La Escuela de Arte de Huesca conmemora sus 40 años de trayectoria con una exposición retrospectiva que refleja la evolución del centro, su alumnado y sus enseñanzas desde su fundación en 1986. La muestra, inaugurada este jueves en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner, reivindica el papel de la escuela como espacio de creación, aprendizaje y formación artística, al tiempo que proyecta su continuidad hacia el futuro.
El proyecto nació aproximadamente un año antes y sus responsables decidieron trasladarlo al centro de la ciudad para acercar a los oscenses la actividad de una institución que, según explicaron sus comisarias, "está más viva que nunca". El programa conmemorativo continuará con una muestra en la biblioteca Durán Gudiol, dedicada a proyectos editoriales y creaciones audiovisuales, mientras que durante noviembre la propia escuela acogerá una exposición centrada en la evolución de su bachillerato artístico.
En el acto, conducido por el actual director de la escuela, Javier, Loriente, intervinieron el director provincial de Educación, Carlos Oliván, las comisarias de la exposición, Beatriz Pueyo y Laura Cazo, y las profesoras Macu Vicente, Luisa Monerri y Masu Velduque, que repasaron diferentes etapas de estas cuatro décadas. La inauguración reunió asimismo a representantes municipales, entre ellos la concejala de Cultura, Sonia Latre, y el de Educación, Guillermo Gómez, además de miembros de la comunidad educativa, exalumnado y antiguos integrantes del centro.
Carlos Oliván destacó el significado que tenía para él la Escuela de Arte de Huesca, con la que mantiene un vínculo personal desde su infancia. El director provincial recordó que había estudiado quinto y sexto de EGB en el colegio Juan XXIII, cuyas aulas estaban entonces cedidas en la escuela, y señaló que su primera visita como responsable provincial de Educación había sido precisamente al centro artístico. A partir de esa experiencia, reivindicó la necesidad de preservar espacios donde el aprendizaje se apoyara en la creatividad, el ensayo y el trabajo manual frente a la inmediatez.
En este sentido, Oliván defendió que la tecnología debía ponerse al servicio del humanismo y valoró especialmente el papel de la escuela como lugar donde tenían cabida "la prueba y el error, la importancia de los talleres, el hacer y rehacer". A su juicio, esa perspectiva resultaba especialmente necesaria en una sociedad marcada por la rapidez y por un uso cada vez más intenso de las tecnologías. Por ello, expresó su deseo de que las cuatro décadas de trayectoria tuvieran continuidad: "El arte y el humanismo tienen que tener un espacio todavía más importante en la sociedad".
Las comisarias explicaron que la muestra constituía el resultado de un proyecto expositivo desarrollado durante aproximadamente un año, concebido para construir un relato sobre la evolución de la institución y trasladar su actividad al centro de Huesca. Pueyo y Cazo señalaron que el montaje había implicado a docentes, creadores y artistas, así como a numerosas personas vinculadas a las labores de diseño, producción y montaje.
El recorrido conmemorativo pretendía mostrar no solo la evolución académica de la escuela, sino también su dimensión social. Las comisarias reivindicaron la aportación de un centro público con recursos limitados que, según expresaron, había construido una comunidad basada en la tolerancia, el respeto y la libertad de expresión.
El recorrido por la historia de la Escuela de Arte de Huesca contó con el testimonio de las tres profesoras con más antigüedad. Masu Velduque, integrante de la primera promoción de estudiantes y actual profesora del centro, recordó aquellos comienzos, entre 1986 y 1990, cuando seis alumnos completaron sus estudios en la primera promoción. También evocó a algunas de las figuras que marcaron los inicios de la institución, como su primer director, Ángel Tomás del Río, y los artistas Alberto Carrera Blecua y María Jesús Bruna, que formaron parte de su profesorado inicial.
Seis años después de graduarse, Masu Velduque regresó a la escuela como docente. Tras desarrollar su carrera en centros de Zaragoza, Toledo y Cuenca, volvió a Huesca, donde había comenzado su trayectoria. En su intervención, destacó los valores que, a su juicio, definen la identidad de la institución: "diversidad, tolerancia, inclusión, convivencia y libertad". También felicitó al centro por sus cuatro décadas de actividad.
Por su parte, Macu Vicente repasó la transformación experimentada por las enseñanzas desde su incorporación al centro en 1990, cuando todavía recibía el nombre de Escuela de Artes y Oficios Artísticos y convivían talleres de talla en madera, piedra, grabado y textiles. Posteriormente, recordó la llegada de herramientas digitales como AutoCAD, Paint, Corel, Photoshop y FreeHand, dentro de un proceso de transformación que modificó la formación impartida.
Macu Vicente subrayó asimismo el carácter pionero de la escuela en la implantación de la especialidad de Diseño Gráfico, que fue, según explicó, la primera de España junto con la de Oviedo. También destacó que en Huesca se diseñó y creó el currículo de fotografía artística, disciplina que comenzó a estudiarse allí desde una perspectiva analógica. A esa evolución añadió posteriormente la incorporación del bachillerato de artes, la vía de artes escénicas y música y el ciclo de gráfica audiovisual impulsado por el Festival Internacional de Cine de Huesca.
La profesora recordó también algunos de los reconocimientos, proyectos y colaboraciones desarrollados por el centro durante estos años, entre ellos el Premio de Buenas Prácticas Educativas de 2011 y el proyecto "Ojo pajarico", puesto en marcha desde 2019 para evitar el impacto de aves contra las cristaleras. En esta trayectoria, mencionó además la participación de profesionales como Isidro Ferrer, David Adiego, José Ángel Alegre y Héctor Pisa, así como las colaboraciones con Cadis, Once, Aspace, Down Huesca, Proyecto Hombre, el Ayuntamiento de Huesca y la Diputación Provincial de Huesca.
La tercera intervención, de Luisa Monerri, se centró en el bachillerato artístico y las artes escénicas. La profesora explicó que el primero había comenzado de forma experimental y reivindicó el carácter propio de las escuelas de arte, sustentado en los talleres y en un profesorado especializado. También señaló que, pese a los sucesivos cambios legislativos, las materias fundamentales y sus contenidos se habían mantenido, y reclamó protección para el profesorado que participaba en actividades extraescolares, entre ellas el tradicional viaje a Madrid que realizaban desde 2016.
La mirada hacia el futuro cerró la inauguración con el anuncio de la adaptación del centro a la actualización de las enseñanzas profesionales artísticas. La escuela había pasado de tres a cinco ciclos formativos y, según se señaló durante el acto, continuaría incorporando formación artística para la ciudad con el objetivo de situarse a la vanguardia de las nuevas enseñanzas.
La intervención final sirvió también para reconocer a los equipos directivos que habían conducido la institución desde 1986 -Ángel Tomás, José Manuel Moli, Javier Costa, Elena Molina y Virginia Espa-, así como al profesorado, al personal de administración y servicios, a las empresas que acogían alumnado en prácticas, a las instituciones y a las distintas generaciones de estudiantes. Con ese reconocimiento quedó oficialmente inaugurada la exposición retrospectiva del 40 aniversario, concebida como una invitación a recorrer la historia de la escuela y a seguir vinculando la creación, la formación y el pensamiento artístico.