El historiador y miembro de la Agrupación Astronómica de Huesca, Carlos Garcés Manau, ha impartido este martes en Fundación Ibercaja Huesca una conferencia sobre el eclipse total de sol del 3 de junio de 1239, uno de los más conocidos de la historia y del que existe una referencia en un manuscrito conservado en un libro de la Catedral de Huesca.
La charla se enmarca en los actos que la Agrupación Astronómica de Huesca está organizando con motivo del próximo eclipse total de sol, que tendrá lugar el 12 de agosto y que podrá contemplarse desde distintos puntos de la península ibérica. Aragón será una de las comunidades desde donde este fenómeno podrá observarse en mejores condiciones, especialmente en su zona sur, lo que ha despertado un renovado interés por la historia de otros eclipses visibles desde el territorio.
Garcés centró su intervención en el eclipse medieval de 1239 y en la huella que dejó en la documentación oscense. Según explicó, el texto original se encuentra en un manuscrito conservado en la Catedral de Huesca, dispuesto en dos columnas, y forma parte de una obra fundamental en la historia de Occidente: una de las cuatro partes del Corpus Iuris Civilis del emperador Justiniano, del siglo VI.
El historiador recordó que esta compilación constituye la principal recopilación de Derecho romano conservada y uno de los textos jurídicos más influyentes de la historia. A su juicio, es uno de los pilares que contribuyeron a hacer de Occidente, desde la Edad Media hasta la actualidad, “la patria de la ley y del derecho, al menos en teoría”.

Para llegar hasta la noticia del manuscrito, Garcés organizó la conferencia en cuatro partes, con el objetivo de situar el eclipse en su contexto astronómico, histórico, cultural y documental.
En primer lugar, explicó por qué se producen los eclipses de sol. La respuesta, señaló, está en la existencia de la Luna. Este fenómeno ocurre cuando la Luna se sitúa entre la Tierra y el Sol, bloqueando total o parcialmente la luz solar y proyectando una sombra sobre la superficie terrestre.
Garcés recordó que existen tres tipos principales de eclipses solares. El eclipse total se produce cuando la Luna cubre completamente el disco solar; el parcial, cuando solo oculta una parte del Sol; y el anular, cuando la Luna se encuentra más lejos de la Tierra en su órbita y su tamaño aparente es menor que el del Sol, de manera que queda visible un anillo luminoso alrededor.
El historiador destacó que, antes de que estos fenómenos pudieran explicarse con criterios científicos, los eclipses generaban una gran inquietud. Su aparición repentina, la pérdida de luz en pleno día y la falta de conocimientos para interpretarlos con precisión hacían que fueran vividos con asombro. En una sociedad medieval, sin las herramientas actuales para predecirlos, un eclipse total de sol podía convertirse en un acontecimiento profundamente impactante.
En la segunda parte de la conferencia, Garcés se detuvo en la Huesca del siglo XIII, la ciudad que contempló aquel eclipse. La definió como una Huesca “muy singular y muy interesante”, marcada por una configuración urbana y social tripartita, en la que convivían cristianos, musulmanes y judíos.
Uno de los datos destacados fue la aparición del primer escudo de la ciudad, fechado en 1247, en el que figuran tres estrellas. Garcés subrayó lo llamativo de este hecho, al producirse apenas ocho años después del eclipse total de sol de 1239.

El historiador también explicó que, aunque las tres comunidades convivían en la misma ciudad, en cierto modo vivían “en milenios diferentes”, ya que cada religión y cultura contaba los años desde un punto de partida distinto. Los cristianos utilizaban el calendario basado en el nacimiento de Cristo; los musulmanes contaban desde la Hégira, la emigración de Mahoma de La Meca a Medina en el año 622 d. C.; y los judíos tomaban como referencia una fecha simbólica de la creación del mundo, según la tradición bíblica.
De este modo, una misma fecha histórica podía corresponder a años muy diferentes según el calendario empleado por cada comunidad. Esta diversidad, en la forma de medir el tiempo, refleja también la riqueza cultural de la Huesca medieval y la complejidad de una ciudad en la que convivían distintas tradiciones, creencias y maneras de interpretar el mundo.
Garcés repasó, además, algunos de los principales elementos que se consolidan en la Huesca del siglo XIII. Entre ellos, la división de la ciudad en cuatro parroquias —Catedral, San Pedro el Viejo, San Lorenzo y San Martín—, una organización que se mantendría prácticamente hasta la época contemporánea, antes de la aparición de nuevas parroquias.
También aludió a la llegada de las órdenes mendicantes, como los franciscanos y los dominicos, y al fenómeno religioso de la Virgen de Salas y sus milagros, considerado uno de los grandes elementos devocionales de aquel siglo. Asimismo, recordó la primera mención de la iglesia de San Lorenzo en 1217.
El conferenciante situó también en este contexto el inicio de las obras de la Catedral gótica que hoy conocemos, en 1273, así como la creación del Vidal Mayor, en 1247, una compilación de los Fueros de Aragón que Jaime I encargó al obispo Vidal de Canellas, experto jurista y posible autor del manuscrito en el que aparece reflejado el eclipse.
Otro de los protagonistas históricos mencionados fue Jaime I el Conquistador, quien en su autobiografía, el Llibre dels Feyts, alude también al eclipse del 3 de junio de 1239. Esta referencia contribuye a situar el fenómeno dentro de una memoria histórica más amplia, en la que el oscurecimiento del sol quedó asociado a un momento de fuerte impresión colectiva.

En la tercera parte de la conferencia, Garcés abordó la capacidad actual para predecir eclipses futuros y reconstruir eclipses del pasado. Explicó que esta posibilidad se desarrolló especialmente a partir del siglo XVIII. Antes se conocían aspectos del mecanismo de los eclipses, pero predecirlos con exactitud estaba fuera del alcance de la mayoría de las personas.
Por ello, aquel mediodía del 3 de junio de 1239, cuando el sol comenzó a oscurecerse y la noche pareció caer en pleno día durante varios minutos, debió de causar una enorme impresión entre quienes lo presenciaron. Garcés señaló que el fenómeno tuvo que vivirse como un acontecimiento extraordinario, difícil de comprender desde los conocimientos de la época.
La última parte de la conferencia se centró en el manuscrito conservado en la Catedral de Huesca. Garcés explicó que pertenece al Codex Repetitae Praelectionis, una de las partes del Corpus Iuris Civilis de Justiniano, y que en sus páginas se recoge la noticia del eclipse de 1239.
El historiador recordó que en 1953 el archivero y canónigo de la Catedral de Huesca, Antonio Durán Gudiol, publicó Los manuscritos de la Catedral de Huesca, obra en la que reseñó el códice donde aparece la noticia. Sin embargo, la referencia pasó desapercibida durante décadas porque en la traducción no se utilizó la palabra eclipse, sino que se indicó que “el sol se oscureció”.
Además, una confusión en la transcripción llevó a fechar el fenómeno en un año anterior, en el que no se produjo ningún eclipse. Garcés apuntó que, de haberse identificado expresamente como un eclipse, probablemente esta cita habría tenido mayor difusión y habría sido localizada antes por los investigadores. La referencia, publicada ya en 1953, quedó prácticamente olvidada, “como si no se hubiera publicado”.
Una parte del texto del manuscrito recoge: “En el nombre del Señor, amén. En el año 1239, el viernes día tres al comienzo de junio, cerca del mediodía, el sol se oscureció y se hizo la noche........”.
La conferencia permitió unir astronomía, historia medieval, derecho romano y patrimonio documental oscense en torno a un eclipse que, casi ocho siglos después, sigue siendo objeto de estudio y divulgación. También sirvió para recordar la importancia de los archivos y manuscritos históricos que, con el paso del tiempo, ayudan a reconstruir grandes acontecimientos del pasado.