La Ciudadela de Jaca acogió la noche del pasado viernes el último gran concierto de la XXXV edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. Fue la despedida de una cita que "ha marcado todo un hito en la recuperación y difusión del patrimonio", destaca la organización, y lo hizo de la mano de una de las formaciones más prestigiosas y longevas del panorama internacional: Capella de Ministrers, bajo la dirección del gran Carles Magraner. Titulada Mediterrània. Un mar de música, la propuesta no fue sólo un concierto de despedida. Resultó ser un arrebato sonoro sobre cómo el mar que baña nuestras costas es todo un gran cauce de intercambio, brío, vida y cultura que conectó el Renacimiento con el Barroco.
Magraner, violagambista y musicólogo de dilatada trayectoria, planteó la velada como una intensa travesía a través de las sensibilidades que definieron Europa durante los siglos XVI y XVII. Y como por arte de magia, el público de la Ciudadela se sintió transportado a escenarios sonoros, únicos para la música. Magraner, quien fundó Capella de Ministrers en 1987 con el firme propósito de rescatar el patrimonio olvidado, explicó la génesis de esta apuesta por el Mediterráneo: “De algún modo, el Mediterráneo de Monteverdi, Frescobaldi y sus contemporáneos reflejan esa misma realidad: un espacio abierto donde confluyen tradiciones, sensibilidades e influencias diversas. Si tuviera que resumirlo en una idea, diría que nuestro mayor valor añadido es convertir el patrimonio musical en una experiencia cercana, emocionante y profundamente humana”.

El programa fue un despliegue de virtuosismo y conocimiento. La figura de Claudio Monteverdi sobrevoló la Plaza de los Polvorines como el arquitecto del paso entre dos mundos. Como bien destacó Magraner, “Monteverdi es, sin duda, la figura que mejor simboliza el paso del Renacimiento al Barroco. Su música inaugura una nueva manera de entender la expresión, donde las emociones humanas y el significado de las palabras adquieren un protagonismo absoluto”. A su lado, la figura de Girolamo Frescobaldi aportó el contrapunto de innovación instrumental. “Fue un innovador extraordinario que abrió nuevos caminos para la música de teclado y ejerció una influencia decisiva en generaciones posteriores de compositores europeos”, subrayaba el director valenciano.
Esta edición del FICS ha puesto especial énfasis en la Corona de Aragón, y la elección de Capella de Ministrers para el concierto final reforzó este eje temático. Magraner lo valoró muy positivamente: “Me parece una iniciativa muy valiosa y necesaria. La Corona de Aragón fue un espacio de encuentro entre culturas, lenguas y tradiciones que dejó una huella profunda en la historia musical del Mediterráneo”. Para el director, esta no es una cuestión de arqueología académica, sino de identidad viva: “Festivales como este contribuyen a recuperar y difundir un legado extraordinario, poniendo en valor repertorios, manuscritos y compositores que forman parte de nuestra identidad cultural. Además, nos ayudan a comprender que la música fue uno de los principales vehículos de intercambio entre los distintos territorios de la Corona, desde Valencia y Cataluña hasta Mallorca, Sicilia o Nápoles”.

Un gran ensemble y dos estupendos Pino de Vittorio y Èlia Casanova, más una energía “muy vinculada al espíritu innovador" de los autores interpretados, fue la clave de la conexión con el auditorio jaqués. O lo que es lo mismo, ahondar en una fuerza expresiva capaz de transformar sentimientos en música. "Lo más importante", insistía antes del concierto, "es escuchar con atención, disfrutar de los matices y permitirse viajar en el tiempo a través de estos sonidos que forman parte de nuestra memoria cultural mediterránea".
COMPROMISO CON LA EXCELENCIA
Al reflexionar sobre el estado actual de la música antigua, Carles Magraner se mostró optimista pero también consciente de los retos que aguardan en el futuro inmediato. En su opinión, estamos viviendo un "momento de los más estimulantes de las últimas décadas", caracterizado por un nivel interpretativo que ha alcanzado la excelencia internacional. Sin embargo, el desafío de conectar con las nuevas generaciones es una prioridad que no admite demora. “A veces existe la idea de que la música antigua es algo lejano o reservado a especialistas”, comentó, “cuando en realidad habla de emociones profundamente humanas: el amor, la pérdida, la esperanza, la celebración o la espiritualidad”.
Magraner hizo una llamada a la reflexión sobre el papel de estas músicas en nuestra sociedad: “Cuando conseguimos transmitir esa dimensión cercana, sucede algo muy hermoso: el público descubre que estas obras, aunque fueron escritas hace siglos, siguen emocionándonos con una fuerza sorprendente”. El director también puso sobre la mesa la necesidad de estabilidad para los proyectos culturales. “La creación, la recuperación patrimonial y la difusión cultural requieren tiempo, continuidad y apoyo. Por eso será esencial reforzar la colaboración entre instituciones, festivales, centros de investigación y formaciones especializadas”.
El concierto en la Ciudadela no fue sólo un cierre de festival, fue además un manifiesto hecho directo. Magraner concluyó sus reflexiones con un optimismo que verdaderamente contagia: “Después de tantos años dedicados a este ámbito, sigo comprobando concierto tras concierto que el público responde con entusiasmo cuando se le ofrece una propuesta rigurosa, sincera y capaz de comunicar. Y es que, más allá de estilos o épocas, la música siempre encuentra la manera de conectar con las personas”.
La música de Monteverdi y Frescobaldi, al entrelazarse con la identidad de la Corona de Aragón, "demostró no sólo que el cualquier pasado sigue vivo, sino que es un horizonte inagotable de belleza y júbilo en manos de buenos intérpretes. Y es que la trigésimo quinta edición del FICS nos ha recordado, de verdad, que la Música es todo un Camino privilegiado para el cultivo y la felicidad desde las Artes".