Más de mil ovejas y cabras, pastoreadas por Blanca y Carlos, han despertado a los madrugadores y a los ciudadanos de sueño liviano con su tránsito por Huesca desde la variante por la calle Doña Sancha en ruta hacia los frescos pastos del Pirineo donde permanecerán hasta la llegada del otoño para encontrar alimento y una temperatura adecuada para su crecimiento natural.
A Blanca y Carlos, que lucen en sus chalecos la inscripción de "Ganadería Chilica", nombre de la casa en la Jacetania, van acompañados por otros pastores amigos para cruzar la ciudad.
El origen del rebaño es Sangarren, donde hace años están asentados estos jacetanos, y su destino el Ibón de Ip en Canfranc, en busca de los pastos de verano, tras no menos cuatro o cinco días de trashumancia.
Durante días, seguirán la huella de sus antecesores con ese instinto animal que les caracteriza y la sabiduría del pastor con la imprescindible colaboración de sus perros. El día se hace largo desde las 7:30 horas en que han sido grabados en circulación por Huesca, escoltados naturalmente por la Policía Local, hasta que por la noche encuentren esos lugares en los que beben, comen y reposan.
En los tiempos de la locomoción, algunos ganaderos prefieren rendir culto a la tradición y también a la sostenibilidad con la trashumancia como se ha hecho desde siglos, esa costumbre que le ha valido ser Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón desde hace doce años. Usos, leyendas y creencias acompañan el tránsito de los pastores y sus rebaños por cañadas conocidas, salpicadas de casetas, de bordas y de fuentes porque el ecosistema de esta actividad resiste los embates de la modernidad.