El Salón Azul del Casino de Huesca se ha llenado este domingo para escuchar a Eduard Fernández, protagonista de uno de los encuentros más esperados del 54º Festival Internacional de Cine de Huesca, pocas horas antes de recibir el Premio Luis Buñuel 2026. Acompañado por el escritor y comunicador Luis Alegre, el actor ha mantenido una conversación cercana, salpicada de humor, recuerdos personales y reflexiones sobre el cine, la interpretación, la familia y algunos de los grandes debates de nuestro tiempo.
El acto, como es tradición, ha comenzado con una sencilla dedicatoria escrita sobre una fotografía en la que podía leerse: "Buñuel, el más grande". A partir de ese momento, Luis Alegre ha conducido la conversación hacia tres nombres fundamentales en el imaginario artístico del actor: Luis Buñuel, Francisco de Goya y Carlos Saura, nacidos respectivamente en Teruel, Zaragoza y Huesca. Fernández ha expresado su admiración por los tres y ha señalado que lo que más le fascina de ellos es la absoluta libertad con la que desarrollaron sus respectivas obras. "Goya, Buñuel y Saura hacían lo que les daba la gana. Y a eso aspiro yo", ha asegurado.
Fernández ha recordado además que su vínculo con Buñuel se remonta a la adolescencia, cuando todavía buscaba su lugar en el mundo. El descubrimiento de Un perro andaluz supuso para él una auténtica revelación. Aquella película, ha explicado, le mostró que el cine podía abrir caminos inesperados y adentrarse en territorios desconocidos. A su juicio, Buñuel representaba una forma de entender la creación basada en el riesgo, la osadía y la capacidad de explorar lo que todavía no se sabe.
"Goya es una salvajada, es brutal. Lo clásico es lo que siempre está vigente", ha añadido, antes de reconocer que le encantaría interpretar algún día al pintor aragonés.
El futuro Premio Luis Buñuel 2026 también ha reivindicado el carácter profundamente colectivo del cine. Ha recordado que una película es el resultado del trabajo de muchas personas y que el director es quien marca el rumbo del conjunto. En ese contexto, ha querido poner en valor la labor de los guionistas, un trabajo que considera insuficientemente reconocido. Con una comparación tan gráfica como irónica, ha asegurado que muchas veces se parecen al líquido azul del baño del AVE: "Está ahí, es imprescindible, pero nadie se fija".
A lo largo del encuentro también ha regresado en varias ocasiones a sus primeros pasos profesionales. Mucho antes de convertirse en uno de los intérpretes más reconocidos del cine español, estudió mimo, se apasionó por los títeres y recorrió pequeños escenarios intentando abrirse camino. Entre aquellos recuerdos ha evocado incluso una actuación en Fraga, cuando actuaba en una discoteca mientras los asistentes bailaban. Fueron años marcados por la incertidumbre y por las dificultades para convertir la vocación artística en una profesión estable.
Su desembarco en el cine tampoco fue inmediato. Fernández ha explicado que rodó su primera película importante con 35 o 36 años y ha insistido en que abrirse paso en esta profesión resulta extraordinariamente complicado, hasta el punto de que el talento, por sí solo, no garantiza nada.
Al recordar Los lobos de Washington, la película dirigida por Mariano Barroso que supuso uno de los primeros grandes impulsos de su carrera, ha reconocido que entonces se aferraba a los personajes "como un loco". Sentía que todavía tenía poco que aportar y necesitaba apoyarse por completo en el trabajo interpretativo. En aquel rodaje coincidió con Javier Bardem, a quien ha definido como "un compañero maravilloso".
Uno de los momentos más íntimos de la mañana ha llegado cuando Luis Alegre le ha preguntado por su madre. Fernández ha rememorado cómo ella alimentó desde muy temprano su curiosidad por la ficción, los relatos y el cine. Las visitas a las salas de proyección formaban parte de la vida familiar, aunque lo que más ha destacado ha sido su extraordinaria capacidad para contar historias. Con una sonrisa, ha reconocido que muchas veces su imaginación superaba cualquier guion: "Luego la película podía ser bastante peor" que lo que ella narraba.
El alzhéimer fue apagando poco a poco a una mujer fundamental en su trayectoria y la pandemia añadió una dureza difícil de olvidar a aquella despedida. La imposibilidad de acompañarla en sus últimos momentos dejó una huella profunda que más tarde transformó en creación artística a través de una obra teatral concebida como homenaje. Más allá de la pérdida, el actor ha reivindicado el legado recibido de ella: el amor por las historias, la sensibilidad para observar la realidad y una mirada profundamente humana que, de algún modo, continúa acompañándole en cada proyecto.
LA INCERTIDUMBRE COMO MOTOR
Lejos de proyectar una imagen de seguridad absoluta, Fernández ha reivindicado la duda como una herramienta inseparable de su oficio. Ha confesado que nunca afronta un personaje desde certezas previas y que cada nuevo proyecto le obliga a empezar de nuevo. "Nunca sé cómo hacerlo", ha revelado.
Durante el encuentro ha insistido además en que la interpretación no consiste en aplicar fórmulas aprendidas, sino en descubrir constantemente. Para él, trabajar desde la incertidumbre no es una debilidad, sino una necesidad. Ha defendido que el arte exige asumir riesgos y aceptar que no siempre existe una respuesta clara sobre cómo abordar un personaje o una historia.
A su juicio, la única forma honesta de trabajar consiste en implicarse por completo. "Entregarse absolutamente al trabajo que haces o a una persona que amas es algo bueno", ha afirmado. Esa reflexión le ha servido también para relativizar el valor de los premios. Ha recordado que algunos reconocimientos recibidos durante los primeros años de su carrera probablemente le afectaron más de lo que deberían y que la experiencia le ha enseñado a contemplarlos desde otra perspectiva.
"Seguir trabajando es el mejor premio", ha asegurado. Más que los galardones, valora la posibilidad de continuar aprendiendo y enfrentándose a nuevos desafíos. Por ello ha defendido la importancia de conservar la ilusión y evitar acomodarse en las propias certezas: "El premio que uno puede darse es la ilusión y no tener la seguridad de que lo va a hacer bien".
Buena parte del encuentro ha girado en torno a los personajes reales que ha interpretado a lo largo de su carrera. Luis Alegre le ha preguntado por figuras tan distintas como Santiago Carrillo, Adolfo Suárez, Millán Astray, Marco, Manolo Vital o Pere Casaldàliga. Fernández ha explicado que nunca aborda estos trabajos desde la simple imitación y que siempre persigue algo más profundo.
Ha detallado que se fija en los gestos, la forma de caminar, la voz o determinados rasgos físicos. Incluso ha recurrido en ocasiones a la ayuda de Carlos Latre para analizar algunos detalles concretos. Para encontrar la esencia de ciertos personajes, ha llegado a relacionarlos con animales o imágenes muy específicas. Sin embargo, ha insistido en que el resultado nunca puede convertirse en una caricatura. "Algo de ti tiene que emanar. No puede ser una parodia", ha resumido.
Sobre Santiago Carrillo ha señalado que ofrecía innumerables elementos con los que trabajar como actor. De Millán Astray ha recordado la complejidad de encarnar a una figura histórica tan controvertida y asociada a una frase tan poderosa como aquel "¡Viva la muerte!". En todos los casos ha defendido la necesidad de comprender a las personas antes de juzgarlas.
Uno de los momentos más emotivos ha llegado al recordar a Pere Casaldàliga, a quien ha definido como una de las personas más extraordinarias que ha conocido. Fernández ha mostrado una profunda admiración por el obispo y activista catalán y ha reconocido que interpretarlo le permitió acercarse a una figura humana excepcional. Incluso ha llegado a asegurar que probablemente sea la persona más admirable que ha conocido. Ha destacado la coherencia con la que vivió sus convicciones y la profunda huella que dejó en quienes le rodearon.
También ha hablado de Joan Manuel Serrat, a quien conoció personalmente y de quien ha destacado su calidad humana.
Fernández ha sostenido que todos los personajes dejan un poso en quien los interpreta y que siempre permanece algo de ellos después del rodaje. Lo comprobó especialmente con Manolo Vital, el conductor de autobús protagonista de El 47. Ha relatado que una familiar del verdadero Vital se emocionó al verlo en pantalla porque tuvo la sensación de estar contemplándolo de nuevo con vida. Incluso ha recordado con humor que la esposa de Óscar Camps llegó a confundirlo momentáneamente con la persona real.
La conversación también ha permitido conocer algunas curiosidades sobre el oficio. El actor ha confesado que prácticamente nunca puede decidir libremente cuándo cortarse el pelo porque su aspecto físico suele estar condicionado por el siguiente personaje.
Luis Alegre también le ha preguntado por su debut como director con el cortometraje El otro, una obra que parte de planteamientos cercanos al surrealismo y que gira alrededor de un hombre que intenta escapar de sí mismo. Fernández ha reconocido que la experiencia detrás de la cámara le ha permitido observar el cine desde una perspectiva completamente distinta.

LA FAMILIA Y LAS MUJERES
La familia ha ocupado igualmente un lugar destacado durante el encuentro. Fernández ha hablado con enorme cariño de su hija, la actriz Greta Fernández, y ha dejado claro cuál es su prioridad absoluta. "Mi hija es lo más importante siempre", ha afirmado. También ha compartido algunas anécdotas relacionadas con el trabajo conjunto y ha reconocido que aceptó participar en determinados proyectos por la posibilidad de vivir esa experiencia junto a ella.
En otro momento de la conversación ha mencionado a Ainhoa Aldanondo, su pareja, de quien ha destacado su inteligencia y el profundo afecto que les une. "Me quiere mucho y yo a ella", ha señalado.
La situación de las mujeres en la industria audiovisual ha ocupado otro de los bloques del encuentro. Fernández ha afirmado que seguimos viviendo en una sociedad machista y que muchas grandes actrices no han tenido las oportunidades que merecían. Al mismo tiempo, ha celebrado los cambios producidos durante los últimos años.
"También, quitarte la obligación de ejercer constantemente un papel de macho es un alivio", ha reflexionado. No obstante, ha advertido de que la igualdad todavía está lejos de alcanzarse. "Hay muchas mujeres empoderadas, pero el machismo sigue existiendo y hay que seguir luchando", ha señalado.

LA ACTUALIDAD
La recta final de la conversación ha derivado hacia cuestiones sociales y políticas. A raíz de su participación en Mediterráneo, se le ha preguntad sobre los movimientos migratorios y sobre las respuestas que distintas sociedades están ofreciendo a este fenómeno. El actor ha reconocido que se trata de uno de los grandes desafíos contemporáneos y que resulta sencillo opinar cuando no se tienen responsabilidades de gobierno.
Sin embargo, ha mostrado una clara preocupación por el auge de determinadas propuestas políticas. "Las soluciones de la extrema derecha no me parecen las más acertadas y no respetan los derechos humanos", ha afirmado. A su juicio, la cuestión debe abordarse desde la dignidad, el trabajo y las oportunidades para quienes buscan una vida mejor.
Antes de despedirse, también ha hablado de los proyectos que tiene por delante, entre ellos EL oso, una serie sobre la reintroducción de este animal en el Valle de Arán, la película El mal padre y varios rodajes pendientes. Ha recordado además a algunas de las personas que han marcado su trayectoria profesional, entre ellas Albert Boadella, con quien trabajó durante cuatro años en Els Joglars. Aquella etapa, ha explicado, constituyó una auténtica escuela y le permitió aprender el oficio desde la práctica diaria, participando en centenares de representaciones por toda España.