Mucho antes de que los escáneres de alta resolución o la inteligencia artificial comenzaran a descifrar los secretos del cerebro, un niño inquieto descubrió en Ayerbe que la luz podía dibujar el mundo. Aquel hallazgo fortuito, contemplando cómo un haz luminoso atravesaba la rendija de una ventana y proyectaba una imagen invertida sobre una pared, marcaría para siempre la vida de Santiago Ramón y Cajal. De esa fascinación nació una pregunta que aún hoy continúa guiando algunas de las investigaciones más avanzadas de la neurociencia: ¿cómo construye nuestro cerebro la realidad que percibimos? Esa es la premisa sobre la que se levanta "Ramón y Cajal: dibujos en la retina", el largometraje dirigido por el madrileño Luis Gómez Juanes, que podrá verse este viernes, 10 de julio, a las 22:00, en los locales del SENPA, dentro de la programación del XIX Festival Internacional de Cortometrajes "Villa de Ayerbe".
La proyección, con entrada libre hasta completar aforo, adquiere un significado especial al celebrarse en la localidad donde el Nobel aragonés pasó una parte decisiva de su infancia. Al término de la sesión se celebrará un coloquio con el director de la película y el investigador aragonés Alberto Jiménez Schuhmacher, uno de los científicos aragoneses de mayor proyección internacional y experto en la materia, antes de abrir un turno de preguntas con el público. Moderará la periodista de EL DIARIO DE HUESCA, Myriam Martínez.
"Ramón y Cajal: dibujos en la retina" propone una experiencia inmersiva atravesada por el rigor histórico y científico para adentrarse en el pensamiento del Nobel aragonés. La película explora la herencia de sus descubrimientos y también su extraordinario talento artístico y el empeño que mantuvo durante toda su vida por comprender cómo el cerebro transforma la realidad en imágenes, una cuestión que continúa ocupando a la neurociencia del siglo XXI.
Para Luis Gómez Juanes, la clave para comprender a Ramón y Cajal reside precisamente en esa unión entre disciplinas aparentemente alejadas. "Cuando empecé a leer sobre él descubrí un universo que iba mucho más allá del Nobel", explica el director. "Había documentales de menos de una hora y obras de ficción, pero no un largometraje pensado para salas de cine que permitiera acercarse a toda la dimensión del personaje".
Ese universo comenzó a construirse durante los años que el joven Ramón y Cajal pasó en Ayerbe. Según relata el cineasta, uno de los episodios decisivos tuvo lugar cuando, tras una de sus travesuras, permanecía encerrado en una habitación y observó que la luz que penetraba por una rendija proyectaba en la pared la imagen invertida del exterior. Sin saberlo, acababa de descubrir por sí mismo el principio de la cámara oscura, descrito siglos antes por Leonardo da Vinci, pero completamente nuevo para él. "Aquello le marcó profundamente y despertó su fascinación por las imágenes", afirma Gómez Juanes.
Aquella experiencia no solo despertó su interés por la fotografía. También sembró la inquietud que acabaría guiando toda su carrera: comprender de qué manera los estímulos procedentes del mundo exterior se convierten en las representaciones que genera nuestro cerebro. Esa búsqueda terminó impregnando toda su producción científica y artística hasta convertir ambas facetas en una misma forma de conocimiento.
Desde esa mirada contemporánea, la producción establece un diálogo entre los hallazgos de finales del siglo XIX y los avances científicos actuales. Los testimonios de investigadores, historiadores y artistas muestran cómo las intuiciones de Cajal siguen inspirando nuevas líneas de trabajo y revelan la extraordinaria vigencia de su pensamiento. Ese puente alcanza uno de sus momentos más simbólicos cuando una máquina intenta responder a la última gran pregunta que formuló el Nobel: cómo se forman las imágenes en el cerebro.
El largometraje sostiene que esa obsesión fue el auténtico hilo conductor de toda su existencia. No solo impulsó sus investigaciones sobre las neuronas, sino que también alimentó su pasión por la fotografía y convirtió sus dibujos microscópicos en un instrumento imprescindible para comprender la arquitectura del sistema nervioso cuando todavía no existían las tecnologías actuales.
Esas ilustraciones, admiradas hoy tanto por la comunidad científica como por historiadores del arte, ocupan un lugar central en la película. Su precisión permitió describir un universo invisible para la medicina de finales del siglo XIX y, al mismo tiempo, reveló una sensibilidad estética que lleva al documental a presentar a Ramón y Cajal como un creador adelantado a su tiempo, cuya manera de observar la realidad anticipó algunas corrientes visuales del siglo XX.
La aproximación elegida por Luis Gómez Juanes también se aparta de los esquemas habituales. En lugar de construir un relato lineal, opta por una narración coral que reúne a más de una veintena de científicos, artistas, historiadores y especialistas, convencido de que ninguna disciplina por sí sola puede explicar la complejidad del personaje. "No se puede abordar a Cajal desde un único punto de vista", sostiene.
Entre ellos figuran referentes internacionales como Rafael Yuste, Ángela Nieto, José Ramón Alonso, Laura López-Mascaraque, Juan de Carlos, Paula Anta, Jaime Brihuega, Fernando de Castro, José María Serrano, Yolanda Polo, Juan Pimentel y Alberto Jiménez Schuhmacher, cuyas aportaciones permiten conectar el legado del Nobel con los desafíos científicos del presente.
Unos analizan la trascendencia de sus descubrimientos, otros profundizan en el contexto histórico en el que desarrolló su trabajo y algunos ponen el foco en una faceta menos conocida: la del artista que convirtió el microscopio en una herramienta para crear imágenes de extraordinaria belleza.
Durante el proceso de documentación, el equipo recorrió algunos de los lugares esenciales en la vida del científico, desde Petilla de Aragón, donde nació, hasta Ayerbe, Huesca, Jaca, Zaragoza y Madrid, además de visitar centros de investigación en Salamanca y Alicante para entrevistar a especialistas que continúan desarrollando líneas de trabajo inspiradas en sus descubrimientos.
Uno de los momentos más especiales del rodaje llegó gracias a Fernando de Castro, custodio de una parte del legado familiar de Ramón y Cajal. El acceso a ese material, prácticamente inédito, permitió filmar documentos que permanecían alejados de la mirada del público desde hacía décadas.
La preparación de la película se prolongó durante varios años y estuvo marcada por una intensa labor de investigación. El director destaca la generosidad con la que instituciones y especialistas abrieron sus archivos para facilitar el trabajo del equipo.
"Todo el mundo nos abrió las puertas de forma totalmente desinteresada. La Universidad de Zaragoza, el Legado Cajal, el Museo Cajal… Ha sido un proceso de años leyendo sobre su vida y conociendo puntos de vista muy distintos, pero probablemente ha sido una de las partes que más he disfrutado", explica.
Esa búsqueda también estuvo condicionada por una dificultad inesperada: la desaparición de una parte importante del patrimonio documental del Nobel. Aunque el largometraje reúne una cantidad excepcional de archivos, todavía existen numerosos documentos perdidos, entre ellos buena parte de su correspondencia personal, lo que convierte cada hallazgo en una pieza de enorme valor para comprender mejor su trayectoria.
La afinidad entre el director y el personaje va mucho más allá del interés cinematográfico. Antes de ingresar en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM), Luis Gómez Juanes se licenció en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid. Esa doble formación terminó convirtiéndose en una ventaja a la hora de acercarse a un hombre que nunca entendió la ciencia separada de la creatividad.
"Me sentí muy inspirado porque Cajal era una persona obsesionada con el mundo de las imágenes. Esa obsesión conecta todas sus facetas: investigador, fotógrafo e ilustrador. Ahí encontré el hilo conductor de la película", afirma.
La vocación cinematográfica del realizador nació mucho antes de iniciar su carrera profesional. Él mismo recuerda que fue su padre quien despertó su pasión por el séptimo arte cuando apenas tenía diez años, mostrándole clásicos como "2001: Una odisea del espacio" o las películas de los hermanos Marx. Años después, mientras estudiaba Física, organizaba ciclos de cine en la universidad hasta que comprendió que ambas disciplinas compartían una misma esencia: "Intentar comprender la realidad, aunque lo hagan desde miradas diferentes", resume.
Esa combinación entre conocimiento científico y lenguaje audiovisual ha marcado buena parte de su carrera. Tras escribir el guion del largometraje "Europa", seleccionado en festivales como la Seminci o el Festival Internacional de Cine de Moscú, desarrolló diversos proyectos documentales antes de crear Filmociencia, una productora especializada en acercar la investigación al gran público a través del cine.
La película también invita a reflexionar sobre la forma en que España conserva el legado de una de sus figuras científicas más universales. Para Luis Gómez Juanes, el reconocimiento institucional de Ramón y Cajal todavía no está a la altura de la relevancia internacional que alcanzó su trabajo, una circunstancia que, a su juicio, se corregirá con la creación de un gran espacio dedicado a preservar y divulgar su obra. El lugar, opina, es una cuestión secundaria. "Lo importante es que exista un museo nacional sobre Cajal y la Escuela Histológica. Estamos hablando de una de las personas más importantes de la historia de España. Otros países han sabido poner en valor a sus grandes científicos y aquí todavía queda mucho por hacer para cuidar ese legado", afirma el director.
La reivindicación enlaza con el propio espíritu del documental, que no pretende convertir al Nobel en un personaje encerrado en los libros de historia, sino mostrar hasta qué punto sus descubrimientos siguen condicionando el presente. Las investigaciones que impulsó hace más de un siglo continúan siendo el punto de partida de numerosos proyectos internacionales dedicados a comprender el funcionamiento del cerebro, mientras sus dibujos permanecen como una referencia imprescindible para la neurociencia moderna.
Tras su estreno en salas comerciales y su recorrido por festivales especializados, "Ramón y Cajal: dibujos en la retina" ha iniciado una nueva etapa con proyecciones en circuitos culturales, universidades y encuentros divulgativos, un formato que permite acompañar cada pase con coloquios en los que el público puede dialogar con científicos y responsables de la producción.
El balance, reconoce Luis Gómez Juanes, no puede ser más satisfactorio. "Dentro de lo que supone un documental en España, la respuesta ha sido muy buena. Tanto la crítica como el público nos han dado alegrías y creemos que esta es una película con recorrido porque habla de una figura imperecedera, no de un acontecimiento concreto", explica.
Precisamente esa vocación de permanencia es la que convierte la cita de este viernes en Ayerbe en algo más que una simple proyección. El documental regresa al lugar donde comenzó la aventura intelectual de Ramón y Cajal, permitiendo que vecinos y visitantes contemplen su historia en el mismo escenario donde nació una de las intuiciones que cambiarían la medicina para siempre.
La sesión tendrá además un valor añadido gracias al coloquio posterior con Luis Gómez Juanes y Alberto Jiménez Schuhmacher, investigador del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón) y una de las voces más reconocidas de la divulgación biomédica en la comunidad. El encuentro permitirá profundizar tanto en el proceso creativo de la película como en la vigencia de un pensamiento que sigue inspirando a generaciones de científicos.
¿Cómo convierte nuestra mente la luz en recuerdos, emociones y pensamientos? Quizá la respuesta aún tarde en llegar, pero el documental de Luis Gómez Juanes demuestra que, para empezar a encontrarla, basta con volver la vista hacia aquel niño que un día descubrió, en una habitación de Ayerbe, que una simple rendija podía abrir la puerta a un universo entero.