Este miércoles 15 de abril se siguió desarrollando el programa de las XVIII jornadas republicanas con la presentación en la sede del CRMAHU de la novela "Los chicos del Avenida", novela basada en los efectos de la guerra en las vidas de cuatro jóvenes oscenses que tenían como punto de encuentro y socialización un ficticio bar Avenida, que daba título al ejercicio literario.
Los autores fueron Elena Satué e Inazio Laghetasc. Elena justificó su ausencia por compromiso laboral.
La presentación del coautor masculino la realizó Carmen Larroche con una elogiosa intervención que definió a Inazio como un oscense en la diáspora, en relación a los periodos de estancia en otros países y como mantenedor a ultranza de su identidad cultural y su pertenencia a Huesca. Hizo una encendida defensa de la transmisión oral en la familia, lamentando que no hubiera sido así en muchas ocasiones.
Finalmente, estableció unos vínculos familiares entre ella y el coautor de la novela. Vínculos, y existencia física incluida, que remontó a 1848, fecha en la que un antepasado de ambos fue favorecido en el juego de azar que separó a Manolín Abad y sus compañeros en destinos (vida o muerte) distintos.
Llegado el turno de Inazio, su intervención se centró en la situación militar de la Huesca cercada, en movimientos de tropas y sustitución de soldados catalanes desafectos por tropas de procedencia navarra, en los primeros bombardeos, evacuaciones por carretera al norte y otras vicisitudes. Acompañó su charla con croquis militares de las defensas de la ciudad y fotografías impactantes: desde los Porches con sus arcos reforzados con parapetos hasta el instante de la explosión de un proyectil artillero en la ciudad, desde imágenes de obuses que no detonan a la atención a un soldado herido.
Su disertación, en suma, trató poco de lo que relató en la novela y se centró en aspectos históricos del momento de la ciudad. Habló, posteriormente, de la idiosincrasia izquierdista de la provincia de Huesca y de las acciones de la administración franquista por despoblar el Pirineo. Todo ello dio lugar a un intenso debate posterior.
Finalmente, agradeció a Toño Moliner sus trabajos en los archivos de la Cruz Roja, trabajos que sirvieron para conformar parte de la novela.
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