El sonido de las guitarras, las bandurrias y las castañuelas ha vuelto a abrirse paso este domingo entre los árboles del Parque Miguel Servet, donde el grupo folclórico Estirpe de Aragonia ha protagonizado una de las actuaciones incluidas en el Ciclo de Folclore Aragonés. Sobre el escenario se han reunido cerca de treinta personas entre cantadores, bailadores y miembros de la rondalla, en una mañana en la que la formación presidida por Noemí Lanaspa ha desplegado una cuidada selección de músicas, cantos y coreografías vinculadas a la identidad cultural aragonesa.
La actuación ha comenzado con la Jota de Santolea, una pieza popularizada por los hermanos Espada y dedicada a la localidad turolense desaparecida bajo las aguas del embalse que lleva su nombre. Desde los primeros compases, el grupo ha querido rendir homenaje a las generaciones que han contribuido a construir la historia de Aragón, reivindicando un patrimonio que continúa transmitiéndose de padres a hijos. Las voces de los más jóvenes, Julia Barlés y Alejandro Elbaile, han abierto el bloque de jotas de estilo antes de dar paso a la interpretación de María Caudevilla.

El recorrido musical ha continuado con la Mazurca de les Aiguadores, una composición ligada a la localidad de Fraga y al papel que desempeñó el río Cinca en la vida cotidiana de sus habitantes. La pieza ha evocado el trabajo de quienes durante décadas transportaron el agua a los hogares antes de la llegada de las redes de abastecimiento modernas. En este bloque han participado Lorenzo Atarés, Ixeya Guallart y el dúo formado por Natalia Sistac y Marta Val, que han puesto voz a una de las estampas más características del folclore fragatino.
Uno de los momentos más significativos de la mañana ha llegado con la interpretación de Estirpe de Huesca, una coreografía creada por Carlos Vidal sobre música de Ramiro Da Silva. La pieza, especialmente vinculada a la trayectoria de la agrupación, simboliza la unión de las distintas generaciones que forman parte de la entidad. El vibrante final, marcado por la espectacular caída de rodilla de los bailadores, ha arrancado una de las ovaciones más prolongadas del público.
La actuación también ha servido para reconocer el trabajo de la rondalla, indispensable para acompañar a cantadores y danzantes. Tras ese homenaje, el protagonismo ha regresado a las voces de Natalia Sistac, María Caudevilla, Carmen Gavín y Marta Val, que ha interpretado Faro marinero, una nana compuesta por Santiago Urtubia e inspirada en los recuerdos de infancia del autor junto a la ribera del Ebro.

La recta final ha estado marcada por la energía de la Jota de Guara, creada en 1948 por Pablo Luis Maza, una de las figuras fundamentales de la danza aragonesa. La obra, dedicada a la sierra que domina el horizonte del Alto Aragón, ha vuelto a poner de manifiesto la fuerza expresiva de la jota de baile antes de dar paso a las últimas interpretaciones vocales y al popular pasodoble Sierra de Luna, compuesto por Francisco de Val e inspirado en la localidad zaragozana del mismo nombre.
Antes de la despedida, el grupo ha querido agradecer públicamente la labor del técnico de sonido Adrián Mored, responsable de que voces e instrumentos hayan sonado con precisión durante toda la mañana. El reconocimiento ha llegado acompañado de un aplauso del público, que se ha sumado así al homenaje a una labor muchas veces discreta pero imprescindible para el desarrollo de este tipo de espectáculos.

El broche lo ha puesto la Jota de la Virgen de Loreto, con música de Fernando Casaus, letras de Roberto Ciria y coreografía de Ana Laplana y Marta Callén. Inspirada en la misa que la agrupación dedica cada diciembre a su patrona, la pieza ha combinado la solemnidad de la ofrenda con la alegría de la celebración popular. Con ella, Estirpe de Aragonia ha vuelto a demostrar la riqueza y diversidad del folclore aragonés, interpretado con el cariño y la dedicación de quienes trabajan para mantener viva una herencia cultural transmitida de generación en generación.