Sostener un proyecto de arte contemporáneo desde el territorio exige algo más que programación cultural: requiere autonomía profesional, estructuras de gobernanza sólidas y una financiación capaz de garantizar continuidad. Sin esos elementos, el riesgo no es solo la fragilidad institucional, sino la pérdida de sentido de iniciativas que aspiran a generar pensamiento, investigación y vínculo con su entorno.
Estas cuestiones han estado en el centro de las reflexiones planteadas con motivo del vigésimo aniversario del Centro de Arte y Naturaleza de Huesca (CDAN), en el marco de unas jornadas dedicadas a analizar el papel de los museos de arte contemporáneo vinculados al territorio y alejados de los grandes núcleos urbanos. Las sesiones, organizadas junto a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, abordaron el recorrido del centro y los retos que afrontan este tipo de instituciones en el contexto actual.
El análisis situó el nacimiento del CDAN en un momento en el que el denominado “efecto Guggenheim” condicionaba buena parte de las políticas culturales en España. Frente a ese modelo de gran equipamiento urbano, el proyecto oscense se concibió desde el inicio como una experiencia de escala distinta, basada en la relación entre arte contemporáneo, paisaje y comunidad, y en una manera de entender el territorio como parte activa del discurso cultural.

Ese planteamiento se apoyó en la convergencia de dos líneas fundamentales. Por un lado, la donación realizada por el artista José Beulas, que cedió su casa, su taller y una colección de obras reunidas junto a María Sarrate. Por otro, el programa de arte y naturaleza impulsado por la Diputación Provincial de Huesca desde los años noventa, centrado en la creación de obras site-specific repartidas por la provincia.
Este recorrido desembocó en 2006 en la apertura del edificio del CDAN, proyectado por el arquitecto Rafael Moneo, concebido como una arquitectura integrada en el entorno y pensada para favorecer un diálogo constante entre arte contemporáneo y paisaje.
El balance de estas dos décadas permitió identificar algunos rasgos que han definido el proyecto: el trabajo desde una escala local sin desconexión del debate artístico contemporáneo; la construcción de una colección coherente en torno al binomio arte-naturaleza; el peso de la investigación, las publicaciones y los programas educativos; y una relación sostenida con la comunidad más allá del público especializado.

La reflexión no eludió los límites estructurales que condicionan el desarrollo del centro. Las aportaciones se situaron en el marco del Código de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte y pusieron el foco en los modelos de gobernanza, la autonomía técnica y la estabilidad presupuestaria de las instituciones culturales públicas.
En este contexto, se analizó el funcionamiento de la Fundación Beulas, entidad que gestiona el CDAN, y el peso mayoritario de la representación institucional en su patronato, una configuración que fue leída de forma crítica al contrastarla con las recomendaciones que apuestan por una mayor presencia de perfiles profesionales independientes y una menor dependencia de los ciclos políticos.
Pese a estas limitaciones, se subrayó que el CDAN ha mantenido en los últimos años una actividad continuada con un equipo reducido, basada en exposiciones de mayor duración, procesos de trabajo más reflexivos y colaboraciones específicas, con la sostenibilidad económica, institucional y conceptual como uno de los ejes del proyecto.
La mirada final se dirigió hacia el futuro inmediato, con especial atención a la necesidad de reforzar los espacios de creación, en particular a través de residencias artísticas. En este punto se planteó el debate sobre la reapertura de infraestructuras cerradas y sobre las condiciones reales para desarrollar programas de apoyo a la creación contemporánea.
El conjunto de las reflexiones permitió realizar un balance sin complacencia de los veinte años del CDAN y formular una pregunta de fondo: cómo garantizar la continuidad de proyectos culturales complejos desde el territorio en un contexto marcado por la fragilidad presupuestaria y la dependencia institucional.