El escenario aparece casi destartalado, sucio y con enseres caóticamente expuestos. Un foco que pende de un cable eléctrico, una mesa y unos bancos tirados, una abandonada caja de maquillaje, un gramófono...
Pero antes de hacerse la magia, es Luis Casaus, director del Corral de Comedias de Robres, quien se dirige al público asistente para ponerle la miel en los labios adelantándole algunos pequeños detalles de lo que se prepara esta temporada y se anunciará en breve. Terminada su breve disertación, apuntará al director de la compañía que hoy estrena en este lugar, Alberto Castrillo-Ferrer, calificándolo como uno de los mejores directores escénicos del panorama teatral.
Saluda al público a continuación Marian Nadal, responsable de producción del programa Aragón Tierra de Cultura, quien explica las líneas generales del programa y agradece, tanto al Corral de Comedias como al Ayuntamiento, su colaboración.
El director de la compañía, en tercer lugar, hace unas consideraciones acerca de los efectos de iluminación —a falta de telón, se sustituyen sus bajadas y subidas por variaciones de luz— y desea que el público disfrute de la función, advirtiendo de que la cronología teatral no es lineal.
Y ahí aparece Paulino, interpretado por Luis Rabanaque, que comienza a adecentar el escenario, el espacio donde se desarrollaron los hechos. En breve asoma Carmela, encarnada por Laura Plano, muerta, pero con la vitalidad, encanto y desparpajo de siempre. Su vestuario, una combinación blanca en la que destacan manchas rojas de trágica factura, se convierte en una señal inequívoca del momento narrativo.
Y, ya situados, comienzan noventa minutos de teatro. Un teatro que emociona, con diálogos en los que, tras una primera nota de humor, se insinúan la angustia, el temor o la compasión.
Carmela y Paulino cantan, bailan e interactúan con un teniente italiano que supervisa el evento. Tratan de sobreponerse a los escasos medios escénicos con simpatía y determinación, alternando sonrisas con comentarios sarcásticos dirigidos el uno al otro, siempre bajo la presión de la guerra. Laura Plano y Luis Rabanaque sostienen la función con solvencia, transitando con precisión por esa frontera difusa entre el humor y el drama.

Larga ovación cuando los actores culminan su trabajo y comentarios elogiosos del público cuando, cerca ya de las 21:00 horas, abandonan el Corral de Comedias de Robres.
UNAS PINCELADAS FINALES
Hablar de ‘¡Ay, Carmela!’, de José Sanchís Sinisterra, es referirse, quizá, a uno de los últimos grandes textos del teatro contemporáneo español. Desde su estreno en 1987 en el Teatro Principal de Zaragoza, con José Luis Gómez y Verónica Forqué, hasta su versión cinematográfica dirigida por Carlos Saura, con Carmen Maura y Andrés Pajares.
En esta ocasión regresa de la mano de la compañía aragonesa La Calle 47, dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer y protagonizada por Laura Plano y Luis Rabanaque. Una versión en la que valores como la dignidad, la resistencia, la sensibilidad y el amor vuelven a ocupar el centro del relato, con una Carmela dispuesta a sacrificarlo todo en un último acto de rebeldía frente a la sinrazón.

El título de la obra remite a una canción popular española, con raíces en la Guerra de la Independencia (1808) y posteriormente asociada a la Guerra Civil Española (1936-1939), donde adquirió distintas versiones como “El paso del Ebro” o el himno de la XV Brigada Internacional.
Laura Plano: natural de Lobera de Onsella (Zaragoza), 1962. Actriz, directora y docente con más de 40 años de trayectoria, ha formado parte de algunos de los grupos teatrales más emblemáticos de Aragón. Fundó su propia compañía en 2015 y ejerce como profesora desde 1986, actualmente en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza. Inició su carrera profesional en 1984 con Teatro de La Taguara y ha trabajado con compañías como Teatro Estable, Teatro del Alba, Tranvía Teatro, Teatro de la Ribera, el Centro Dramático de Aragón, Diábolo Producciones o Espectáculos Tauro, donde dirigió una versión libre de Romeo y Julieta.
Luis Rabanaque: originario de Torrero (Zaragoza), 1967. Actor, guionista y fotógrafo, es conocido por su participación en el programa televisivo ‘Oregón TV’. Se formó en la Escuela Municipal de Teatro a partir de 1992 y ha desarrollado una extensa carrera sobre los escenarios con compañías como Teatro del Temple, Tranvía Teatro, Lagarto-Lagarto, McClown, Teatro Indigesto o Gato Negro. Ha intervenido en montajes como Museo Arriba, Museo Abajo, La Celestina, La dama duende o La venganza de Don Mendo.
Alberto Castrillo-Ferrer: actor y director teatral, ha dirigido más de veinticinco espectáculos tanto en España como en el extranjero. A lo largo de su trayectoria ha sido reconocido con el Premio Jóvenes Creadores de la Comunidad de Madrid, el Premio MAX al Mejor Espectáculo de Teatro Musical y el Premio Teatro de Rojas, consolidándose como una de las figuras destacadas del panorama escénico.