Miguel Ángel Berna anunció en 2023 que había llegado el momento de despedirse de los escenarios después de más de cuarenta años de trayectoria. Lo que parecía el final de una carrera excepcional se ha convertido en el punto de partida de una reflexión mucho más amplia sobre la creación artística, la danza, la cultura aragonesa y el paso del tiempo. Ese es el eje de Rematadera. Allá va la despedida, el nuevo documental de Gaizka Urresti, presentado este viernes en el Festival Internacional de Cine de Huesca dentro de la jornada dedicada a los proyectos audiovisuales aragoneses.
El cineasta bilbaíno afincado en Aragón, responsable de documentales como Labordeta, un hombre sin más, distinguido con el Goya y el Forqué al mejor largometraje documental, o Eloy de la Iglesia. Adicto al cine, regresa al certamen oscense con una película que acompaña a una de las figuras esenciales de la cultura aragonesa contemporánea en un momento decisivo de su vida. Sin embargo, la propuesta trasciende el retrato biográfico para plantear preguntas sobre el legado cultural, la capacidad de transformación de la tradición y el lugar que ocupan los creadores dentro de la sociedad.
Urresti ha recordado además su estrecha relación con Huesca y con un festival al que llegó hace más de tres décadas. "Hace treinta y tres años vine por primera vez y, en cierto modo, es responsable de que hoy viva en Aragón, porque fue aquí donde conocí a mi mujer", ha explicado durante la presentación.
El director ha aprovechado también su intervención para reivindicar la evolución experimentada por el cine documental durante los últimos años. A su juicio, el género ha dejado atrás producciones pequeñas destinadas a públicos muy concretos para asumir retos cada vez más ambiciosos. "Cada vez somos más audaces a la hora de contar nuestras historias y de producirlas. Estamos haciendo películas más ambiciosas porque entendemos que, si no contamos nosotros determinadas historias, nadie las va a contar por nosotros", ha afirmado.
La semilla de Rematadera surgió cuando Manuela Adán, productora y compañera de Miguel Ángel Berna, comunicó a Urresti que el bailarín había decidido poner fin a su carrera sobre los escenarios. Aquella noticia despertó inmediatamente el interés del cineasta. Durante décadas, Berna había sido una presencia constante en la vida cultural aragonesa, llenando teatros, estrenando espectáculos y llevando la jota a escenarios nacionales e internacionales desde una mirada contemporánea.
Formado desde niño en la tradición popular, el bailarín construyó un lenguaje propio que le permitió dialogar con otras disciplinas artísticas sin renunciar a sus raíces. Precisamente esa trayectoria es la que convirtió en paradójica la percepción que el propio artista tenía de su recorrido profesional.

"Lo que más me llamó la atención fue descubrir que, detrás de una carrera que cualquiera consideraría un éxito, existía una profunda sensación de fracaso. Miguel Ángel sentía que, después de toda una vida dedicada a la jota y a la danza, no había conseguido llevar ese lenguaje al lugar al que aspiraba ni dejar una estructura capaz de garantizar la continuidad de su trabajo cuando él abandonara los escenarios", ha explicado Urresti.
Esa contradicción se convirtió en el motor del documental. La película explora la sensación de que, pese al reconocimiento obtenido, la jota sigue sin ocupar el espacio que merece dentro de la vida cotidiana y de la cultura popular contemporánea. También aborda la frustración de no haber conseguido consolidar una compañía estable que pudiera recoger el testigo de un lenguaje artístico desarrollado durante décadas.
Para el director, el caso de Berna resulta especialmente significativo porque representa a un creador que partió de la tradición más arraigada para llevarla a nuevos territorios. "Comenzó bailando jotas desde niño, dejándose las rodillas en escenarios improvisados y en fiestas populares, y desde ahí consiguió llevar la cultura popular aragonesa a algunos de los escenarios más importantes del mundo", ha señalado.
La película amplía además la mirada hacia cuestiones estructurales relacionadas con la situación de la cultura y las artes escénicas. Uno de los temas centrales es la realidad de la danza, una disciplina especialmente exigente desde el punto de vista físico y marcada por carreras profesionales mucho más cortas que las de otras manifestaciones artísticas, ha observado el realizador.
Urresti aprovecha la experiencia de Berna para reflexionar sobre las dificultades que encuentran muchos creadores para desarrollar proyectos sostenibles en el tiempo y sobre la falta de políticas culturales capaces de consolidar estructuras duraderas.
La película también incorpora una mirada crítica sobre algunas decisiones que han marcado la historia reciente de las artes escénicas en Aragón. Entre los ejemplos citados durante la presentación figura la desaparición del Ballet de Zaragoza, un episodio que el director considera representativo de las dificultades para construir proyectos culturales estables a largo plazo.
Sin embargo, el mayor giro de la historia ha llegado durante el propio rodaje. Lo que comenzó como una película sobre una despedida ha terminado convirtiéndose en una reflexión sobre la imposibilidad de retirarse cuando la creación forma parte de la identidad de una persona. A medida que avanzaban las grabaciones, Urresti descubrió que la realidad estaba desmontando la premisa inicial del documental.

"Yo empecé esta película pensando que iba a documentar una retirada, pero la realidad me ha obligado a replantearlo todo porque Miguel Ángel sigue creando, sigue imaginando nuevos proyectos y sigue necesitando subirse a un escenario. Lo que parecía la crónica de un final se está convirtiendo en una reflexión sobre algo mucho más profundo: que un artista puede dejar de producir grandes espectáculos, pero difícilmente deja de crear", ha afirmado.
Tras anunciar su despedida, Berna ha continuado desarrollando nuevas propuestas junto a otros artistas. Esa evolución ha obligado al director a seguir rodando y a replantear el desenlace de una película que todavía se encuentra en construcción. Lejos de considerar ese cambio un problema, Urresti lo interpreta como una de las mayores virtudes del cine documental. "Lo mejor del documental es que la realidad siempre tiene la capacidad de sorprenderte. Puedes empezar siguiendo una idea muy clara y descubrir después que la verdadera historia es otra completamente distinta", ha explicado.