La geopolítica ha vuelto al centro del debate y lo ha hecho atravesando territorios concretos: desde el Golfo Pérsico hasta Aragón, desde las rutas energéticas globales hasta las tensiones entre Madrid y la periferia española. Ese ha sido el hilo conductor de la conversación mantenida este miércoles en Huesca por el periodista Enric Juliana y el geógrafo Santiago Fernández Muñoz, quienes han analizado cómo el actual escenario internacional está redefiniendo el papel de España y el equilibrio entre ciudad y territorio.
“Las decisiones más importantes hoy se toman en Washington, Moscú o Pekín”, ha advertido Juliana al describir un mundo marcado por la competencia entre potencias y la disputa por recursos estratégicos. Según ha señalado Fernández, ese nuevo tablero global está empezando a reordenar también las dinámicas internas del país, desde el modelo territorial hasta la localización de nuevas actividades económicas vinculadas a la energía.
En ese contexto, España aparece, según ha explicado Juliana, como “la retaguardia de una Europa en crisis”, un país con crecimiento económico, aumento de población y fuerte presión turística que, al mismo tiempo, vive tensiones territoriales internas y un intenso debate sobre el papel del mundo rural, la energía y el modelo de desarrollo.
La conversación, conducida por la politóloga oscense Carmen Lumbierres, ha inaugurado el nuevo ciclo de debates impulsado por la sede Pirineos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que durante el mes de marzo reunirá en Huesca a analistas y expertos para reflexionar sobre los grandes desafíos políticos y territoriales del presente. Las sesiones se celebran cada miércoles en el salón de actos de la Fundación Ibercaja, con entrada libre previa inscripción. Antes del diálogo han intervenido el director del centro, Roberto Cerdán, y el profesor de la Universidad de Zaragoza Alfredo Serrate, responsable de la sede Pirineos de la UIMP.

Juliana, adjunto al director de La Vanguardia y responsable de su delegación en Madrid, ha desarrollado una larga trayectoria en el periodismo político y fue corresponsal en Italia, además de participar habitualmente en radio y televisión. Por su parte, Fernández Muñoz, doctor en Geografía y profesor titular en la Universidad Carlos III de Madrid, aporta una perspectiva académica vinculada a la evaluación de políticas públicas, la planificación territorial y la gestión de infraestructuras, tras su paso por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal y la Presidencia del Gobierno.
Ambos colaboran en Penínsulas, una newsletter de análisis político y territorial impulsada por Juliana en la que el periodista y el geógrafo mantienen un diálogo periódico para interpretar la actualidad desde una perspectiva geográfica. El proyecto combina el análisis de la política internacional, las dinámicas económicas y el territorio para explicar cómo los cambios globales afectan a espacios concretos de la península ibérica. En ese intercambio, Juliana aporta claves de interpretación política mientras Fernández introduce la mirada territorial y geográfica.
LA SITUACIÓN EN EL MUNDO
La conversación se ha adentrado entonces en el escenario internacional. Lumbierres ha planteado a Juliana una cuestión directa sobre la situación global tras el inicio de la segunda presidencia de Donald Trump y su creciente coordinación con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Oriente Medio. La politóloga ha preguntado cómo interpretar ese giro estratégico y qué consecuencias puede tener en una región clave como el Golfo Pérsico.
Juliana ha defendido que para entender los movimientos recientes de Washington conviene acudir al documento de doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, publicado en diciembre, donde se fijan las prioridades estratégicas de la política exterior norteamericana.

Uno de los objetivos centrales consiste en impedir que otras potencias consoliden posiciones estratégicas en el hemisferio occidental. En ese marco ha situado el caso de Venezuela, donde, según ha detallado, China había logrado adquirir petróleo mediante circuitos financieros que evitaban el dólar. “Habían organizado un sistema en el que el petróleo se pagaba en manufacturas o en moneda china”, ha apuntado, y el riesgo para Washington era que ese sistema pudiera extenderse a otros grandes productores como Rusia o Brasil, debilitando el papel de la moneda americana en el comercio internacional de hidrocarburos.
Juliana ha vinculado ese escenario con la situación de Irán, cuyo petróleo se dirige en un 80 % al mercado chino. Además, ha recordado que ese suministro resulta clave para el crecimiento de la economía asiática.
El análisis se ha ampliado hacia el control de las rutas comerciales globales. El periodista ha manifestado que una parte esencial del comercio mundial circula por el corredor marítimo que conecta Asia y Europa a través del océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez.
“Los chinos no quieren controlar países, lo que quieren controlar son puertos”, y frente e a ese modelo, Estados Unidos busca consolidar alianzas capaces de asegurar el control del Golfo Pérsico y del acceso al mar Rojo, enclaves decisivos para el transporte mundial de energía y mercancías.

ESPAÑA, "RETAGUARDIA DE UNA EUROPA EN CRISIS"
A partir de ese escenario global, la conversación se ha desplazado hacia el papel de España en el tablero europeo. Según Juliana, el continente atraviesa un momento de gran tensión estratégica marcado por la guerra en Ucrania y la creciente competencia entre potencias.
“España hoy es la retaguardia de una Europa en crisis”, ha afirmado. En su opinión, los Pirineos funcionan no solo como frontera física sino también como una barrera psicológica que refuerza la percepción de distancia respecto a los conflictos del este europeo.
Esa posición relativamente protegida está teniendo también consecuencias económicas. Juliana se ha referido a una “migración invisible” de capitales y personas que buscan en nuestro país un entorno estable ante la incertidumbre global. “Hay gente que compra viviendas en España por si acaso”, ha señalado.
Juliana ha señalado que esa posición relativamente protegida también está generando reproches en algunos aliados europeos. Según ha explicado, desde determinados ámbitos políticos y económicos se está empezando a señalar a España como un país poco solidario dentro del esfuerzo común de seguridad. “Se nos empieza a decir que los españoles somos unos gorrones”, ha comentado al describir una crítica que circula en ciertos círculos internacionales y que cuestiona que el país se beneficie del sistema de protección occidental sin asumir plenamente los costes que afrontan los Estados más expuestos al conflicto.
Al mismo tiempo, el periodista ha subrayado que España mantiene una dinámica demográfica distinta a la de otros países europeos. “La población española llegará a los 50 millones este año”, mientras otros países experimentan estancamiento poblacional y algunos, como Italia, asisten a un retroceso.
Ese dinamismo también se refleja en el turismo, con cifras cercanas a 100 millones de visitantes internacionales al año. “Este país es un ir y venir continuo de gente”, ha resumido.

En ese punto ha intervenido Santiago Fernández Muñoz, quien ha introducido otro factor decisivo: la energía. El geógrafo ha considerado que el desarrollo de las energías renovables está transformando el potencial económico del país al permitir producir electricidad a menor coste que otras economías europeas dependientes del gas.
Ese diferencial energético, ha explicado, puede atraer nuevas actividades industriales y tecnológicas intensivas en energía, como centros de datos o industria digital.
MODELO TERRITORIAL Y ENERGÍA
La conversación se ha desplazado hacia el modelo territorial español. Carmen Lumbierres ha recordado que España se ha organizado históricamente bajo un modelo radial articulado en torno a Madrid, una estructura consolidada desde comienzos del siglo XX.
Sin embargo, las tensiones territoriales actuales cuestionan ese esquema, mientras corredores como el Mediterráneo o el Cantábrico reflejan dinámicas económicas más complejas.
La politóloga ha advertido además del riesgo de que el país evolucione hacia una división entre nucleos urbanos donde se toman las decisiones y territorios periféricos dedicados a suministrar recursos, reproduciendo esquemas económicos propios de mediados del siglo XX.
Fernández Muñoz ha puesto el foco en la creciente centralidad de Madrid, que concentra cada vez más indicadores de poder económico, empresarial e institucional. Ese crecimiento, ha indicado, está generando tensiones en un país que no fue concebido para que la capital acumulase tal nivel de protagonismo.
La población, ha apuntado, tiene la percepción de que “el futuro se labra en las grandes ciudades”.

FRACTURA ENTRE EL CAMPO Y LA CIUDAD
Ese fenómeno territorial conecta con otra dinámica presente en muchas democracias occidentales: la división política entre ciudades y zonas rurales.
Fernández ha explicado que ese patrón se observa con claridad en Estados Unidos, donde el apoyo a Donald Trump se concentra en territorios rurales mientras las grandes ciudades mantienen perfiles electorales muy distintos. Dinámicas similares aparecen en Francia e Italia.
El geógrafo ha citado el concepto del investigador Andrés Rodríguez-Pose, “la revancha de los lugares que no importan”, que describe la reacción política de territorios que sienten que otros espacios avanzan mucho más rápido.
Carmen Lumbierres ha aportado un ejemplo cercano al mencionar el entorno de Zaragoza, donde el crecimiento electoral de VOX también se observa en zonas de renta media y media-alta, como el corredor de Utebo. Sería lo que algunos analistas denominan la “España de las piscinas”, expresión popularizada por el periodista Jorge Dioni López para describir a una clase media aspiracional instalada en urbanizaciones periféricas.
El apoyo a partidos de extrema derecha también se vincula, según han señalado durante el debate, a una creciente desconfianza hacia los servicios públicos. En algunos sectores sociales se ha extendido la percepción de que infraestructuras y sistemas que durante años simbolizaron el progreso colectivo -como el transporte, la sanidad o la educación- ya no funcionan con la misma eficacia. Esa sensación alimenta un cambio de mentalidad en parte de la población, que empieza a plantear que sería preferible pagar menos impuestos y gestionar de forma individual ciertos recursos: “Que me den el dinero y ya me apaño yo”.

CLIMA DE GUERRA EN EUROPA
El debate ha regresado finalmente al escenario internacional y la guerra de Ucrania. Juliana ha señalado que el continente ha pasado de una agenda centrada en la transición ecológica a otra dominada por la seguridad y el rearme.
Uno de los países donde ese giro resulta más visible es Alemania, cuya prosperidad se apoyó durante décadas en el gas ruso barato y la protección estratégica de Estados Unidos. La guerra ha alterado ese equilibrio y ha abierto lo que Juliana ha definido como una “crisis existencial”.
El periodista ha señalado que el país está impulsando lo que algunos analistas denominan “keynesianismo militar”, con inversiones públicas en defensa y empresas como Rheinmetall.
Juliana ha concluido con una reflexión sobre el clima político que atraviesan muchas democracias occidentales, marcado por el ruido permanente y la sensación de sobresalto. “La cuestión que puede aparecer es muy sencilla”, ha advertido finalmente. “¿Quiere usted vivir sin ruido?”. Con esa pregunta, Juliana ha resumido una de las inquietudes que ha atravesado toda la conversación: si en un contexto internacional cada vez más inestable, marcado por la guerra, la competencia entre potencias y la presión sobre las democracias liberales, una parte de las sociedades occidentales podría terminar aceptando soluciones autoritarias simplemente por el deseo de recuperar estabilidad y silencio político.