La Escuela de Arte de Huesca ha celebrado el día Mundial del Arte con un homenaje a la pintora oscense Chonín Laplaza, expresión de la voluntad imperecedora de ejercer la pulsión de observar, de creer y de crear hasta la obra final, una forma de vivir la pintura como captación de la realidad para pincelarla y devolverla a la contemplación e interpretación del espectador.
Durante estos dos días, la Escuela de Arte rinde tributo a todas las modalidades en torno a la creación, desde la pintura a la fotografía, pasando por el diseño gráfico y otras artes aplicadas dentro de la evolución de la sociedad.
Sin ir más lejos, a las 11 se ha disfrutado de una actución del Ballet Triádico Bauhaus de Oskar Schlemmer, proyecto dirigido por Lourdes Gracia y que ha involucrado a alumnado de primero de Bachiller de Artes Plásticas y Diseño. A continuación, ha habido talleres hasta las 14:30 horas de cianotipia, creación de fanzines, fotografía infrarroja, relajación, animación y urban schketcht.. Por la tarde, la actuación de Rafa Villa y Trillo. El jueves, 16, de 12:30 a 14:30, Carlos Grasa Toro pronunciará la conferencia "¿Art Brut?"
En la Asociación de Vecinos del Barrio de María Auxiliadora, estará abierta la Exposición "Una emoción en cada Escultura II" y en la Biblioteca de la Escuela de Arte la exposición de libros de artes plásticas y diseño.
Chonín Laplana ha contado con el acompañamiento a las 10:30 horas de las profesoras Laura Cazo y Adela Moreno, artistas y docentes de la Escuela, en una mesa redonda moderada por Luisa Monerri, la primera de las acciones que el centro emprenderá para poner en valor la figura de pintoras altoaragonesas.
Asunción "Chonín" Laplana Sánchez constituye toda una inspiración para las artistas de diferentes generaciones. Pintora e ilustradora profesional de formación autodidáctica, ha desplegado una ejecutoria artística admirable y prolongada desde la década de los 70 hasta hoy, con reconocimientos como primeros premios provinciales. Su vida ha trancurrido en torno a la familia y a la pintura como profesora de plástica (también de educación física), faceta en la que ha querido contagiar su pasión a su alumnado.

Chonín es una enamorada de las posibilidades que ofrece el óleo sobre tela para expresar todo lo que lleva dentro, comunicación artística que ha demandado soportes de gran tamaño. En todo caso, su curiosidad le ha conducido a otras técnicas como la tinta con plumilla para ilustraciones de libros, revistas y carteles.
Una artista y una mujer vitalista que ha sabido extraer de lo cotidiano todo el potencial para convertirlo en arte, en su caso con la preferencia por un lenguaje figurativo tanto para los retratos, en los que sonsaca el alma y el espíritu del retratado, como para los paisajes de los que saca todo el jugo para recrear un universo emocional.
Su prodigalidad y la longevidad de su arte tiene el mérito de mantener una pujanza admirable que ha sido aplaudida por un público que es consciente de que allí donde está Chonín Laplana existe una manera personalísima de sublimar el arte.