"27 Capitales UE en Vespa" de Carlos Causaucau: "Los vespas somos gente simpática"

El autor zaragozano que recorrió Europa en ochenta días recomienda en Santos Ochoa de Huesca "ganas" para lanzarse a la aventura

11 de Junio de 2026
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Presentación de 27 Capitales UE en Vespa de Carlos Causaucau

27 Capitales UE en Vespa es el título del libro presentado este miércoles en la Librería Santos Ochoa de Huesca por su autor, Carlos Causaucau Pérez, un zaragozano que, con 64 años, decidió emprender acompañado de Turquesa, su moto personalizada de la entrañable marca, un largo periplo de ochenta días en los que recorrió veinte mil kilómetros, con una causa y una herramienta: la recaudación de fondos para tratamiento e investigación de la enfermedad de Huntington y las "ganas" como motor.

El espacio de presentaciones de Santos Ochoa estaba atestado, muy rebasado por las sillas habilitadas, de público con el denominador común del amor por la Vespa. De hecho, las preguntas en el coloquio tuvieron un punto "friki" (en el más genial de los sentidos del término) y fueron replicadas por el humor que recorre, al ritmo tranquilo de la moto "lavadora", la personalidad del autor.

La causa reclamaba que, antes de dedicarse a describir lo propio de un libro de viajes, que lo es, llamara la atención sobre la enfermedad sin cura a la que quiere contribuir con la edición. Esa patología genética que procede de "una alteración del cromosoma 4 que provoca la huntingtina" y que requiere la triada de "visibilidad, tratamiento e investigación. Una mutación del gen HTT que provoca una degeneración neuronal y se manifiesta en edades medias.

UN FLÂNEUR EN VESPA

El espíritu de la aventura de Carlos Causaucau recuerda al de los flâneur, los viajeros que deambulan a pie las ciudades sin prisas ni rumbo, sin objetivos de grandes atractivos turísticos -aunque también los recorren- y con la finalidad de destripar el espíritu de las urbes. En su caso, eso sí, con una Vespa PX 200 que ya acumula más de 45 años de edad.

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Causaucau articuló su explicación en torno a un humor somarda, mucha ironía, un punto de surrealismo ("ahora regalan las BMW, porque por todos los lados las encuentras", abundó entre risas del auditorio).

Al ritmo de la icónica moto, recorría con la palabra ese arranque de Lisboa a Oporto que era el comienzo hasta llegar a Zaragoza después de 27 capitales, cuarenta países y una delicia: "En Vespa da tiempo a darle vueltas a la cabeza". Su software fue una libreta que le regaló una mujer viajera que tenía seis hijos, que le permitieron apuntar, al final de cada jornada, todas sus vicisitudes. Incluso un lamento: "Lo peor del viaje ha sido no hablar idiomas, porque dificulta mucho la comunicación", pero, a determinadas, edades, ya se sabe...

"Las Vespas que tengo yo son clásicas", y apuntaba hacia el lugar del cambio de marchas. "Las lavadoras son las automáticas, que no hay más que acelerar y frenar. A la moto no hay que hacerle nada. Lo que hay que hacer es dentro. Ponerte las ganas, trazarte un protocolo de actuación y decir: ya lo tengo todo preparado, ponerme en marcha".

Se había inspirado en quienes habían dado la vuelta al mundo en 79 días en 1962, Santiago Guillén y Antonio Veciana, y cuyas peripecias recogió un libro en 1964. Carlos Causaucau llegó a superar los 15.000 kilómetros de aquella gesta. Al igual que aquellos pioneros, en la obra recoge todo su equipaje, "los recambios, la ropa, todo, para dar pistas y para animar a quien quiera salir para que sepa lo que tiene que portar".

Incidía que, en "la moto, lo que hace falta son ganas. Ir haciendo rutas como alguna que he hecho con vosotros. Hacemos trescientos kilómetros y paramos aquí y allá. Pues hacer 500 kilómetros tampoco es tanto. Ahora, a mí, hacer 1.500 kilómetros en una Vespa tampoco es tanto. Haces trescientos por la mañana y, por la tarde, dices: pues hacer doscientos tampoco es tanto".

El autor explicaba lo que incorporó en la Vespa: "Un petate. Todo lo que llevaba, de arriba a abajo, tenía que sacarlo cuando quería algo. Un pantalón vaquero largo y otro corto, cuatro o cinco camisetas, ropa interior, sudaderas... Y me dio por comprar imanes de nevera de todas las capitales, que ea lo que más pesaba. Me costaba al final cerrar el petate. Llevaba el neceser, un saco de dormir y una tienda de campaña".

En ocasiones, se permitió licencias. Cuando estaba en Ciudad Rodrigo decidió variar espontáneamente para ir a Salamanca. Al día siguiente, a Bilbao y, en ferry, hacia Irlanda, Dublín como meta, luego Gales e Inglaterra. Engrosaba la relación acompañado de un mapa con la ruta señalada con flechas. Francia, Luxemburgo, Bélgica, Amsterdam, Estocolmo, Helsinki, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Alemania y los países del Este hasta Grecia. No todo era fluido, "en Chipre tuve problemas".

Estableció algunos rituales como la "ceremonia de las pegatinas" que colocaba en la Vespa, que iban engrosando el decorado como se apreciaba en los videos. Su filosofía, que quiere animar a que "no se corten" los que desean intentarlo, se resume en una máxima: "Se vive todos los días y sólo se muere una vez... eso sí, cuando se muere, ya no hay más. Todo lo que pretendas hacer, hazlo".

Carlos Causaucau con un público entregado, muy de Vespa
Carlos Causaucau con un público entregado, muy de Vespa

Expuso la experiencia de dos averías "muy importantes". A los cuatro días de salir, tuvo la suerte en Lisboa de encontrar "el mejor taller de Europa occidental", que resolvió el mecánico gracias a su pericia. El problema fue un pistón y fue visto y no visto.

También manifiesta su "devoción" al ángel Cipriano, que se empeñó providencialmente, camino de Macedonia, en que no pasara por una vía, le "metió por una comarcal y me sacó a otra frontera. Paré detrás de un camión. Tuve una avería y me la querían llevar a Sofía, pero la llevé a Tesalónica". Algunos otros contratiempos, que eran menores como las sirgas, los solucionaba él mismo.

Por esas veleidades de la vida que convierten el Babel de los idiomas en la comunicación aunque sea a través de gestos, admite que hizo algunas pequeñas amistades, como con un coreano que se encontró en Praga. "Los Vespas somos gente simpática y nos saluda mucha gente". O el encuentro con dos catalanes que llevaban en el ferry desde Bilbao "dos hermanas mayores de la Vespa, una BMW 1600 y otra 1200".

Carlos Causaucau explicaba que, por aquello de la necesidad de completar su misión, "estoy poco tiempo en cada sitio", eso sí, con intensidad para describir y retratar cada ciudad.

"Con mi amigo Javier", plantea "hacer la vuelta al mundo en Vespa". Con mucho ánimo y poca prisa. Dios mediante, la bendita locura arrancará el 1 de junio de 2029. Y, reconoció, habrá libro. Con mucho humor y, especialmente, "con todas las ganas".

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