Hay grupos que, a pesar del paso del tiempo, conservan intacta la curiosidad de los comienzos. Deleites Diversos pertenece a esta categoría. “Tienen una fuerza muy juvenil, como si empezaran cada año”, resume su director, Javier García Ortega, sobre una compañía nacida hace más de una década de la mano de antiguos alumnos de los talleres municipales de teatro. Esa energía volvió a reflejarse este miércoles sobre las tablas del Centro Cultural Manuel Benito Moliner, donde los intérpretes se enfrentaron a uno de los grandes desafíos del teatro clásico español: El gran teatro del mundo, de Pedro Calderón de la Barca, dentro de la XXXIV Muestra de Teatro y Danza Joven de Huesca.
Tras años compartiendo escenario, ensayos y proyectos, los integrantes del grupo decidieron esta temporada adentrarse en el universo de Calderón, una elección que respondía al deseo de explorar un género poco habitual en los talleres, el auto sacramental. Según explica García, la obra constituye una de las cimas del teatro del Siglo de Oro y una puerta privilegiada para acercarse a la riqueza del verso, la alegoría y la profundidad simbólica que caracterizan la dramaturgia del autor madrileño.
La propuesta reunió sobre el escenario a Isabel Andreu, Beatriz Aísa, Mapi Boix, Alejandro Borbón, Mónica Herrero, Natalia Pérez, Txiki Ferrer y Vicky de Sus, integrantes del reparto principal. A ellos se sumaron Jimmy Jiménez y Ramón Buil, antiguos alumnos de los talleres municipales que regresaron para colaborar en la producción tras producirse dos bajas por motivos personales. La dirección corrió a cargo de Javier García Ortega.
El director reconoce que el primer contacto con el texto provocó cierto respeto entre los intérpretes. El lenguaje versificado, los múltiples niveles de lectura y la complejidad de los símbolos exigían un trabajo distinto al de otros montajes. Sin embargo, con el avance de los ensayos, el grupo fue encontrando las claves de una escritura que, lejos de resultar inaccesible, acabó convirtiéndose en una herramienta expresiva especialmente atractiva para los actores.
El verso se convirtió así en el gran reto de la producción. No se trataba únicamente de memorizar palabras, sino de comprender el ritmo, la musicalidad y el sentido profundo de cada intervención. García destaca que los actores lograron apropiarse de esos códigos hasta hacerlos naturales sobre el escenario, construyendo interpretaciones que permitieron acercar el texto clásico al público actual.
Otro de los rasgos más destacados de la representación fue su carácter coral. Con un reparto relativamente reducido para una obra de estas características, el montaje exigía una implicación constante de todos los participantes. El director subraya precisamente esa capacidad del grupo para trabajar de forma conjunta y permanecer pendiente de las réplicas, entradas y necesidades de sus compañeros. A su juicio, esa complicidad resultó visible durante toda la función.
La representación contó además con la colaboración de varios miembros de la Coral Oscense, que incorporaron fragmentos de canto gregoriano al espectáculo. La aportación musical buscaba reforzar una dimensión fundamental dentro del teatro de Calderón y aportar una atmósfera acorde con la naturaleza de la obra. García agradece expresamente la implicación de los coralistas, cuya presencia contribuyó a enriquecer el resultado final.
También quiso reconocer el apoyo de Jimmy Jiménez y Ramón Buil, antiguos alumnos siempre vinculados a los talleres municipales y que aceptaron incorporarse al montaje cuando fue necesario reorganizar el reparto. Su participación permitió mantener intacto el proyecto inicial y completar una producción que había requerido meses de preparación.
El espectáculo se apoyó en una escenografía minimalista, donde la palabra y los actores ocupaban el centro de la escena. El texto original se respetó íntegramente, pero la lectura propuesta buscaba conectar con cuestiones plenamente contemporáneas. Para García, esa es precisamente una de las razones por las que Calderón continúa vigente: porque sigue hablando de las decisiones humanas, de la conciencia y del papel que cada persona desempeña en el mundo.
La sinopsis oficial define El gran teatro del mundo como la culminación del teatro áureo español. Más allá de las definiciones académicas, Deleites Diversos demostró este miércoles que los clásicos siguen encontrando nuevas voces capaces de devolverles vida. Y lo hizo con la misma ilusión que, según su director, acompaña al grupo desde hace años: la de quienes suben al escenario como si cada estreno fuera el primero.