Las esculturas monumentales de Moisés Gil convierten el gesto en pensamiento

La exposición 'Ontología del gesto' se ha presentado este jueves en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca

María José Sampietro
Filóloga y diseñadora gráfica
09 de Abril de 2026
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Moisés Gil, con su exposición Ontología del gesto. Foto María José Sampietro
Moisés Gil, con su exposición Ontología del gesto. Foto María José Sampietro

Este jueves se ha presentado en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca la exposición Ontología del gesto, del escultor y profesor alicantino Moisés Gil. Una propuesta escultórica que invita al espectador a detenerse, observar y, sobre todo, reflexionar. El artista alicantino presenta un conjunto de obras donde el cuerpo humano deja de ser forma para convertirse en lenguaje, en símbolo y en territorio de conflicto.

La muestra, presentada por la concejal de Cultural del Ayuntamiento de Huesca, Sonia Latre y por la técnico de Cultura, Toñi Nadal, supone además un regreso significativo para Gil, quien mantiene un vínculo con la ciudad de Huesca tras su etapa docente en la Escuela de Arte. Su trayectoria, consolidada tanto en el ámbito nacional como internacional, se refleja en una exposición que sintetiza décadas de investigación plástica y conceptual.

Formado inicialmente en el taller de su padre en Cocentaina (Alicante), Gil completó sus estudios en escuelas de Artes y Oficios y en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, donde posteriormente se doctoró y ejerce labores docentes e investigadoras. Su obra ha recorrido museos y galerías de Europa, Asia y América, acumulando premios y exposiciones en ciudades como Madrid, Barcelona, Florencia, Shanghái o Seúl. Sin embargo, más allá de los reconocimientos, su trabajo se define por una constante: la exploración del ser humano en su dimensión más compleja.

En Ontología del gesto, esa exploración alcanza una intensidad particular. Las esculturas, de gran formato, impactan por su presencia física, pero también por la tensión interna que transmiten. Son cuerpos que parecen sostener un peso invisible, figuras que no buscan la belleza clásica ni la perfección formal, sino que se sitúan deliberadamente en el terreno de la fragilidad, la resistencia y la incertidumbre.

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Exposición Ontología del gesto. Foto María José Sampietro
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El uso de materiales industriales como la resina acrílica, la fibra de vidrio o el polvo de mármol contribuye a esa sensación de extrañamiento. Lejos de ocultar el proceso, las superficies de las obras conservan una textura rugosa, casi áspera, donde la huella del gesto escultórico se hace visible. Esa piel irregular no es un accidente, sino un elemento central del discurso: habla del desgaste, del dolor, pero también de la persistencia.

Uno de los rasgos más característicos de las piezas expuestas es la alteración de la anatomía. Manos desproporcionadas, pies sobredimensionados, torsos tensos o extremidades que se repliegan sobre sí mismas construyen un vocabulario visual cargado de significado. No se trata de deformaciones caprichosas, sino de signos que remiten a estados emocionales y existenciales. Una mano abierta puede oscilar entre la protección y el desafío; unos pies exagerados pueden evocar el arraigo o la imposibilidad de escapar.

Las figuras —niños, mujeres, personas mayores— no representan individuos concretos, sino estados de conciencia. En ellas se condensan experiencias universales: la culpa, el agotamiento, la vulnerabilidad, la resistencia. Tal como ha señalado el propio artista, sus esculturas no huyen del peso del mundo, sino que lo asumen y lo transforman en materia de pensamiento.

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Exposición Ontología del gesto. Foto María José Sampietro

La exposición está concebida como un recorrido narrativo. Las obras no se presentan de manera aislada, sino que establecen un diálogo entre sí, generando una secuencia que el espectador debe recorrer activamente. En este sentido, Gil propone una experiencia abierta, donde quien observa no queda al margen, sino que se ve implicado en la construcción del significado. Más que representar la sociedad contemporánea, las esculturas la ponen en escena como conflicto. En ellas aparecen tensiones como la violencia, el cuidado, la indiferencia o la valentía, sin caer en la idealización. El ser humano emerge así como un sujeto atravesado por contradicciones.

Ontología del gesto se configura, en definitiva, como una invitación a mirar más allá de la superficie. A través de la materia, del volumen y del gesto, Moisés Gil plantea preguntas incómodas y necesarias sobre nuestra relación con el mundo y con los otros. La exposición no ofrece respuestas cerradas, pero sí abre un espacio de reflexión donde el arte se convierte en herramienta de pensamiento.

Hasta el 3 de mayo, Huesca se convierte así en escenario de una propuesta que trasciende lo escultórico para adentrarse en lo filosófico. Una oportunidad para enfrentarse, cara a cara, con esas figuras que, en su silencio, parecen interpelar directamente al espectador.

 

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