La iglesia de San Martín de Hecho se llenó de la música de Javier Ares, contratenor, director del conjunto vocal Chiavette, protagonista de la decimosexta velada de la 35 edición del Festival Internacional del Camino de Santiago organizado por la Diputación Provincial, acompañado por las sopranos María Sala y Esmeralda Jiménez y el tenor Mariano Valdezate.
La música mantuvo vivo el ánimo y la esperanza. Bajo el título de ‘Tonos, danzas, pasacalles, villancicos y cantadas en los territorios de la Corona de Aragón’, el programa no fue una simple sucesión de piezas, sino un trabajo concebido específicamente para la cita en el Camino de Santiago, y supuso una oportunidad única para asomarse a este amplio mapa musical y, en gran medida, inédito al gran público.
El principal atractivo residía en la recuperación de figuras clave nacidas o vinculadas a nuestra tierra: desde el cheso Sebastián Alfonso, cuya presencia en Hecho cobró una dimensión casi espiritual, hasta otros maestros como Urbán de Vargas, Bernardo Storace o el célebre Pablo Bruna, más conocido como ‘el ciego de Daroca’. El repertorio en la iglesia de San Martín fue un precioso mosaico de influencias y una muestra de la calidad de creación barroca hispana. Resonaron nombres como Joan Cererols, Gaspar Sanz o el balear Antonio Literes, cuya partitura, en manos de Chiavette, demostró que la historia musical española tiene mucho más que decir de lo que se acostumbra.
Ares insiste en que esta mirada hacia el patrimonio local es, ante todo, una necesidad cultural: “Parece que Europa va teniendo la oportunidad de conocer la obra de los mejores compositores del Renacimiento y Barroco español, no obstante, queda mucha música de gran nivel por descubrir”. “Es de agradecer que algunos festivales nos den oportunidad de centrar el foco en aspectos puntuales que, como en el caso de las músicas de la Corona de Aragón, nos dan ocasión de redescubrir autores que tienen un gran impacto en la cultura local y, al mismo tiempo, merecen figurar en los programas generalistas”.
La propuesta de Chiavette es un compromiso y, también, resistencia cultural. Ares es consciente de este valor diferencial y lo pone en el centro de la filosofía del grupo: “Creo que la gente percibe la complicidad de los intérpretes y el poso de un trabajo realizado con tiempo y calma”, explicaba al reflexionar sobre qué es lo que el público más valora en sus directos. “Esta manera de afrontar nuestro oficio no es habitual hoy en día porque las condiciones de trabajo, generalmente, exigen el mejor rendimiento en el menor tiempo posible; por eso es difícil encontrar conjuntos con un sonido distintivo”.
Este año está siendo un punto de inflexión donde la consolidación artística se une al deseo de seguir siendo intérpretes que cuidan el proceso y sus detalles, como describe el director, “nuestra máxima aspiración es mejorar un poco cada día y trabajar con la dedicación y el amor del artesano cuya obra pretende ser única y singular”. Esta complicidad es resultado de un camino compartido que cumple ahora una década. El conjunto celebra su décimo aniversario con una vitalidad renovada, inmerso en un “idilio permanente” con la polifonía y el canto.
Entre sus proyectos, el conjunto no solo busca recuperar oratorios olvidados, como el ‘Ópera a 4’ de Hernández de Ilana —pendiente de estreno en Aragón—, sino también continuar expandiendo sus exitosos ‘Recorridos Sonoros’, que se han ampliado a enclaves tan emblemáticos como los monasterios de Veruela, Rueda o San Juan de la Peña. Además, como así pudimos ver con tres de ellos, “las colaboraciones con músicos de la talla del arpista Manuel Vilas, el tiorbista Daniel Zapico, la polifacética violagambista Pilar Almalé o especialistas en tecla antigua como Virginia Gonzalo, son fuente de inspiración que nos aportan muchas satisfacciones y nos ayudan a crecer”.
Ares mira hacia el futuro “Necesitamos rejuvenecer a nuestro público adaptándonos con inteligencia y sensibilidad a nuevos formatos más sugerentes y atractivos”, argumenta. Su consejo para quienes se acercan a este repertorio es más que claro: “Aconsejaría dejar los prejuicios en la puerta. Intentar penetrar en las historias que cantamos, disfrutar del talento de los excelentes instrumentistas que nos acompañan, dejarse envolver por los ambientes sonoros del pasado”.