Chusé Inazio Nabarro: "He escrito casi un testamento vital, lingüístico y literario"

El autor presenta en la Feria del Libro de Huesca Ortalizias tardanas, un libro que reúne buena parte de las lecturas, conocimientos y obsesiones

06 de Junio de 2026
Guardar
Chusé Inazio Nabarro. Foto Myriam Martínez
Chusé Inazio Nabarro. Foto Myriam Martínez

A cierta edad los escritores dejan de perseguir historias y empiezan a conversar con las preguntas que los han acompañado toda la vida. De esa conversación nace Ortalizias tardanas, el último libro de Chusé Inazio Nabarro, presentado este sábado en la 42ª Feria del Libro de Huesca. El autor ha definido la obra como "un testamento vital, lingüístico y literario", una expresión que resume con precisión la naturaleza de un texto en el que comparecen décadas de lecturas, reflexión filológica y pasión por las palabras.

Publicado por el Consello d'a Fabla Aragonesa, el volumen se instala deliberadamente en un territorio fronterizo entre la novela y el ensayo. Nabarro no parece interesado en respetar las aduanas de los géneros literarios. Prefiere recorrer un camino propio en el que la narración se abre continuamente a la reflexión, al juego intelectual y a la memoria personal, construyendo una de las obras más libres y personales de toda su trayectoria.

La publicación llega además en un momento especialmente significativo para el escritor aragonés. Instalado en lo que él mismo ha denominado la "feliz etapa de la jubilación", ha aprovechado este tiempo para reunir muchas de las inquietudes que han vertebrado su pensamiento y su obra durante años. "He intentado compendiar gran parte de mis obsesiones, de mis conocimientos y de mis lecturas", ha explicado.

El resultado es un libro que se resiste a las definiciones simples. "Es una especie de novela que se desparrama en múltiples ensayos o microensayos", ha señalado. Para explicarlo, ha recurrido a una comparación: si El infinito en un junco, de Irene Vallejo, es un ensayo que encuentra una estructura narrativa para contar la historia de los libros, Ortalizias tardanas recorre el camino contrario, partiendo de la narración para desembocar constantemente en la reflexión.

Chusé Inazio Nabarro. Foto Myriam Martínez
Chusé Inazio Nabarro, con su última publicación. Foto Myriam Martínez

LOS FANTASMAS DE LA LINGÜÍSTICA 

El protagonista del libro es un narrador que comparte no pocos rasgos con el propio autor. Filólogo de formación, recibe la visita de cuatro lingüistas que existieron realmente y que se convierten en interlocutores de una conversación literaria que atraviesa buena parte de la obra.

El primero de ellos es Matteo Bartoli, investigador italiano que recopiló las últimas huellas documentadas del dálmata, una lengua románica desaparecida que se habló durante siglos en la costa croata. Nabarro se sirve de esta figura para acercarse a una de las historias que más le han fascinado siempre: la desaparición de las lenguas y la memoria de sus últimos hablantes.

Aparece también Leonard Bloomfield, uno de los grandes nombres de la lingüística moderna y estudioso de las lenguas algonquinas de los pueblos indígenas de Norteamérica. Su presencia amplía la mirada del libro hacia otros territorios y otras formas de entender la diversidad lingüística.

El tercero en incorporarse a esta singular conversación es André Martinet, padre del funcionalismo lingüístico. Nabarro ha recordado una anécdota que le ha acompañado desde sus años universitarios: la definición que Martinet realizó del beso como un "clip bilabial", una formulación tan rigurosa como divertida que el escritor ha reutilizado en varias ocasiones dentro de su propia obra literaria.

Completa el cuarteto Nikolái Marr, lingüista georgiano y contemporáneo de Stalin, impulsor de la llamada teoría jafética. Durante años defendió que todas las lenguas indoeuropeas procedían de un reducido número de raíces originarias. Aquella hipótesis llegó a convertirse en doctrina oficial en la Unión Soviética hasta que el propio Stalin terminó desmontándola públicamente. Para Nabarro, la historia encierra una de esas fascinantes paradojas donde la lingüística, la política y el poder terminan cruzándose.

Chusé Inazio Nabarro. Foto Myriam Martínez
El autor, firmando ejemplares. Foto Myriam Martínez

UNA LECTURA PARA SABOREAR DESPACIO

Aunque la obra está atravesada por referencias culturales, filológicas y literarias, Nabarro rechaza que se trate de un libro reservado a especialistas. Al contrario. Considera que debe abordarse desde el placer de la lectura y desde la curiosidad del lector.

"Es un libro para disfrutar", ha afirmado. No en vano, antes de consolidarse como narrador fue poeta, una condición que sigue muy presente en su forma de escribir. La prosa de Ortalizias tardanas avanza mediante imágenes, asociaciones y recursos expresivos que invitan a una lectura pausada.

"Hay que leerlo poco a poco, casi como una sucesión de poemas en prosa", ha señalado. Esa voluntad estética atraviesa toda la obra y explica buena parte de su singularidad. La trama importa, pero tanto o más importa la manera de contarla, el lenguaje empleado y las ideas que emergen en cada página.

El libro incorpora además una segunda parte compuesta por varios decálogos. Algunos están relacionados con la escritura y con la forma en que el autor entiende hoy la creación literaria. Otros dialogan irónicamente con los mandamientos bíblicos para construir una reflexión personal sobre la cultura, el lenguaje y la condición humana.

42 ªFeria del libro este sábado, 6 de junio. Foto Myriam Martínez
Numeroso público ha asistido a la presentación. Foto Myriam Martínez

A lo largo de su trayectoria, Chusé Inazio Nabarro ha transitado por la narrativa, la poesía, el ensayo y la investigación lingüística, siempre desde un compromiso firme con la lengua aragonesa y con la cultura del territorio. En Ortalizias tardanas, todas esas facetas parecen confluir de manera natural.

Más que ofrecer respuestas, el libro plantea interrogantes. Preguntas sobre las lenguas que desaparecen, sobre las palabras que permanecen, sobre la escritura y sobre la manera en que los seres humanos intentan comprender el mundo a través del lenguaje.

Quizá por eso la definición que el propio autor ha dado de la obra resulta tan acertada. Porque en estas páginas hay algo de balance, algo de legado y también mucho de exploración intelectual. Un libro escrito desde la libertad de quien ya no necesita demostrar nada y puede permitirse, simplemente, seguir conversando con las ideas que lo han acompañado toda la vida.