Las voces de los más pequeños abrieron este domingo el festival de fin de curso de la Escuela de Folklore y Música de Huesca, celebrado en el pabellón de Chimillas, donde alumnado de todas las edades compartió escenario para mostrar el trabajo realizado a lo largo del curso. La actuación comenzó con el canto grupal infantil de Aqueras montañas, punto de partida de una mañana dedicada a la música y al baile tradicional aragonés.
Tras esta primera interpretación fueron sucediéndose las actuaciones individuales y en dúo de los alumnos de canto. Ariadna Catalán, Amalia Mamuni Sanz, Ara Encontra, Raquel Arcas, Samuel Oliva y el dúo formado por Samuel y Lourdes interpretaron distintas piezas del repertorio popular antes de dar paso a los primeros bailes de la jornada.
El festival continuó con el Bolero de Sallent y el Villano de Bielsa, acompañados por las interpretaciones de Lizer Lafiguera, África Catalán, Carlos Ramón, Jara Lafiguera, Ahinara Valero y Félix Encontra. A continuación llegaron la Jota de Aso y el Bolero de Caspe, con las actuaciones de Gemma Gil, Mateo Pertusa, Susana Lardiés y Gonzalo Finestra.
La programación permitió realizar un recorrido por diferentes estilos y localidades de Aragón. La Jota de Antillón y la Jota de Sixena estuvieron acompañadas por las voces de Pili Ortiz, Antonio Muro, María Barrio, Elena Lafuente, Fernando Biarge y Alicia Berdiel, mientras que la Jota de San Lorenzo reunió sobre el escenario a Martina Badia, Cilia Encontra, Ariadna Calvo, el dúo formado por Ara y Lucía, Guillén Castillo, Mercedes Cortés y Martina Ciria.
La segunda parte del festival continuó con el Bolero de Alcañiz, interpretado por Safaa Ghafir, Lorién Torralba, Lourdes Serrano, Tomás Moyano, Isabel Solans, Ana Claver y Ascensión Sola. Posteriormente llegó la Jota de la Bruja, acompañada por las actuaciones de Cristina Piedrafita, Lucía Ramón, Germán Pertusa, Patri Ibort y Fran Calveria.
Más allá de las actuaciones individuales, uno de los rasgos más destacados de la jornada fue la convivencia entre distintas generaciones de alumnos. Niños, jóvenes y adultos compartieron protagonismo en una muestra que puso de relieve el trabajo formativo que desarrolla la escuela y su papel en la conservación y transmisión del patrimonio musical y coreográfico aragonés.
La recta final del festival estuvo protagonizada por el canto grupal adulto con la interpretación de Boda en Aragón, seguido del baile de Gigantes y Cabezudos, una de las piezas más reconocibles del repertorio popular. Como despedida, todos los participantes se unieron para interpretar la tradicional copla de Zaragoza Con un ramico de albahaca, antes de los saludos finales y la fotografía de familia que puso el broche al acto.
El director de la Escuela, Roberto Ciria, recogió un obsequio al término del espectáculo y minutos antes de la foto final de grupo.
La actuación permitió comprobar la vitalidad de una escuela que continúa formando a nuevas generaciones de cantadores, músicos y bailarines.