Una mesa y un par de sillas. De madera basta y toscamente facturada. Un mantel rojo y una decena de manzanas sobre el mismo. Y una actriz, pobremente vestida, con una voz y una interpretación gestual acorde al dramatismo del texto, que ocupa con su presencia el amplio espacio escénico del Corral de Comedias. Así comenzó el sábado una nueva experiencia teatral en Robres.
En la bienvenida habitual del director del Teatro de Robres, Luis Casáus, nos informa brevemente de la obra a estrenar esta tarde.
Nos relata que 'El testamento de María' es una aclamada novela corta de ficción histórica escrita por el autor irlandés Colm Tóibín, en 2012, y que destaca por ofrecer una visión profundamente humana, desmitificada y desgarradora de la madre de Jesús.
Añade que se presenta como un monólogo íntimo en los últimos años de vida de María. Exiliada en Éfeso y custodiada por los discípulos de su hijo, quienes la presionan para que colabore en la redacción de los Evangelios, María decide romper su silencio para contar su propia verdad.
Se muestra a una madre real, una madre judía escéptica ante el misticismo que rodea a su hijo, que rememora con amargura cómo su época de calma familiar fue destruida cuando Jesús se involucró en disturbios políticos, milagros aparentes y confabulaciones, y concluye con una crítica al fanatismo, con una María que expresa el dolor y la culpa de una madre que vio a su hijo morir crucificado, convencida de que fue corrompido y sacrificado por nefastas ambiciones políticas y religiosas.
Teatralmente, la obra nació originalmente como un monólogo teatral estrenado en Dublín y posteriormente llegó a Broadway, recibiendo varias nominaciones a los Premios Tony.
Por otra parte, la compañía teatral aragonesa Arteria Producciones cuenta con su propia adaptación de El testamento de María, basada en el texto del autor irlandés Colm Tóibín. El montaje se estrenó en 2026 y ha recalado este sábado 19 de septiembre en el Corral de Comedias.
El desgarrador monólogo ha estado protagonizado por la actriz Ana Saracho, bajo la dirección de Josean Mateos. Hemos visto en escena a una María de carne y hueso, despojada de misticismo religioso. Sola y exiliada tras la crucifixión, alzando la voz como una madre rota por el dolor que intenta asimilar cómo la política y los supuestos milagros destruyeron la tranquilidad de su hogar.
Narración que pasa por la resurrección de Lázaro, las bodas de Caná y la desgarrada narración de la crucifixión, todo ello con un trabajo actoral de emocionante y cruda factura, con una dirección de escena sobria y eficaz y con una magnífica utilización de efectos sonoros y lumínicos.
Tras 70 minutos de silencio absoluto en el patio de mosqueteros, ha concluido la representación con una sonora ovación que ha obligado a director y actriz a repetidos saludos antes de dar paso, como es habitual en este espacio escénico en el que tan bien se conjugan cercanía, proximidad y comunicación, a improvisados diálogos entre el público y actores del evento.