Delicada conversación entre violín y clave a mayor gloria de Bach

Bach Collegium Barcelona actuó en Santa Cilia, en el noveno concierto del XXXV Festival Internacional en el Camino de Santiago

DPH
09 de Agosto de 2026
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Delicada conversación entre violín y clave a mayor gloria de Bach.
Delicada conversación entre violín y clave a mayor gloria de Bach.

La noche del pasado sábado, la iglesia del Salvador de Santa Cilia acogió el noveno gran concierto de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. La propuesta, liderada con maestría por la violinista Adriana Alcaide y acompañada por el talento de la joven Ana Marija Krajnc, fue un estupendo recital así como un gran ejercicio de introspección sonora.

Adriana Alcaide es una destacada violinista especializada en interpretación historicista, cuya sólida formación la llevó a graduarse en el prestigioso Koninklijk Konservatorium de La Haya. Actualmente, ejerce como directora musical del espectáculo ‘Händel and Friends’ en el Auditorio de Barcelona, y desempeña el cargo de concertino en el Bach Collegium Barcelona, consolidándose como una de las figuras más autorizadas y reflexivas del panorama musical europeo. Así mismo, Ana Marija Krajnc es una gran clavecinista y organista, activa tanto en el repertorio solista como en el de música de cámara.

“Este concierto ofrece repertorio de alta calidad musical e interpretativa con las 'Sonatas de violín y cembalo obbligato' de J.S. Bach, música muy poco interpretada en nuestro país”, compartió la propia Alcaide, selección que dejó patente la maestría de un Bach en su estado más puro y también complejo. “Cada una de las sonatas interpretadas aporta un perfume personal y único: desde la emblemática sonata BWV1017 en Do menor, con su carácter nostálgico, hasta la extrovertida y alegre sonata BWV1019 en Sol Mayor, pasando por la máxima belleza y el espíritu contemplativo de la sonata BWV1018 en Fa menor, para finalizar el concierto con la Sonata en Sol Mayor BWV1021, que contiene todos los caracteres y colores posibles”, describió.

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Delicada conversación entre violín y clave a mayor gloria de Bach.

Centrado exclusivamente en Bach, el recital entre Ana Marija Krajnc y Adriana Alcaide se convirtió en una delicada conversación entre violín y clave. La violinista lo aconsejó así antes del directo: “Cerrar los ojos, dejarse llevar por las líneas sinuosas de las melodías en los movimientos lentos. Abrir los ojos en los movimientos rápidos para poder entender el diálogo entre el violín y el clave, comprender la magnitud compositiva de este gran genio que, en cada escucha, aparecen nuevos senderos”. Así mismo, la artista no escondía su entusiasmo por recuperar el patrimonio musical de la Corona de Aragón, constante de esta edición del festival: “Es magnífico para poder entender mejor de dónde venimos, nuestra idiosincrasia e identidad. Hay todavía tanta música por descubrir que toda iniciativa por llevarla a la luz es maravillosa”.

La velada celebrada en la iglesia del Salvador de Santa Cilia fue una serena declaración de intenciones. Con el valor de sus notas y gracias a la generosidad de su oficio, Ana Marija Krajnc y Adriana Alcaide reafirmaron su compromiso con una música que, desde los clásicos, busca transformar al oyente, hacerle tomar conciencia de su entorno y devolverle su humanidad en un mundo cada vez más acelerado: “La música debe ser capaz de transformarnos, de hacernos tomar conciencia de dónde estamos parados y poco a poco poder efectuar cambios significativos que tengan impacto en nuestro entorno, haciendo de este mundo un lugar más humano, habitable, saludable y comunitario”.

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Búsqueda de la esencia

Y es que Adriana Alcaide no se limita a mirar al pasado. Como bien dice y apela, en su visión actual, la música debe tener una función social, una utilidad humana: “Este año está trayendo nuevos caminos expresivos, haciendo mucho más hincapié en la música de cámara, en la belleza de lo pequeño, en la búsqueda de la esencia. También está siendo un año para hacer de la música un servicio social, una disciplina que ayuda a las personas a vivir con más presencia, conciencia y armonía. Lentamente nos estamos centrando en borrar las barreras entre el público y el intérprete, para paulatinamente encontrar una unidad que englobe toda diferencia”.

Esta filosofía es que la impregna su oficio, si bien su agenda le reserva citas como su participación en el BachFest de Leipzig en 2027 o sus colaboraciones con la Escolanía de Montserrat. Alcaide confiesa que dedica gran parte de su energía a la labor terapéutica: “A título personal, estoy preparando la grabación de un nuevo CD a solo y colaborando con centros sanitarios con personas vulnerables y al final de la vida, para acompañarles a través de la música en vivo”.

Por otro lado, su mirada sobre el estado actual de las músicas antigua y barroca es crítica. Aunque admite que el género se ha popularizado en España gracias a festivales y formaciones, advierte contra el peligro de la banalización: “Siendo víctimas del momento histórico en el que nos encontramos, las prisas, las redes sociales, las apariencias y los 'de cara a la galería' y la música como circo/entretenimiento, se echa en falta un acercamiento más profundo, más lento, más consciente para que la música pueda proveer a las personas de un espacio de reflexión, de calma, de foco y de centro para poder así sobrellevar el ritmo trepidante de nuestras mentes”.

La reflexión de Adriana Alcaide termina con un gran toque de atención a nuestra sociedad narcisista y digitalizada: “La música tiene la cualidad de poder dirigir nuestra atención hacia adentro para descubrir y encontrar todas las respuestas a nuestras preguntas. Por eso la banalización de la misma es una lástima, ya que se pierden las propiedades de ésta, equiparándola entonces a cualquier modo de entretenimiento más”.

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