"Me gustaría imaginar lo pasmado que se quedaría el bueno de Homero, quien quiera que fuese, al ver sus epopeyas en las estanterías de un ser inimaginable para él como yo, en medio de un continente del que no se tenía noticia". Esta expresión de Marilynne Robinson en "Cuando era niña me gustaba leer", recogida por Irene Vallejo en su libro "El infinito en un junco" fue la inspiración convertida en pulsión literaria de Cristina Inigo Franco, fiscal de profesión en Zaragoza y apasionada de la historia y la literatura, fusionadas en "Homero en Nueva York", su primera obra. La ha presentado en el Rotary Club de Huesca en una conversación en la que ha revelado sus motivaciones y los entresijos de un relato que une dos mundos en la búsqueda de la confluencia en valores sempiternos.
La autora neófita, que ya alumbra otros dos libros para un futuro próximo (en total tres, tantos como hijos tiene), introduce la novela explicitando la progresiva apertura del mundo a los ojos de un Homero que, distópica e inopinadamente, partiera de su apacible vida en la Grecia Antigua para emprender un viaje hasta Nueva York. Impensable en la visión homérica que no concebía más allá de las columnas de Hércules en los promontorios del hoy conocido como Estrecho de Gibraltar, límite del mundo entonces visualizado, que los romanos definían con la expresión "Non terrae plus ultra", no hay tierra más allá. Tras el derribo de esa barrera imaginaria, se suceden en los anales de los siglos los acontecimientos intestinos en la Península Ibérica entre moros y cristianos y la apertura al mundo que hoy conocemos con las expediciones de dos potencias navales como fueron España y Portugal para descubrir América. Y, sin embargo, la imaginación de las letras traslada al más influyente autor de la literatura universal, con La Iliada y La Odisea, al Nueva York de 2004.
Cristina Inigo Franco comenzaba la presentación con su "eterno agradecimiento" a Irene Vallejo, a la que no conoce personalmente, por la inspiración que le suscitó el más aplaudido libro de la reciente historia española. De ahí la cita con la que arranca su obra. "Empecé a investigar un poco sobre Homero, porque todo el mundo sabe quién es Homero, la cuestión homérica está ahí. La Ilíada y La Odisea son los primeros libros de la historia. En Grecia, se aprendía a leer y escribir con ellos. Si nos remontamos a los sumerios, eran las tablillas con escritura cuneiforme, pero no era el concepto de libro. Los sumerios o egipcios utilizaban la escritura para llevar cuentas, pero no para expresar los sentimientos. Homero refleja por vez primera por escrito los sentimientos universales en todas las partes del mundo: el amor, la guerra, la venganza, el odio, la pasión... Sienta un precedente. Esos libros sirven de inspiración para la Grecia clásica y todos los niños querían ser como Aquiles, era el héroe. Grecia era un grupo de pueblos con 500.000 habitantes entre todas las islas griegas y de la península Peloponeso. El imperio persa tenía 10 millones de habitantes. Todos querían emular a Aquiles, el héroe de referencia. Fue tan importante que es el germen de lo que ha sido el ejército griego que derrotó al persa, que es de lo que hablo en el libro de las batallas médicas. No sólo sirvió de inspiración a los griegos, sino que pasó a los romanos: el espíritu de guerra, de conquista. Grecia sentó las bases, luego fue Roma, que han sido más imitadores. Han sido los romanos muy buenos ingenieros de construcciones de puentes, de carreteras, pero a nivel artístico el origen de todo, de la escultura, del teatro, de la literatura, es Grecia".
Continuaba su relato apasionado Cristina Ínigo refiriéndose a la Edad Media, los bárbaros, más allá del Imperio Romano, hasta el Renacimiento, cuando nace el imperio español. "Toda esa cultura queda perdida durante siglos, o tapada, los libros habían desaparecido y los libros de Aristóteles se salvaron porque los ocultaron en una cueva, se destruyó la Biblioteca de Alejandría, la más grande del mundo, y llega el imperio español cuando se descubre América y se da la vuelta al mundo. ¿Qué hicimos nosotros? Llevar esa cultura que teníamos en Europa a América y Filipinas. De eso trato en Homero en Nueva York, de cómo se expande la cultura, por eso Filipinas habla español, con la construcción de universidades, de colegios, de bibliotecas, de enseñar a leer y escribir, porque en América no había nada cuando llegan los españoles. El mundo occidental se traslada y de ahí hasta nuestros días".
Pone en valor no sólo a Aquiles o Escipión, sino que Alejandro Magno "se sabía La Ilíada de memoria y recitaba los cuatro mil y pico versos. Alejandro Magno quiso ser Aquiles, pero es que luego fueron Aníbal y Escipión los que desarrollaron las técnicas de las batallas, una técnica envolvente que todavía se estudia en las academias militares y la inventó Alejandro Magno, y que luego imitó Napoleón". Recordaba que en Francia la academia militar refleja la batalla de Troya.
Su motor es su propio gusto por la historia, ahora está escribiendo sobre el siglo XIX que le agrada menos porque se perdieron valores. "Detrás del libro está reivindicar el valor de la cultura occidental. Nosotros vivimos en el mundo occidental y, queramos o no, en el planeta hay dos grandes mundos: el oriental y el occidental. Nosotros vivimos en el occidental y no hacemos más que criticarlo, siempre sacando pegas, poniendo problemas. Y es verdad que no tenemos los valores tan fuertes que teníamos antes, pero somos unos privilegiados de vivir en el mundo occidental. El oriental no es malo, pero prefiero vivir en el occidental, aunque ahora políticamente parezca poco correcto decirlo. El día que presenté el libro en Panticosa se prohibió a las mujeres de Afganistán hablar en público. Yo, por haber nacido en el mundo occidental y en España, he tenido la suerte de poder estudiar en una universidad pública, ahora estoy estudiando en la UNED que también es pública y me permite trabajar, escribir un libro y poder estar aquí con vosotros hablando del libro".
EMPEZAR POR COLÓN
"Yo empecé escribiendo de Colón, a raíz de que tirasen las estatuas en Nueva York y aquella época en la que se tiraban en América las estatuas de Colón" y recordaba que ahora no se estudia al conquistador "para decir que si era un genocida y esas cosas. Yo en el libro no me quiero meter en ese berenjenal de la conquista de América, porque es abrir una espita de un polvorín. Yo me fijo en el mundo de la navegación", y aseguraba que hasta 1492 una parte del mundo ignoraba la otra. "Hace menos de cinco siglos, es muy poco tiempo en el conjunto de la historia. Por un lado era Europa y hasta la India. Y luego estaba el gran continente americano, con Filipinas y los países e islas del Pacífico. Una parte del mundo no sabía que la otra existía, porque nadie se había atrevido a cruzar el Océano Atlántico. En Europa se navegaba por el Mediterráneo o por las costas del Atlántico, sin hacer una navegación de cabotaje porque el agua es mucho más brava. Se consideraba que era un océano intransitable por las corrientes que había y los vientos que derribaban los barcos". Por eso comienza con las columnas de Hércules, donde se acababa el mundo para Europa. "Se pensaba que hasta podía haber un gran río, el Río Océano le llamaban". Los romanos secundaron la idea con la expresión Non Terrae Plus Ultra, "marcaba el fin del mundo conocido".
Da el salto a Colón del que le interesa su faceta de marinero. "¿Cómo se le pudo ocurrir pensar que lo que decían los griegos, los romanos y siglos de vida que no, que sí se podía cruzar el Océano Atlántico?". "Colón tenía una cabeza privilegiada, e desconoce mucho de su vida, pero hablaba muchos idiomas y él decía que su universidad habían sido los barcos" y "había navegado todo lo que se podía navegar". La visión cosmogónica del mundo cambiaba. "Atreverse a cruzar el Océano Atlántico implicaba reconocer que la tierra era redonda, cuando se pensaba que era plana y por eso si te metías en el agua al final caías. Nadie le hizo caso". Buscó financiación siete años por Europa sin éxito hasta que "llegó a España, donde todo es diferente y a todo el mundo le entusiasmó el proyecto. Fue el Monasterio de la Rábida y los monjes lo acogieron, lo tuvieron viviendo con él, les explicó el proyecto y los monjes estaban entusiasmados. Andalucía ha sido muy de navegantes, de conquistadores. Los monjes conocían a los hermanos Pinzón, los mejores navegantes. Y se apuntaron". Un comerciante de Santoña les dejó un barco, el Duque de Medinaceli le dijeron que financiaría el viaje si no apoyaban los reyes. Los monjes hablaron con Isabel la Católica y le pidieron que recibiera a Colón. "Los reyes, al principio, no hicieron mucho caso, pero coincidió con la toma de Granada, la Reconquista, y le dijeron que le sufragaron dos naos, y la tercera era la de Santoña". Allá que fueron 72 hombres en tres naves, "no descubrió América, se la encontró porque ya existía".

Como todos instrumentos de orientación, la brújula y la estrella polar. "Lo que no se ha valorado suficiente de Colón es que supo ir pero sobre todo supo volver, que es lo más difícil, lo que los marineros llaman el tornaviaje, porque para ir tienes que seguir una ruta, pero como sigas la misma para volver el barco se va a pique por las corrientes. Tienes que saber encontrar los vientos y las mareas para ir y para volver, que son diferentes. Nadie había ido a América y sabía cómo eran las corrientes, tremendas en el Atlántico. Colón tuvo la habilidad de descubrir las corrientes y vientos idóneos para ir y para volver por otra ruta. Eso fue el mayor secreto de Estado que ha habido en el mundo. Es como tener hoy un plano del espacio". La clave fue el hallazgo de la declinación magnética de la tierra, distinta a la que marca la brújula. "Era matemático, astrónomo, sabía de todo". Fue el mayor descubrimiento de la historia de la navegación.
De Colón al portugués Magallanes, al que le negó financiación su rey en su proyecto de "bordear América", porque sostenía que en algún sitio tenía que acabar la tierra. "Era el Pacífico". Vino a España y fue Carlos I el que pagó la navegación y se convirtió Magallanes en súbdito español. Fue acompañado por Elcano, "y la gente que embarcó fueron sobre todo delincuentes", como el propio Elcano condenado a prisión por morosidad. Gracias a éste, se "completó la primera vuelta al mundo". Zarparon más de 300 personas y llegaron a una veintena.
Refería Cristina Ínigo la figura desconocida de Fray Andrés de Urdaneta, "si fuera en otro país tendría monumentos, y los tiene en Filipinas. Fue el primero que cruzó, ir y volver, el Pacífico y descubrió Filipinas. Los encargos que hacía entonces el Rey indicaban la conquista de Filipinas, y mandó a Fray Andrés de Urdaneta", que se fijó en los vientos. El agustino dio clases en la Universidad de México en Astronomía, que era referente. "Se le ocurrió a Felipe II preguntar qué persona podía embarcarse en la operación de encontrar la ruta de América a Filipinas y vuelta, el tornaviaje", tras fracasos de otros barcos en seis expediciones. "A Fray Andrés de Urdaneta se le ocurrió en vez de volver directamente a México subir hasta Japón, que es la corriente del Kuro Shiwo" para aparecer en Santa Rosa, California. "Esa ruta comercial fue del imperio español" que permitió durante dos siglos la exclusiva de explotar esos canales.
EL ENCUENTRO
Un profesor de la Universidad de Columbia de Nueva York se encuentra por la calle con un anciano que va vestido de griego y "que dice que es Homero. Charles Andrews, que es un fanático de la historia, empieza a hablar con él y empiezan a recorrer sitios de Nueva York. Cuento historias de la ciudad como la construcción del puente de Brooklyn, de Central Park y curiosidades. Van hablando por Nueva York y el contraste que supone para Homero la vida moderna de Nueva York. El contraste entre lo antiguo y lo moderno. Decimos que no tiene nada que ver. Hay anécdotas como la famosa maratón de Nueva York que tiene su origen en la Batalla de Maratón -uno de los capítulos- cuando Filípides recorrió 42 kilómetros" como emisario real. Explica que la marca Nike es victoria en griego, "y Homero lo reconocía".
Estima interesante, con la caída de las columnas de Hércules que caen con el recorrido oceánico de Colón, explicar que las columnas de la bandera de España con la banda "Plus Ultra" remembran que Carlos I dijo que había caído la leyenda de Non Plus Ultra. Introduce otros aspectos divulgativos como el signo del dólar, que también son las columnas de Hércules.
Cristina Ínigo afirma que la parte que más le fascina en todo el proceso es "la documentación por la cantidad de cosas que descubres y son interesantes, y luego intento ir trazando", algo que explica que la parte de Colón la deja para el final y la de la filosofía la introduce en la primera parte porque "lo que iba trazando me daba las ideas. Fui uniendo las historias con un hilo conductor y todo pasa en 24 horas en Nueva York".
Desarrolla la colisión cultural entre dos hombres anacrónicos entre sí. "¿Qué hace quien dice que es Homero en Nueva York del siglo XX. Se conocen viendo un cartel de la película Troya, de Brad Pitt. Llega Homero y dice: ¿qué hace Aquiles en Nueva York? Era su Aquiles. Y Charles Andrews le dice: No, es Brad Pitt. ¿Y ahora a Aquiles le llaman Brad Pitt? También cuando comen una hamburguesa y le dice Charles que se llama comida basura. ¿Comida basura? Nosotros en Grecia tenemos la tríada mediterránea: el aceite de oliva, el trigo y el vino. Hay cosas que le chocaban mucho a Homero".

¿Y qué tienen en común? "Son dos personajes muy buenos, muy buenas personas. Hay una serie de valores de los griegos, los romanos y los españoles, que era el sentido de obediencia, pero como decía Alejandro Magno, siempre y cuando haya buenos dirigentes. Decía dame un rebaño de ovejas que si el general es un león ganará, pero dame un ejército de leones dirigido por una oveja que perderá la guerra. Eso es lo que se tenía en valores y hay un hecho y es que en estas épocas no existía el miedo a la muerte, era algo natural. Las mujeres parían y se morían y era ley de vida. Consideraban un honor morir". Mientras el ejército persa eran mercenarios y esclavos, los griegos "luchaban por su libertad, tenían una motivación y luchaban hasta la muerte. El persa eran muchos más pero no estaban motivados. Como decía Alejandro Magno, por más tropas que tuvieran no iban a ganar nunca. Dame cuatro leones para pelear. Y eso es lo que pasó a Grecia".
"Todo lo primero que tenemos en el mundo son griegos. El primer arquitecto, el primer médico, el primer filósofo, el primer escritor, todo nace en Grecia. Esa fue una idea de la relación del mundo griego con Nueva York, porque tú vas a Nueva York y la isla de Manhattan es una cuadrícula perfecta, nunca te perderás en Nueva York. Es un trazado griego de Hipodamo de Mileto. Los griegos decían que la diosa Harmonía presidía todos los órdenes de su vida, el artístico, el arquitectónico, el término intermedio que es la mesura. Todo tenía que ser proporcionado, el canon de belleza de las esculturas griegas, la perfección de los templos, todo tenía que ser armónico. Las ciudades también. Las orientales son mucho más caóticas, con calles más pequeñas que se cruzan, callejones sin salida, entradas por los tejados. Los griegos decían que tenían que ser más ordenadas, les chirría el desorden porque querían que las personas pudieran vivir bien". El sistema de Hipodamo es una plaza central y calles que cortan perpendiculares. "Las ciudades griegas eran perfectas y armónicas, aunque luego se destruyeron por las guerras". El diseño se asume en Europa en tiempos de la revolución industrial y las urbes insalubres. "Se les ocurrió volver a los ensanches. París es todo avenidas radiales. En España, sobre todo, Barcelona y Madrid. Se les ocurren los ensanches para higienizar las calles".
Homero en Nueva York es un libro con mucho pensamiento para la eficacia en la comunicación a través de su distribución. "Es como un puzzle. Tengo toda la información y la voy encajando como creo que es mejor". Hubo de pensar mucho su final, pero una especie de serendipia le iluminó. "Andando por la calle, que es el mejor ejercicio, yo voy andando al trabajo y me suelen venir las ideas, a la altura de la Almozara, de repente dije: Ya lo tengo. Y yo creo que ha quedado bien".
Prácticamente cuatro años le ha costado el proceso. "Es una relación muy complicada la del escritor y el libro. Le coges mucho cariño. Yo, a los personajes, les quiero mucho, y a las historias. Por un lado, te da pena acabarlo, pero por otro quieres ver la obra final acabada. Y llegamos al tema de las editoriales y destroza el encanto del libro".
Afirmaba con humor que los fiscales son "historiadores frustrados. Tiramos por el Derecho por tener más salida, pero en general a todos mis compañeros les gusta la historia". Estudió en la UNED Geografía e Historia cuando estaba destinada en Calatayud.
Recuerda que "la palabra Justicia la inventó Homero. Antes no existía y la gente se podía tomar la venganza por su mano o haber leyes. La crea Homero y la define: Es una ley que tiene que estar por encima de todos y ser para todos igual. Que es el mismo concepto de lo que debería ser hoy la Justicia".
Está satisfecha con el resultado. "Yo quería una novela para todas las edades, desde niños hasta mi madre. Que fuera una novela fácil de leer para enterarte de algunas cosas que, si no, no te enteras o no las sabes porque las hemos olvidado". En el objetivo, "reivindicar nuestros valores occidentales, con nuestros defectos, que los hay, y nuestros fallos. A ver si podemos mejorarlo".