Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocaril, "¡viajeros al tren!" de la fascinación del universo sobre raíles

La sede de la entidad en Huesca es un prodigio de ingenio en la creación de maquetas y de movilidad de espectaculares unidades por tierra e incluso aire

15 de Abril de 2026
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Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril, un fascinante mundo sobre raíles

Es como un tesoro escondido. O, en términos de grandes urbes, un mundo distópico como las grandes producciones cinematográficas en las que se entrecruzan especies distintas e irreales en las que sobrevive el ser humano. Por fuera, el nombre de Galerías Santo Domingo, que hace algunas décadas era hervidero de tiendas de proximidad, de mucha proximidad, con clientes que apreciaban la calidad de sus carnes, de sus pescados, de sus panes, de sus verduras, de sus encurtidos e incluso de chucherías. Aquellos pasadizos hoy, salvo excepciones, son ya especie extinguida y los espacios son aprovechados con otros fines... o condenados al desuso.

Desde la calle Tenerías, el acceso va a permitir adentrarse en un mundo inconcebible. Apenas una decena de metros dentro, un cartel: AAAF. Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril. Ha abierto la puerta general su presidente, José Antonio Valle, y dentro hay varios socios. Aquí donde se servía pollo despiezado, parece un pequeño museo o un centro de interpretación de esos que el Gobierno de Aragón pobló la comunidad, en muchos casos con una humildad tan excesiva que el pensamiento crítico hacía cuestionar su conveniencia. A la derecha, arriba, viejas locomotoras del avance de la civilización en el Oeste de indios, vaqueros y duelos en las tabernas. En todo el recibidor, piezas variadas de coleccionismo y muestras de otras en las que se trabaja. A la izquierda, en lo que fue el mostrador, una máquina sale del túnel de Canfranc para hacer el recorrido de apenas un metro. Al fondo, después de tres o cuatro metros de más ferrocarril, la fachada de la estación de Baden Baden, la inspiradora de la de Canfranc, dentro de una maqueta con un paisaje que todavía va a ser completado para poner en marcha el tren. En el fondo, es su sentido de ser.

"Esto no es nada", me repite Carlos Jalle cada vez que expreso la admiración por lo que veo. Desde la entrada, se aprecia a socios (caras conocidas de gente buena y buena gente) y se adivina que ahí se va a acumular un mundo ferroviario rico, porque se introduce hasta la entrada un tren casi a la altura del techo, con unas unidades de tamaño considerable. No deja de ser una paradoja del transporte, un tren por aire más que por tierra. Pero ésta, y lo verán, es la obligada ley del máximo aprovechamiento del espacio. Franqueado el segundo acceso, es inevitable dejarse llevar por una expresión irresistible de la condición humana: la sorpresa que se manifiesta con la boca abierta, que sigue cuando se convierte en asombro. Una gran sala repleta de maquetas, de trenes diferentes, de paisajes propios de nuestra tierra, de construcciones y, sobre todo, de movimiento con ese encanto que, entre todos los modos de transporte, sólo tiene el tren. Fascinación se le llama.

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La Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril cumple veinte años desde su fundación en 2006 y su primera sede se instaló en la Plaza de Santa Clara, donde el presidente, José Luis Sancerni, construyó una maqueta en escala HO (1:87) y la exponía cada año al público en su taller por Navidad. Desde aquella primigenia actividad, anualmente se han reunido sus socios hasta convertirse en una gran familia de amantes de la locomoción por raíles, tanto de los trenes en su condición natural como del modelismo ferroviario que les ha llevado por multitud de eventos especializados y mercados, además de organizar una gran exposición en 2014 que hizo las delicias de la ciudadanía en el Palacio de Congresos.

Al ritmo de los viejos trenes, la Asociación ha crecido en maquetas, en ingenios, en conocimientos y, paralelamente, en la pasión que siempre busca, una vez alcanzado un destino, profundizar más, mejorar. Hoy disponen de un local que en su origen parecía grande, y que está ocupado, valga la expresión, por tierra, mar y aire, como prueba una vía de 130 metros que sobrevuela las cabezas de todos o un mecanismo de acoplamiento para mercancías, una nave para reparación de trenes o un cuadro de control del tráfico ferroviario de un realismo fascinante.

Un mundo increíble en una sala llena de trenes
Un mundo increíble en una sala llena de trenes. Foto Carlos Jalle

Esta tarde de miércoles se han reunido unos cuantos socios. Es habitual verlos entusiasmados, compartiendo proyectos y brindando por auténticas conquistas en modo de maquetas modulares en las cinco escalas del modelismo ferroviario, que ruedan sobre los raíles en diferentes composiciones con un realismo, como el de García Márquez, mágico. Aquí está la historia del ferrocarril y el futuro de los trenes, expuesto prácticamente todo aunque, junto a las viejas y fascinantes locomotoras, se exhibe o se guarda para tiempos de mayor disponibilidad de espacio la alta velocidad de las vertiginosas unidades japonesas.

El local de la Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril es un auténtico museo en movilidad abierto a curiosos y a incorporaciones de socios, siempre con una sonrisa y muchísima locuacidad para explicar, uno a uno, los hitos y algunas historias preciosas que componen un universo armónico en el que todos los integrantes son partícipes, desde los de Huesca hasta los de Binéfar o Monzón, todos atraídos por la edificación de complejos con identidad propia, como constata la presencia de la Estación de Canfranc, de la citada de Baden Baden, la de Anzánigo, la de Orna de Gállego y prácticamente todas las de la ruta del canfranero, y también carteles reales de líneas como Barcelona-Coruña. Letreros como los de Arqueología Ferroviaria o la zona de Garajes, además de un lugar específico para mercancías.

La advertencia antes de entrar no resta un ápice de estupefacción. Sobre las cabezas, un imponente ferrocarril se desliza por 130 metros de raíles en una sala de apenas unas decenas de metros cuadrados. Todos los integrantes de la Asociación se convierten en anfitriones perfectos, sabios de la materia ferroviaria con capacidad de divulgar para que los profanos entendamos la importancia de lo que aquí está representado. Explica su presidente, José Antonio Valle, que el nacimiento surgió "hablando unos con otros, nos fuimos juntando y, poco a poco, miramos un sitio. Encontramos uno, luego otro, y aquí llevamos once o doce años. Nos juntamos dos días por semana y nos contamos nuestras alegrías y penas aquí".

El arraigo puede ser nato o adquirido. "Mi abuelo sí que fue fogonero, pero, aparte de eso, ya no hay nada más. Hay algún socio con su padre ferroviario, pero es una afición como coleccionar sellos o cualquier cosa". Uno de los motores que impulsan la asociación es que "podamos circular con las distintas escalas de los trenes con lo que tengamos de nuestra propiedad o de la asociación. Exponer trenes, construir maquetas, sacar ideas y ponerlas en práctica como el tren por el techo, siempre con esta afición". Hay cinco escalas, las más importantes, especifica Chema Capablo, el tesorero. "Tenemos el local lleno, a ver si nos toca la lotería. Lo pasamos bien, hay muy buen rollo entre los socios y el que viene de visita se va súper contento porque ve que hay una afición chula", agrega José Antonio.

Incide Chema, un manitas en diferentes facetas y especializado singularmente en la pintura, en que está "aprovechado hasta el último hueco, para tener material auténtico, original, que es recuerdo de la historia del ferrocarril. Lo más novedoso y sus orígenes, por ejemplo la línea Selgua-Barbastro o las máquinas de vapor que circulaban por todo el país. El progreso llevó a las diésel, la eléctrica y la alta velocidad".

Chema Capablo y José Antonio Valle, en la Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril
Chema Capablo y José Antonio Valle, en la Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril

PRODIGIOS A ESCALA

José Antonio y Chema presumen de su pequeño milagro. "Esto del techo, cuando nos vino un compañero con un plano, dijimos que entre cuatro que somos aquí no lo vamos a hacer nunca. Pues aquí está. Hemos aportado tiempo donde no había, ilusión de ver que esto ha crecido y todo lo que nos hemos empeñado, funciona. Hay algún artista, uno le da a la electricidad, otro a la madera, te juntas el esfuerzo de todos que es lo que luego tiene su premio: ver funcionar como funciona esto".

Este tren, de escala G, también llamado "tren de jardín, es de 130 metros lineales, 8 cambios de aguja, con semáforos, todo funciona desde un cuadro de mando electrónico. Era un gran trabajo, pero, cuando te empeñas en una cosa, se consigue".

Otro de los grandes logros es "la placa giratoria suspendida del techo, me atrevería a decir que es la única a nivelo mundial, porque estas placas son muy típicas de las maquetas, pero colgada del techo, con locomotoras que pesan ocho kilos, somos pioneros... Y si alguien nos lo copia, bendito sea, que no pasa nada. Cuando ves que te empeñas en algo y ves que funciona, te vienes arriba". 

Permanentemente se marcan retos en forma de proyectos. Expone Chema que "es muy importante tener un planteamiento, una idea más o menos de lo que quieres hacer. Luego está la imaginación, aportar entre todos si se pone una iglesia, los detalles y, a la hora de decorar una maqueta, vas por mercadillos y encuentras una fuente, o un cementerio... Mezclar que sea algo curioso y atractivo para el público". Apostilla José Antonio que se va a colocar una casa de la bruja voladora, "ideas que aportamos entre todos". Pone en valor la gran feria de Lérida a la que van, con ocho mil metros de nave que ves de todo lo que hay".

Remembra José Antonio Valle el encuentro de módulos en el Palacio de Congresos de 2014, cuyo coste el fin de semana era de seis mil euros pero la entonces alcaldesa, Ana Alós, "nos lo consiguió gratis. Huesca recibió a mucha gente que vino de toda España. Los hoteles lo notaron, restaurantes igual porque fue intenso".

La Asociación tiene entre sus socios verdaderos expertos. Aluden a uno de Monzón que sabe las matrículas de cada locomotora, el modelo, la época, si es de Renfe... "La teórica la lleva al pie de la letra".

Una maqueta, de nombre Lourdes, tiene su historia emocional. "Vamos a ferias y, en la Casa de Campo de Madrid, la primera vez que íbamos, fuimos con la sudadera del club, todos igualitos, y de buenas a primeras, vino un señor a José Luis, que era nuestro presente, y dijo que nos quería regalar una maqueta, no la quería vender. Entramos en negociaciones y la maqueta aquí está con todo el material. Y quería verla funcionar y yo creo que se murió feliz, porque estaba muy delicado y de hecho murió hace un par de años. Tiene un valor incalculable, son piezas que ya no se fabrican y están en pleno funcionamiento. Esto lo vas a comprar y ya no lo encuentras. Le pusimos la virgen de Lourdes porque el señor que nos la regaló era de una asociacón de devotos de la Virgen. Le pusimos una rutita y, cuando vino a verla funcionar, nos hizo llorar a todos de la emoción que tenía el hombre".

La Asociación Altoaragonesa de Amigos del Ferrocarril no es la concurrencia de un grupo de frikis. De hecho, además de la genialidad y la creatividad, es preciso el rigor, el método y una cierta cultura de aprovechamiento. José Antonio hace apostolado para todo el que quiera incorporarse desde su empresa de copistería con restos de la judería oscense en Barrionuevo, Chema en su vida particular, otros desde su jubilación. Está abierto, tanto como las puertas de acceso a un tren que conduce por el mundo de la imaginación y de la admiración. Es una asociación abierta a la incorporación y también a enseñar sus maravillas. Como en los viejos responsables de las estaciones de nuestros pueblos, la fórmula para una invitación permanente: "Viajeros al tren".

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