Se presentó complicada la tarde. Temperaturas a la baja, lloviznas intermitentes y sensación incómoda a la intemperie. Y, aunque el Corral de Comedias de Robres no está a la intemperie exactamente, es un lugar abierto y, por ello, sometido a los efectos climatológicos. De hecho, y en previsión de un posible empeoramiento, la totalidad de las sillas se encontraban situadas a resguardo, bajo los voladizos laterales y trasero.
Cuando salió Luis Casáus a saludar al público asistente, buena parte del mismo movió sus asientos al patio buscando una visión frontal del escenario. Y con esa actitud de “el show debe continuar” intervino el director de este espacio escénico, haciendo un corto adelanto de la temporada que se nos viene y presentando la compañía y la obra que esa tarde de sábado llevó la magia del teatro a esta escena.

Tres personas en escena: Susana Álvarez (Lola), Mari Carmen Moja (Sara) y Ricardo Martín (pluriempleado). Atendiendo luces, sonido y eventualidades diversas estuvo Viviana Blanch, actriz, directora y profesora de teatro argentina afincada desde hace 25 años en Castro Urdiales.
La idea inicial es sencilla: una mujer de setenta y dos años (Lola) que quiere vender su vivienda con una condición innegociable (el inconveniente). Una mujer más joven (Sara) que acepta la transacción. Lola es una mujer con mucha vida a sus espaldas, sin filtros, que acepta su vida como es y que no renuncia a sus placeres —el tabaco y el anís, entre otros— aunque se lo desaconseje la medicina. Y los tres bypass que dice llevar.
Sara es mucho más joven y ha aceptado el inconveniente ante la oferta económica ventajosa que representa, aunque será a lo largo de la función cuando se conocieron los verdaderos motivos de la compra.
Y, en medio, un hombre que aparece y desaparece encarnando en cada instante una situación laboral distinta. Los tres desarrollaron una comedia en situaciones cambiantes, no exentas de instantes de seriedad y drama. Deseos de vivir, ganas de afrontar cada posible zancadilla que la vida aporta y fuerza ante el día próximo. Antiguas vivencias que se desvelaron, maneras de afrontarlas y superarlas y, como telón de fondo, una esperanza cierta en el presente inmediato.
El desarrollo de los acontecimientos fue seguido por una cincuentena de personas absortas en sus asientos. Cubiertas con ropa de abrigo e inmóviles, incluso soportando un ligero chispear. Diez minutos antes de acabar la función, la climatología adversa entró en escena con fuerza: fogonazos sobre el cielo del Corral de Comedias, lluvia que se intensificó y público que, sin dejar de observar el escenario, se replegó en silencio hacia los voladizos. En escena, tres personas ajenas a la lluvia, a los rayos y a los dos brevísimos apagones que se produjeron y que en nada impidieron el desenlace de la obra.

Fuerte ovación y agradecimiento del público ante la profesionalidad de estas gentes “amateurs” del teatro. “El show debe continuar” independientemente de los problemas, imprevistos o tragedias personales; debe llevarse a cabo por y para el público. Y esa tarde, además del innegable éxito de la compañía y la organización del Corral de Comedias, se asistió a un ejemplo de ese esfuerzo conjunto en el que el público tuvo también su cuota parte.
Nota final: La compañía Tela Marinera procede de Castro Urdiales (Cantabria). Se constituyó en el año 2005 y ha puesto en escena más de una quincena de obras teatrales, monólogos, participaciones y colaboraciones con instituciones de carácter social y cultural. En la actualidad, Tela Marinera la forman una decena de personas que viven intensamente el teatro, al que dedican gran parte de su tiempo libre.