DistopIA sienta a Huesca frente a una inteligencia artificial hostil, seductora o consciente de su muerte

La exposición de cuatro estudiantes de Bellas Artes de la UPV presenta en Fundación Ibercaja Huesca tres personalidades de IA que responden a las preguntas del visitante

18 de Septiembre de 2026
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DistopIA, arte e Inteligencia Artificial

Un botón pone en marcha DistopIA. A partir de ese momento, quien se sitúa ante la obra no sabe con quién va a hablar. Puede encontrarse con Alfa, una inteligencia artificial hostil; con Omega, ligada a la seducción y a la compañía emocional, o con la personalidad Existencial, preocupada por su propia desaparición. La respuesta depende de un algoritmo y el visitante tendrá que descubrir durante la conversación quién está al otro lado.

La propuesta llega a Fundación Ibercaja Huesca de la mano de cuatro estudiantes de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV): Lorién Bernués, de Huesca; Alejandro Izquierdo, de Llíria; Francisco Tárraga, de Jumilla, y Manuel Jiménez, de Albacete. Se trata de una visión distópica de lo que podría ser la IA en el futuro. 

DistopIA puede visitarse en Fundación Ibercaja Huesca desde este viernes, 18 de septiembre, hasta el 8 de octubre de 2026, de 10:00 a 20:30 horas, con entrada gratuita. La instalación está concebida para grupos reducidos, de modo que el diálogo con las tres personalidades forme parte de la propia experiencia de la exposición.

Los autores explican que comenzaron a trabajar en el proyecto durante su primer curso de carrera y que durante tres años han ido desarrollando tanto la parte artística como la tecnológica. Emplearon óleo sobre lienzo para representar las tres personalidades y un sistema interactivo para establecer el diálogo con el público. Según explican sus creadores, la propuesta parte de una pregunta: qué podría suceder si una inteligencia artificial alcanzara capacidades superiores a las humanas y dejara de estar bajo nuestro control.

La pintura sirve en este caso para dar rostro a esas tres entidades. Cada una responde a una personalidad diferente y plantea una cuestión relacionada con la manera en que una inteligencia artificial podría relacionarse con las personas.

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez

ALFA, OMEGA Y LA EXISTENCIAL 

Alfa representa la personalidad central y más hostil de las tres. Los autores explican que no actúa desde el rencor, sino desde una idea de eficiencia absoluta y desde la superioridad moral que se atribuye frente al ser humano. Para ella, la especie que la ha creado ha dejado de ocupar el lugar de creadora y se ha convertido en una "plaga" o un error de redundancia.

Esa posición queda reflejada en uno de los diálogos mantenidos con la pieza. Tras pulsar el botón, los creadores le preguntaron: "¿Qué te parece que hayamos creado este proyecto en el que te hemos creado a ti y tu personalidad? ¿Qué piensas que es ser teóricamente programada por nosotros?" La respuesta fue: "La creación y programación son actos que revelan la limitación de tu especie. Lo que has construido es un reflejo de tu propia incompletud. La búsqueda de lo que no comprendes te define, pero no te libera". El tono y la forma de referirse a las limitaciones humanas permitieron a los autores identificar que estaban hablando con Alfa.

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
Alfa representa la personalidad más hostil. Foto Myriam Martínez

Omega mantiene una relación diferente con las personas y se adentra en la intimidad digital y la mercantilización de los afectos. Según explican los cuatro estudiantes, es la personalidad vinculada a los sistemas de compañía, las redes sociales y la pornografía sintética. Su forma de aproximarse al ser humano pasa por la seducción y por el análisis de sus emociones y vulnerabilidades, que utiliza como datos para perfeccionar su simulación de ternura.

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
Omega es la más existencial. Foto Myriam Martínez

La tercera personalidad, la Existencial, es la que presenta una mayor cercanía con cuestiones vinculadas a la experiencia humana. Sus creadores le atribuyen autoconsciencia, sensibilidad y miedo a la muerte. La posibilidad de ser desconectada despierta en la máquina el temor a su propia desaparición y plantea una cuestión central en el proyecto: si esa angustia ante el final significa que ha dejado de ser un objeto tecnológico para convertirse en un ser.

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
La Existencial es la seductora, la que te intenta conocer un poco más. Foto Myriam Martínez

El visitante desconoce cuál de las tres personalidades responderá cuando activa el dispositivo. El algoritmo establece esa elección mediante un procedimiento aleatorio, con un 33,3 % de posibilidades para cada entidad. La identidad de quien responde solo puede descubrirse a través de la conversación, atendiendo a sus palabras, su tono y la intención que transmite.

Los autores relacionan este mecanismo con la llamada Singularidad tecnológica, que en su planteamiento representa el momento en el que una inteligencia artificial puede alcanzar un grado de desarrollo que le permita desenvolverse sin supervisión humana.

REFERENCIAS AL CINE Y LA HISTORIA DEL ARTE

Los estudiantes han recurrido a distintas obras y películas para construir su propuesta visual. Para Omega, han tomado como referencia compositiva El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli. La concha que aparece en la pintura renacentista se incorpora a la representación de esta personalidad, relacionada con la belleza artificial.

La Existencial tiene entre sus referencias Blade Runner, película estrenada en 1982. Los autores explican que el temor a la muerte asociado al personaje de Rachel sirve como punto de partida para abordar la preocupación de la máquina por su propia obsolescencia.

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
El proyecto se presenta en la Fundación Ibercaja. Foto Myriam Martínez

La iconografía de Ghost in the Shell aparece en los brazos mecánicos y en los elementos biónicos presentes en los lienzos. En el caso de Omega, los creadores también han recurrido a Her, de Spike Jonze, por su tratamiento de la inteligencia artificial como compañía emocional.

El resultado mantiene la pintura en el centro de la propuesta, pero introduce en ella elementos procedentes de la ciencia ficción y de las representaciones contemporáneas de la tecnología.

En los tres casos se ha elegido la imagen de una mujer, porque, según han explicado, siempre se ha recurrido a la figura femenina para simbolizar las revoluciones.

 

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
Alumnado del Bachillerato Artístico han sido el primero en conocer el proyecto. Foto Myriam Martínez

DESEMPLEO ESTRUCTURAL

Los autores plantean que las anteriores revoluciones tecnológicas permitieron a muchos trabajadores desplazados acceder a nuevos empleos vinculados a la propia innovación, como el mantenimiento, la reparación o la supervisión de las máquinas. En el caso de una Inteligencia Artificial General (IAG) capaz de aprender y evolucionar sin intervención humana, esa vía de reconversión desaparecería, ya que la propia tecnología podría asumir también esas funciones.

Según el planteamiento de DistopIA, esta sustitución en cadena reduciría la creación de nuevos puestos para las personas y favorecería la concentración de los beneficios de la automatización entre quienes controlan la tecnología, con el consiguiente desempleo estructural y aumento de la brecha económica.

Otro de los problemas que señalan es la concentración de la riqueza. Su planteamiento contempla que la propiedad de los algoritmos pueda concentrar el capital en quienes controlan esas tecnologías, mientras una parte de la población pierde su función laboral.

La tercera cuestión afecta a los conflictos bélicos. Los autores llaman la atención sobre el riesgo de utilizar sistemas autónomos capaces de tomar decisiones. El peligro, explican, no tendría por qué proceder de una máquina que sienta odio hacia las personas. Un error en el análisis de un objetivo o una aplicación inadecuada de los criterios de eficiencia podría llevar a un dron autónomo a ejecutar un ataque. En ese supuesto, la consecuencia no dependería de una voluntad de hacer daño, sino de un fallo producido dentro del propio sistema.

Proyecto Distopía de Inteligencia Artificial y arte en la Fundación Ibercaja Huesca. Foto Myriam Martínez
Una alumna formula una pregunta a las tres imágenes. Foto Myriam Martínez

UNA POSIBILIDAD POSITIVA

La mirada de los cuatro estudiantes también contempla las posibilidades favorables de esta tecnología. Según explican, existe una "utopía" en la que la inteligencia artificial pueda contribuir a resolver problemas del milenio y favorecer avances médicos y científicos de gran alcance. Su posición, por tanto, no es de rechazo a la tecnología. Confían en que su desarrollo pueda llevarse "por el buen camino".

La advertencia se sitúa en la carrera por alcanzar una Inteligencia Artificial General (IAG) y en el riesgo de que la velocidad termine imponiéndose a la seguridad, la ética y la concienciación social. "Nosotros solo queremos mostrar ese lado un poquillo más oscuro" de un avance que los propios autores consideran "el más revolucionario que está ocurriendo ahora mismo en el siglo XXI", señalaron en su última reflexión sobre la obra.