La tarde del viernes, en una nueva muestra de la vocación transversal del Corral de Comedias de Robres, se representó el libro "La teatralización del cambio climático", a cargo de su autor, el maestro, docente, investigador y doctor en Geografía Carmelo Marcén Albero. Es autor de numerosos artículos e investigaciones sobre medio ambiente y educación, publicados en diversos medios de comunicación, y recibió el Premio Nacional Educación y Sociedad en 1992 y 1993.
El acto comenzó puntualmente con la presentación de Luis Casáus, quien hizo referencia a la condición monegrina del invitado y al parentesco que les une. Concluyó su intervención dando lectura a la carta que Carmelo Marcén le remitió con motivo de su invitación.
En dicha misiva expresó su satisfacción por formar parte del XXV Festival de la Oralidad, tanto por el propio escenario como por los lazos que mantiene con la localidad natal de su bisabuela. "Unos parentescos ya lejanos, pero de afectos cercanos", manifestó.
Carmelo Marcén reconoció que se inspiró en "Eco y Narciso", de Calderón de la Barca, y en el universo ambiguo que plantea esta obra. Afirmó que "a veces da la impresión de que celebra los encantos de una idílica y bucólica Arcadia, mientras que en otros momentos parece que se insinúa la siempre efímera y frágil armonía de un lugar concreto soñado/aprehendido por alguien".

El autor indicó que se refugió en un juego dialéctico, en un acontecer de engaños y desengaños que provocan la desconfianza del lector ante determinaciones fijas y persiguen que no sea un mero espectador, sino que participe en una revisitación del auto sacramental calderoniano "El gran teatro del mundo".
En su carta introductoria también denunció las luces y sombras, tan interconectadas en esta tragicomedia del cambio climático. Alabó el postureo de grandes empresas y administraciones sobre el clima para concluir que constituye un adorno engañoso; expuso la urgencia de establecer alianzas climáticas mientras dudaba de su viabilidad y eficacia en un mundo dominado por los patriotismos; reivindicó la importancia de la conciencia ecosocial en los países ricos y su repercusión sobre los más pobres y, finalmente, acuñó el término "maniambientados" para referirse al poder de los medios de comunicación y a las fake news relacionadas con el clima.
Una vez finalizó la lectura de la carta, comenzó la presentación propiamente dicha. A través de una selección de diapositivas, acompañadas por los comentarios del autor, cargados de ironía e ilustrados con referencias a clásicos del cómic, como Paco Ibáñez, y del periodismo gráfico, como El Roto, el público asistió a una auténtica clase magistral, adaptable a distintos tipos de audiencias.
El recorrido abarcó desde las antiguas glaciaciones hasta la época en la que el Mediterráneo era un lago cerrado y las variaciones climáticas de la Cubeta del Ebro. También incluyó imágenes tan sugerentes como la de un ingeniero bioclimático mostrando un real decreto a un anticiclón o el primer plano de una mano sosteniendo un vaso con un lema tan impactante como "fragmento del último glaciar disolviéndose en un whisky".
Durante algo más de una hora, Marcén encadenó reflexiones sobre quienes calificó como "los amos del mundo", intercalando constantes referencias al medioambiente —"escrito así, todo junto", apostilló— y numerosos ejemplos de actuaciones fallidas. Algunas de ellas, como las relacionadas con el sistema de contenedores, provocaron incluso comentarios de indignación entre el público.
En definitiva, la sesión concluyó con varios corolarios que resumían el mensaje central de la obra —"atreverse a entrar para reparar" o "pequeños gestos pueden amortiguar graves amenazas"— y con una invitación a no dejarse vencer por la ecoansiedad. Carmelo Marcén defendió que la batalla contra el cambio climático debe mantenerse por una cuestión de responsabilidad con las generaciones futuras y porque, en última instancia, constituye una lucha por la propia salud.