sin embargo, su incidencia sobre los cultivos ha sido muy importante porque la falta de agua se ha concentrado en los meses del crecimiento vegetativo de las plantas, esto es, marzo y abril. Denuncia la falta de regulación de los ríos que exige la construcción de embalses. Un factor de competitividad no sólo para el sector, sino para todo el país, que evite la indisponibilidad de caudales como esos 3.000 hectómetros que se van al mar a los que se suman otros tantos de reserva ecológica.
Luna, defensor de la preservación de la soberanía alimentaria, considera que la falta de responsabilidad de gobernantes ("me parece increíble que se vayan de rositas mientras la situación nos lleva a pérdidas económicas terribles") se añade a la incapacidad de responder a cuestiones como ese déficit de 10-12 millones de toneladas de cereal que han de ser subsanadas con la entrada de producto extranjero por un Puerto de Tarragona del que no tenemos certeza de su capacidad, con un sector del transporte que tampoco es garantía que asegure la llegada hasta su destino, y ni siquiera con estructuras para recoger todo ese volumen. Altos costes de producción, bajada de precios, disminución de rentabilidad, carencias de profesionales cualificados y unas infraestructuras obsoletas e insuficientes por la quietud institucional. Una tormenta de preguntas.