Antonio Andreu reivindica el aragonés como herramienta para construir el futuro en “No se trescruza pas l’orizón”

El autor presentó en la Feria del Libro de Huesca una obra que reflexiona sobre el poder de la palabra, la identidad y la memoria colectiva

12 de Junio de 2026
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Chusé Inazio Nabarro y Antonio Andreu. Foto Myriam Martínez
Chusé Inazio Nabarro y Antonio Andreu. Foto Myriam Martínez

La lengua, la identidad y el poder creador de la palabra constituyen el eje de “No se trescruza pas l’orizón”, la nueva obra de Antonio Andreu, presentada en la 42 Feria del Libro de Huesca. Publicado por el Consello d’a Fabla Aragonesa, el volumen supone, en palabras de su autor, su “segundo hijo literario” y nace de una reflexión sobre la capacidad del lenguaje para construir realidad y dar sentido al mundo.

Andreu explicó que el libro parte de una idea profundamente vinculada al valor de la palabra como elemento fundacional. “En principio estió a parola”, recordó durante su intervención, evocando la conocida referencia bíblica para subrayar que es el lenguaje el que permite nombrar las cosas, comprenderlas y situarnos en la realidad que habitamos.

Esa convicción constituye también la razón por la que la obra está escrita íntegramente en aragonés, una lengua que el autor reivindica no solo por su valor patrimonial, sino también por su capacidad para seguir siendo una herramienta viva de expresión y pensamiento.

Según defendió, el aragonés trasciende la consideración de patrimonio cultural inmaterial para convertirse en una forma de entender el mundo y de relacionarse con él. En un momento especialmente delicado para su conservación, considera que mantener viva la lengua supone también un ejercicio de resistencia cultural y de afirmación colectiva.

El escritor sostuvo que el regreso a los orígenes lingüísticos no implica una mirada nostálgica hacia el pasado, sino una oportunidad para fortalecer la identidad propia y construir el futuro desde una perspectiva diferenciada. A su juicio, ese esfuerzo permite recuperar una parte esencial de la memoria colectiva y reforzar los vínculos con el territorio y con quienes lo habitan.

La presentación permitió además acercarse al tono de una obra en la que conviven reflexión, literatura y una mirada profundamente vinculada a la cultura aragonesa. Andreu defendió que la lengua constituye mucho más que una herramienta de comunicación y la situó como uno de los elementos fundamentales sobre los que se construye la experiencia humana.

El acto dejó también espacio para el humor, una dimensión que el autor considera inseparable de la creación literaria. Para ilustrarlo, recurrió a una anécdota protagonizada por Johann Wolfgang von Goethe, quien, según relató, intentó contraer matrimonio en su vejez con una joven de 19 años que rechazó su propuesta.

A partir de ese episodio, Andreu imaginó cómo habría sonado aquella negativa si el célebre escritor alemán hubiese sido oscense y se hubiese expresado a través de una jota popular. El resultado fue una composición de carácter jocoso que provocó las sonrisas del público y que sirvió para mostrar otra de las facetas presentes en el libro.

Con “No se trescruza pas l’orizón”, Antonio Andreu propone una obra en la que la defensa del aragonés, la reflexión sobre el lenguaje y el apego a la cultura propia se entrelazan para reivindicar la vigencia de una lengua que, lejos de pertenecer únicamente al pasado, aspira a seguir formando parte del futuro.