Los alumnos de cuarto de la ESO de Almudévar se despidieron este viernes de su etapa en el instituto subiéndose al escenario para representar Arsénico por compasión, una comedia que puso el broche final a meses de trabajo y ensayos. La función, dirigida por el profesor y escritor Mariano de Meer, volvió a demostrar la fuerza de un proyecto que ha convertido el teatro en una auténtica escuela de valores para varias generaciones de estudiantes.
La elección de la célebre obra de Joseph Kesselring no fue casual. De Meer buscaba una propuesta capaz de conectar con un grupo numeroso y especialmente dinámico. "Era una clase muy movida y pensé que necesitaban una obra disparatada, loca y divertida, una historia que los enganchara desde el principio y les hiciera aficionarse al teatro", ha explicado el docente, que cada curso plantea a sus alumnos esta aventura escénica como un proyecto colectivo.
Los ensayos comenzaron al inicio del curso y pronto surgió uno de los principales desafíos: compatibilizar la preparación de la obra con las numerosas actividades extraescolares de los alumnos. Para que todos pudieran participar, incluso quienes tenían más dificultades de horario, el equipo ideó una original introducción que acabó convirtiéndose en una de las grandes sorpresas de la noche.

La representación arrancó con un prólogo de cine mudo acompañado al piano por la profesora de música Chus Labarta. A través de varias escenas interpretadas mediante gestos y mímica, los estudiantes adelantaron algunas de las situaciones que después aparecerían en la trama, aportando dinamismo a una función de larga duración.
De Meer ha destacado la excelente respuesta del público y la evolución experimentada por los jóvenes durante el proceso. "La obra es larga porque pertenece a otra época, pero los chavales la hicieron con una agilidad y una gracia increíbles. Cada vez que aparecía un personaje o sucedía algo inesperado, el público respondía y la función avanzaba con un ritmo fantástico", ha señalado.
El profesor reconoce que cada promoción presenta perfiles muy distintos. Algunos alumnos llegan con experiencia previa en grupos teatrales, mientras que otros descubren por primera vez las exigencias de un escenario. Sin embargo, considera que precisamente ahí reside una de las mayores riquezas de la experiencia. "Hay alumnos que tienen muchas tablas y arrastran al resto con su manera de hablar, su dicción o su presencia escénica. Pero al final todos aprenden algo, todos participan y todos descubren lo que significa trabajar en equipo para sacar adelante una obra".
La satisfacción de los estudiantes quedó patente al finalizar la representación. Algunos de los más reticentes durante los primeros ensayos acabaron completamente entregados al proyecto. "Una alumna que al principio decía que nunca haría determinadas escenas salió al terminar asegurando que había sido la vez que mejor se lo había pasado. Incluso me pedía repetir la obra", ha recordado entre risas.
Esa emoción está ligada también al carácter irrepetible del teatro, una idea que De Meer transmite cada año a sus alumnos. "La magia del teatro está en que es efímero. La representación que hicimos ayer solo existió una vez. Aunque volviéramos a reunirnos dentro de unos meses y representáramos exactamente la misma obra, ya sería otra distinta. Eso es maravilloso y también un poco triste, porque todo ese esfuerzo se concentra en apenas unas horas".

La iniciativa cumple ya nueve años de trayectoria, con el único paréntesis provocado por la pandemia. Durante este tiempo han pasado por el escenario adaptaciones de títulos tan conocidos como La casa de Bernarda Alba, La venganza de Don Mendo o Doce hombres sin piedad -retitulado Un jurado sin piedad porque fue mixto-, además de varios musicales que han implicado a profesores y alumnos de distintas disciplinas.
Más allá del resultado artístico, De Meer insiste en que el principal valor del proyecto se encuentra en todo lo que ocurre durante los meses previos a la representación. "Aprenden a confiar unos en otros, a ayudarse, a sacrificarse y a comprometerse con algo que exige esfuerzo. Hay que salir de casa, aprenderse un papel, ensayar durante meses y trabajar pensando en el grupo. Esa es la verdadera escuela de aprendizaje que hay detrás de cada función", ha reflexionado.
Con el telón ya bajado y el curso prácticamente concluido, Arsénico por compasión se ha convertido en una nueva demostración del potencial educativo del teatro. Un proyecto que nació hace casi una década de manera espontánea y que sigue permitiendo a decenas de jóvenes descubrir la importancia de la creatividad, la responsabilidad compartida y el poder transformador de las artes escénicas.