El Corral de Comedias de Robres retoma su esencia más genuina con el estreno de “El perro del Hortelano”

Fundación Siglo de Oro despierta el entusiasmo de un público entregado al verso de Lope de Vega

12 de Julio de 2026
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“El perro del Hortelano” en el Corral de Comedias de Robres. Foto Carlos Neofato
“El perro del Hortelano” en el Corral de Comedias de Robres. Foto Carlos Neofato

En el Corral de Comedias de Robres, en la calurosa tarde de este sábado, resultó extremadamente sencillo trasladarse con la imaginación al Madrid de 1618, donde se representó, por vez primera “El perro del Hortelano”, una obra de carácter palaciego de un tal Lope Félix de Vega y Carpio. Un tipo curioso este Lope, con una biografía harto compleja, prolífico autor de poemas y renovador del teatro (mezclando comedia y tragedia, y abandonando la regla italiana de las tres unidades), amante de amoríos (hasta quince hijos documentados, reconocidos o no, se le atribuyen), militar, religioso y mucho más…

Pues bien, en este Robres del siglo XVII en el que tan sencillo resultó, con un leve ejercicio de imaginación, sumergirse, nos encontramos con hileras de monturas sujetas a las paredes y entre sí; casi inmóviles, satisfaciendo, a la vista y al olfato estaban, los deseos de éxito que se auguraban para el estreno teatral.

Ya en las puertas del Corral de Comedias, una elegante carroza estaba custodiada convenientemente que, sin duda, había llevado en su interior a una persona de calidad, de la que se semiocultaba en un palco convenientemente cubierto de cortinones y que permitían disfrutar del espectáculo y, si la ocasión lo requería, iniciar alguna relación con la actriz principal.

Y, en el patio, el zaguán y la alojería, hombres casi tan amigos del soneto italiano como de los romances de lance, requiebro y espada. Con la ropera bien a la vista, que algo así daba posición a un caballero, y la vizcaína oculta en la espalda, que siempre podía sacarte de una situación complicada. Y, por supuesto, el chambergo ancho y la capa larga, atuendo discreto y funcional en las calles del reino, y aún portable, pues faltaba casi siglo y medio hasta que un ministro italiano viniera a dictarnos la nueva moda.

En la cazuela, mujeres y apretador en disputa habitual y, en la cabecera del patio, la figura de autoridad: Luis Casáus, que reclamó silencio y presentó a la compañía que, en breve, llenaría la escena. Compañía ésta que, llamada Fundación Siglo de Oro, había estado ya allí en otras dos ocasiones, trayendo en las mismas comedias tales como "La dama boba" o "Don Gil de las calzas verdes", con tanto éxito y reconocimiento que Luis hizo votos para que, con periodicidad anual, pudiéramos seguir admirando su quehacer.

Terminada la breve salutación, comenzó la función. El verso, la musicalidad del texto, la veleidad de la condesa Diana y los continuados cambios de sus sentimientos más profundos, el deambular de actores y actrices y los números musicales mantuvieron en absorto silencio al público. Casi tras hora y mucho de rimas, de guiños al espectador, de invasiones de espacios trasladando la acción al centro del patio, llegó el momento de los saludos, del público aplaudiendo en pie, de las últimas fotos… Y de frotarse los ojos y regresar de aquel mágico viaje en el tiempo que la Fundación Siglo de Oro y el Corral de Comedias de Robres habían ofrecido.