El Castillo de Montearagón vuelve a ocupar el lugar protagonista que tuvo hace más de cinco siglos

Una recreación histórica basada en el rigor científico muestra al público objetos, indumentaria y técnicas de combate de la Edad Media

María José Sampietro
Filóloga y diseñadora gráfica
14 de Junio de 2026
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Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed
Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed

El Castillo de Montearagón, uno de los monumentos medievales más emblemáticos de Aragón, ha vuelto a convertirse en escenario de la historia. La fortaleza fue este sábado el marco de una recreación histórica que permitió a decenas de visitantes viajar al siglo XV para conocer de cerca uno de los episodios más convulsos del Alto Aragón: el enfrentamiento entre los linajes de los Gurrea y los Urriés.

La actividad forma parte del programa organizado por el Archivo Histórico Provincial de Huesca con motivo de la Semana Internacional de los Archivos, celebrada del 8 al 13 de junio. Dentro de esta programación destaca la exposición Urriés contra Gurrea: guerras aristocráticas en el Alto Aragón al final de la Edad Media, inaugurada el pasado jueves y que podrá visitarse hasta el próximo 9 de octubre.

Comisariada por los historiadores Carlos Laliena Corbera, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, y María Teresa Iranzo Muñío, archivera del Gobierno de Aragón, la muestra expone de forma didáctica el resultado de varios años de investigación desarrollada a partir de documentación original conservada en diferentes archivos aragoneses.

Paralelamente, los resultados de este trabajo han sido publicados por Prensas de la Universidad de Zaragoza bajo el título Días de guerra en la Corona de Aragón (Huesca 1460-1480), una obra que profundiza en unos conflictos nobiliarios que dejaron una profunda huella en la historia del reino.

La documentación conservada ha permitido reconstruir con notable precisión los altercados y enfrentamientos que protagonizaron ambas familias. Lejos de simples disputas, aquellos conflictos derivaron en auténticas batallas que tuvieron como escenario las calles de Huesca, el interior de la catedral, distintas localidades de La Hoya e incluso el propio Castillo de Montearagón.

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Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed
Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed

LA GUERRA DE LOS LINAJES

La recreación histórica ha sido estrechamente vinculada a ese contexto bélico. El trasfondo de la actividad fue la guerra que enfrentó durante décadas a los Gurrea y los Urriés, dos de las familias más poderosas e influyentes del Alto Aragón.

La lucha tenía múltiples dimensiones. Por un lado, ambas casas buscaban controlar territorios y consolidar su posición política. Por otro, trataban de aumentar su influencia en los principales centros de poder de la época: el concejo de la ciudad y la sede episcopal oscense. A ello se sumaban cuestiones relacionadas con el prestigio familiar y la defensa del honor, elementos fundamentales en la sociedad nobiliaria medieval.

En este escenario, el Castillo de Montearagón desempeñó un papel protagonista. La influencia que ambas familias ejercían a través de los abades vinculados al monasterio convirtió a la fortaleza en uno de los focos principales del enfrentamiento.

DE FORTALEZA MILITAR A PODEROSA ABADÍA

La importancia de Montearagón se explica por su propia historia. Considerado uno de los castillos medievales más relevantes de Aragón, fue mandado construir por el rey Sancho Ramírez entre 1085 y 1089 con el objetivo estratégico de asediar y conquistar la Huesca musulmana.

Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1096, el complejo perdió progresivamente su función militar y fue cedido a los canónigos de San Agustín, transformándose en una importante abadía. Este cambio supuso también una profunda remodelación arquitectónica, de manera que el conjunto incorporó nuevos elementos religiosos sin perder completamente las estructuras defensivas originales.

Por ello, todavía hoy pueden encontrarse vestigios de ambas etapas históricas. La fortaleza y el monasterio conviven en un mismo espacio que refleja siglos de transformaciones políticas, religiosas y sociales.

Durante los siglos XIV y XV, Montearagón alcanzó además una notable prosperidad económica. La abadía recibía importantes rentas procedentes de 115 localidades repartidas entre las actuales provincias de Huesca y Zaragoza, así como de territorios navarros. Esta riqueza contribuyó a convertirla en un centro de poder de primer orden y explica su relevancia dentro de las disputas aristocráticas de la época.

LA RECREACIÓN SUSTENTADA EN LA INVESTIGACIÓN

La actividad fue organizada por Jousting Iberia, Asociación Nacional para la Recuperación y la Recreación de la Equitación Histórica, una iniciativa nacida en Aragón para la investigación, práctica y divulgación de la caballería militar entre los siglos X y XVII.

La asociación está integrada por historiadores, actores, esgrimistas, atletas y especialistas en didáctica de la historia que trabajan con una metodología basada en el rigor científico.

Uno de sus integrantes, el historiador Darío Español, explicaba durante la visita que todos los elementos exhibidos son reconstrucciones realizadas a partir de piezas conservadas en museos y de estudios basados en documentos, iconografía y arqueología medieval.

Algunas de las reproducciones han sido fabricadas utilizando los mismos procedimientos que se empleaban en la época, con el fin de comprender las dificultades técnicas y materiales a las que se enfrentaban los artesanos medievales.

"Esto es recreación histórica, no una fiesta histórica", señalaba el investigador, insistiendo en que se trata de una disciplina utilizada habitualmente en museos y centros de investigación para acercar el pasado al público con el máximo rigor posible.

Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed
Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed

LA ROPA COMO REFLEJO DE POSICIÓN SOCIAL

La recreación permite conocer cómo era la indumentaria en la Edad Media. Una historiadora, Alicia, mostraba diversas reproducciones elaboradas con patrones y tejidos fieles a los originales de la época y sostenía que la vestimenta constituía un importante marcador social.

Las mujeres campesinas vestían habitualmente prendas confeccionadas con lino, lana y piel de oveja, materiales económicos, resistentes y adaptados al trabajo cotidiano. La nobleza, por el contrario, podía acceder a tejidos mucho más costosos y sofisticados como sedas, terciopelos, brocados, pieles y telas enriquecidas con hilos de oro y plata.

La especialista detallaba que existían dos elementos fundamentales para identificar la posición económica de una persona: la calidad y cantidad de tejido utilizado y el color de las prendas, ya que determinados tintes resultaban especialmente caros y exclusivos.

Asimismo, explicaba cómo la moda fue evolucionando a lo largo de la Edad Media. Las prendas amplias y rectas de los primeros siglos fueron dando paso progresivamente a vestimentas más ajustadas que buscaban realzar la silueta tanto masculina como femenina.

ARMADURAS Y ARMAS PARA EL COMBATE

La segunda parte de la recreación, que despertó mucho interés entre el público asistente, estaba dedicada al armamento y a las protecciones utilizadas por los combatientes medievales.

El medievalista e investigador de equitación histórica, Darío Español, abundaba en que las piezas mostradas son reconstrucciones arqueológicas plenamente funcionales y que presentan diferencias mínimas respecto a los originales conservados en colecciones museísticas.

El historiador recordaba que los enfrentamientos se desarrollaban principalmente a pie y que las armaduras estaban diseñadas para proteger las zonas más vulnerables del cuerpo: la cabeza, el cuello y el torso. Los artesanos medievales tenían en cuenta estos factores tanto al fabricar las defensas como al diseñar las armas destinadas a atravesarlas o inutilizarlas.

Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed
Recreación histórica en el Castillo de Montearagón. Foto María José Sampietro Brosed

Entre las piezas exhibidas destacaban los yelmos, los bacinetes —más ergonómicos y cómodos para el combate— y las celadas, cascos que comenzaron a generalizarse a partir del siglo XV. También se mostraron gambesones confeccionados con múltiples capas de lino, cotas de malla y guanteletes realizados a medida para proteger las manos y los dedos.

Respecto al armamento ofensivo, los visitantes pudieron conocer lanzas, mazas, alabardas y espadas largas o de mano y media. Estas últimas requerían una técnica muy precisa y tenían como finalidad incapacitar o matar al adversario con la máxima eficacia.

Los escudos tampoco pasaron desapercibidos. Estaban todos fabricados con madera y reforzados mediante cuero crudo, lino encolado y resinas naturales, preparados para resistir golpes de gran intensidad y ofrecer una protección eficaz en combate, señaló Español.

UN VIAJE AL PASADO PARA COMPRENDER LA HISTORIA

La jornada concluyó con una demostración de cómo la recreación histórica puede convertirse en una poderosa herramienta de divulgación. A través de la investigación y la reconstrucción rigurosa de objetos, vestimentas y técnicas de combate, los asistentes pudieron comprender mejor una época marcada por las luchas de poder, las rivalidades nobiliarias y los constantes conflictos armados.

El Castillo de Montearagón, testigo privilegiado de aquellos acontecimientos, volvió así a ocupar el lugar protagonista que tuvo hace más de cinco siglos, recordando a los visitantes que tras sus muros se escribieron algunas de las páginas más intensas de la historia medieval aragonesa.